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La Haya tiene juicios ciertos pendientes

La Corte Penal Internacional, en La Haya, tiene ciertos juicios pendientes. Un buen número de criminales de diferentes países, autócratas que desprecian olímpicamente los derechos humanos y canallas o terroristas nacionalistas andan evadiendo la justicia.

Es bueno que el ex líder serbio Slobodan Milosevic y su pandilla de sicarios como Ratko Mladic hayan sido, o sean, juzgados en el supremo planetario con asiento en Holanda.

Aplaudo que con el dinero del contribuyente se paguen a fiscales y jueces que investigan crímenes de guerra y  asesinatos o exterminios de Estado. Es una pena que el dictador libio Muamar Gadafi no se hubiese sentado en el banquillo de los acusados por la extensa lista de actos vandálicos e incitación al odio y la matanza.

Gadafi, ya se sabe, no sólo iba a barrer con todo vestigio humano en Bengasi. También aniquiló con metralla de Kalashnikov a opositores y civiles indefensos fuera de su territorio.

Este cruel tirano fue uno, entre otros, de los culpables de las horrendas matanzas ocurridas en los años 90 en Sierra de Leona, durante la guerra civil que causó casi un millón de muertos.

Además, en pleno vuelo hizo explotar una aeronave de Pan Am que en diciembre de 1988 sobrevolaba Escocia, causando la muerte a 270 personas. En nombre de la revolución mundial, Gadafi preparó en suelo libio a soldados, casi niños, que tomaron parte en el conflicto de Sierra Leona.

También enseñó el uso de explosivos a fanáticos, al estilo del venezolano Ilich Ramírez, alias Carlos el Chacal, juzgado en París, y encarcelado de por vida por sus atentados terroristas en Francia. El linchamiento a sangre fría por parte de los insurgentes del Consejo Nacional de Transición, impidió ver al autor de El Libro Verde en una instancia mundial donde se le juzgara por sus atrocidades.

Pero la lista de los que deben sentarse en el banquillo de los acusados de La Haya es más extensa.

Ahora mismo, al legendario traficante de armas ruso Viktor Bout, se le abrió un proceso en Estados Unidos, después de ser pillado en una trama montada por los servicios especiales estadounidenses cuando el ruso suponía que estaba vendiendo armas a la FARC colombianas.

La figura de este ‘señor de la guerra’, fue la inspiración para el guión del filme Lord of War (2005) interpretado por Nicolas Cage. Bout debe ir por muchos años a la cárcel, pero no debe pasarse por alto sus ventas de armas a destajo a los bandos enfrentados en las guerras que asolan el continente africano.

Detrás de estos personajes al estilo de Gadafi o los traficantes de armas, está el contubernio a conveniencia de los centros de poder mundial. Si se quiere que haya justicia real, a la luz deben salir los manejos turbios en las alcantarillas estatales por parte de naciones que inflan pecho a favor de la democracia como Estados Unidos, Gran Bretaña, España o Francia.

No es menos cierto que hay un doble rasero para evaluar a los canallas, terroristas y dictadores. Fidel Castro es un autócrata que desde hace cinco décadas viola los derechos políticos e individuales de su pueblo, y algún día debiese ser juzgado.

Pero al igual que Cuba, Corea del Norte, China, Viet Nam, Rusia o Arabia Saudita están lejos de ejercer sus gobiernos  democráticamente. Todo lo contrario.

En la Rusia de Medvedev se ha llegado al colmo de dejar paralítico, en un sillón de ruedas, a un famoso reportero de la televisión. Por el ‘delito’ de investigar y condenar los enredados manejos en la construcción de una carretera aledaña a Moscú que dañaba el medio ambiente. A modo de consuelo, el propio gobierno ruso le ofrece un premio, con dinero convoyado.

Sucede que los centros de poder mundial, por interés económico o geopolítico, actúan según les convenga. China es la factoría del mundo y el mayor mercado potencial, por tanto, el Congreso de Estados Unidos le da el trato de ‘nación favorecida’, soslayando la explotación laboral, el acoso a la oposición y la destrucción del medio ambiente.

También los estadistas de las potencias mundiales montan sus guerras a conveniencia. La de Irak fue una de ellas. Bush hijo disparó el gatillo con el pretexto de armas nucleares en poder del dictador Saddam Hussein.

A día de hoy, nadie ha encontrado tales armas. Por supuesto, a regímenes totalitarios como el de Irán no se les debe permitir la tenencia de armamento nuclear. Se sabe que lo utilizarían de manera irresponsable.

Pero toda guerra tiene sus consecuencias. Y los inocentes siempre son las principales víctimas. Debiese ser la última opción. No la primera.  Por tanto, quien haga mal uso del derecho a las guerras debiese sentarse también en el banquillo de los acusados de La Haya.

Hablo de George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar, el triunvirato que desencadenó la guerra de Irak en 2003. Paz sí, pero con justicia para todos. No sólo para algunos.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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