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La mala salud del béisbol cubano

En vísperas de la 51 temporada nacional de béisbol, que arrancó el domingo 27 de noviembre, los fanáticos y los especialistas de la pelota en la isla se enzarzaron en un debate sobre su futuro.

Los más optimistas, una parte de los periodistas deportivos oficiales, quienes al laborar en medios nacionales deben ofrecer un rostro esperanzador, consideran que, a pesar de las derrotas en eventos internacionales, el béisbol cubano goza de buena salud.

Los especialistas del patio opinan que si los triunfos no llegan en racimo, como hace 15 años, es porque a día de hoy, Cuba se enfrenta a equipos rentados con mejor nivel de juego.

Fracasados, mediocres o descartes, pero a fin de cuentas, dicen, son peloteros que dominan el abc técnico-táctico y tienen rigor competitivo.

Justificar las derrotas y buscar culpables donde no los hay siempre ha sido una constante en 52 años de revolución verde olivo. Aquéllos que por su sangre corren bolas y strikes, están que trinan debido a la sobrevaloración y expectativas creadas por los medios estatales acerca de la selección nacional.

No se olvide que en Cuba los amantes de la pelota sufren de desinformación crónica, por falta de conectividad a internet y la escasa divulgación de las mejores ligas profesionales del mundo.

Súmese a eso el espejismo que provocan las estadísticas en las campañas locales. Mire usted, en la ultima temporada 77 bateadores promediaron por encima de 300.

En 2010, en las Grandes Ligas, sin discusión el mejor béisbol del mundo, sólo 23 peloteros batearon por encima del mágico guarismo. Si en 2011 sólo 3 toleteros conectaron más de 20 jonrones, en la pasada temporada, 16 bateadores criollos  superaron esa cifra.

Incluso dos de ellos, José Dariel Abreu y Yoennis Céspedes -quien luego abandonó el país y ahora es pretendido por una veintena de novenas en las Mayores- pegaron 33 vuelacercas, estableciendo una cota nacional.

Las estadísticas de bateo son de espanto. Colectivamente se promedió para 298. El chorro de carreras por juego es desquiciante. Y la poca calidad de la mayoría de los lanzadores es preocupante.

Los defensores de la teoría de que Cuba ha trastabillado, pero nuestro béisbol sigue estando entre los mejores del mundo, se agarran a la hipótesis de que de una u otra forma, siempre ocupamos un lugar en el podio de premiación.

Es una buena manera de engañarse a sí mismo. Ya en el Clásico 2009 obtuvimos un quinto escaño. Y mientras la isla toma parte en torneos internacionales de calidad patética con la crema y nata de sus peloteros, los adversarios, aún siendo rentados, juegan con novenas de quinta categoría.

Los eventos internacionales de béisbol no se respetan porque a  la verdadera pelota de calibre, llámense Grandes Ligas de Estados Unidos, Japón o Corea del Sur, no le interesa esas competencias. El Clásico es un béisbol diplomático y de vitrina para las estrellas que llegan al torneo pasados de peso y fuera de forma.

Vea cómo el triunfalismo exagerado en los medios nacionales nos lleva al autoengaño. De los más de 350 peloteros que han desertado en los últimos veinte años, los que han brillado se pueden contar con los dedos de la mano. Y sobran dedos.

La discusión actual de los especialistas y fanáticos se centra en la estructura que debemos tener para relanzar la pelota cubana. Unos razonan que 17 equipos es una locura.

Otros apoyan la tesis de diseñar un evento con 6 novenas. Es cierto que en la actual serie nacional sobra el 60% de los equipos. Según sus defensores, la solución serían pequeños parches para lograr un equilibrio entre defensa y ofensiva. Pero, ¿un número reducido de novenas mejoraría el actual nivel? No lo creo.

Higinio Vélez, director de la Federación de Béisbol, dijo que en esta temporada se utilizará la pelota Mizuno 200, con menor bote, en sustitución de la Mizuno 150.

Además, se elevará el montículo a 15 pulgadas, tres por encima de la reglamentación internacional, para buscar paridad en el duelo bateo-picheo, que permita a los lanzadores locales alcanzar unas millas extras en sus rectas.

Es cierto que la Mizuno 150 es un misil disfrazado de pelota. Pero, aún con una bola de poco bote, y una tabla de lanzar más elevada, la fiesta de batazos en la pelota nacional continuará.

La razón principal son las pocas armas que poseen la mayoría de los picherts cubanos. Rectas y sliders. Y para de contar. Encontrar un lanzador como Yadier Pedroso con un tenedor de nivel y un excelente cambio de velocidad es un avis rara.

Por estos lares usted no verá las bolas de nudillos o las rectas cortadas. Mucho menos la split finger. A ello se suma que la mala calidad de los terrenos provoca numerosos errores en la defensa de campo.

El béisbol cubano tiene que cambiar, pero no de arriba abajo, sino a la inversa. Desde hace dos décadas, jugar pelota en Cuba dejó de ser un  placer. Olvídese de la época en que la industria deportiva local confeccionaba guantes, pelotas y bates en cantidades industriales.

Ahora mismo en La Habana cerca de 50 terrenos de pelota han desaparecido. Y en otros se practica fútbol, un deporte sin la historia del béisbol, pero que cuenta con el visto bueno del Estado y tiene 4 emisiones televisivas donde se refleja lo que acontece en las ligas de Europa y América del Sur.

Que está bien. Pero a la pelota profesional no se le dedica una línea. Los niños que en este siglo 21 practican béisbol en Cuba es gracias al sacrificio de sus padres.

Éstos tienen que comprar en moneda dura guantes, pelotas, spikes y bates de aluminio. Y a qué precios. Una pelota cuesta entre 3 y 6 pesos convertibles. Un guante de calidad más de 30. Y un bate de aluminio para las primeras edades sobrepasa los 50 cuc.

Es en la base donde se nota al vuelo que el béisbol cubano anda cuesta abajo. Los torneos infantiles y juveniles son casi fantasmas. La prensa nacional apenas le da cobertura. Juegan 36 partidos en terrenos desnivelados y pedregosos. Se desplazan en vehículos inadecuados y meriendan lo que sus padres sean capaces de proporcionarles. Amén que compiten con las gradas vacías.

Si al relevo sigue sin prestársele atención, a la vuelta de diez años el béisbol cubano seguirá en picada. El mal de fondo de la pelota no es si Alfonso Urquiola o Rey Vicente Anglada dirigen la selección nacional. Es de estructura.

La solución al problema parece simple. Por el embargo, no es posible autorizar a los peloteros a competir y topar en ligas profesionales en Estados Unidos.

Pero si deseamos subir el nivel se debe consentir que Japón, Corea del Sur o México contraten jugadores cubanos. Así y todo, eso solo no catapultaría a la pelota local a los lugares cimeros que desea su afición.

También debemos reciclarnos en materias técnicas y de estrategias. Aunque, para empezar, se debiese abrir el portón.

Iván García

Video: Baseball in Cuba, colgado en You Tube el 14 de octubre de 2010 por AvidEditorAllan, está narrado en inglés, pero no hace falta dominar ese idioma para entenderlo.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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