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La Habana y el Movimiento San Isidro

La Habana y el Movimiento San Isidro

San Isidro no es un barrio acogedor. El setenta por ciento de las viviendas, construidas a finales del siglo XIX y principios del XX, presentan un aspecto horroroso: o están apuntaladas o por un milagro de la física se mantienen en pie. Es un lugar donde se funden la pobreza y las religiones afrocubanas. Cuna de la prostitución, proxenetismo y negocios por debajo de la mesa, en San Isidro se vende y se compra de todo, ilegalmente: leche en polvo robada de un almacén del puerto, arroz vietnamita sustraído de una bodega o carne de res de una vaca descuartizada en las afuera de La Habana.

La policía nunca ve nada. O no quiere ver. En estas barriadas mayoritariamente pobres y mestizas casi todo estaba permitido. Excepto la disidencia política. No por lealtad a un régimen que solo ofrece promesas. Esta gente hace rato dejó de creer en el socialismo de fábula presentado en los noticieros de la televisión cubana.

Eduardo, un negro obeso con el cuello repleto de cadenas doradas, nacido y criado en San Isidro, lo resume en una frase: “Los disidentes ponen malo el picao”. Atraen escuadras de agentes de la Seguridad del Estado y un control policial excesivo que interfieren en sus negocios clandestinos. Pero Luis Manuel Otero Alcántara no es un disidente de salón. Conoce el paño. Nació en El Pilar, un barrio del municipio Cerro, a poco más de dos kilómetros de San Isidro, y donde también se venden drogas y apostar a la bolita (lotería ilegal) es un deporte nacional.

Luis Manuel, artista visual, desde hace cinco años reside en una casona de puntal alto en el corazón de San Isidro, muy cerca de la bahía habanera. La disidencia, excepto contados casos, se había enfocado hacia el exterior. Ruedas de prensa con los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba, tertulias en Radio Martí y lanzamiento de documentos que la población desconocía. Fueron activistas de la Alianza Democrática Oriental, en el oriente de la isla, liderados por Rolando Rodríguez Lobaina, o UNPACU (Unión Patriótica de Cuba), de José Daniel Ferrer García, los primeros que intentaron insertarse en su comunidad. Pero sin la popularidad de Luis Manuel, un mulato que conoce los códigos de los barrios duros de La Habana subterránea.

Muchos de los performance de Otero tienen como protagonista a las personas de su entorno. Lecturas de poesías o una fiesta con rumba de cajón. Hace poco me dijo que pensaba organizar una cena navideña en plena calle para el vecindario. Cuando usted llega a la cuadra donde reside y pregunta por él, la gente te mira de arriba abajo como si te estuvieran escaneando. Si pasas su particular detector de chivatos y policías, entonces te dan información. En muy pocos barrios de Cuba los vecinos están al tanto de la labor que despliegan los disidentes.

La semana pasada, una vecina, cuando entró en confianza, me contó de manera gráfica sobre la detención de una docena de activistas. Me llamó para un rincón apartado y me dijo: “Este gente (se refiere a agentes de la Seguridad del Estado) han puesto cámaras frente a la casa de Luisma”, como es conocido. Me describió la presencia policial en la zona. “Es por gusto, la mayoría estamos con Luisma. Han venido oficiales de la Seguridad para que le hagamos un acto de repudio, pero nos negamos. Han tenido que buscar personas de otros barrios. Siempre hay uno o dos chivatos que se prestan para eso. Aquí la mayoría apoya a los muchachos. Son como nosotros”.

Esa es una de las claves de por qué el Movimiento de San Isidro (MSI) un grupo variopinto de casi un centenar de artistas, curadores de arte, DJ, reguetoneros, raperos, periodistas y poetas que se han organizado para reclamar democracia, libertad de expresión y respeto por los derechos humanos. Luis Manuel Otero ha perdido la cuenta de las veces que ha sido detenido por la policía política. La última vez, unos meses atrás, lo enviaron a la prision de Valle Grande, en las afueras de la capital y estuvo a punto de ser enjuiciado. La presión internacional y la campaña desplegada en las redes sociales por el Movimiento San Isidro, disidentes y periodistas independientes fue un factor fundamental para que las autoridades lo excarcelaran.

Lejos de amedrentarse, Luis Manuel redobló su activismo comunitario y subió la parada. A raíz de la detención de Denis Solís, músico miembro del MSI, integrantes del movimiento iniciaron una protesta en las afueras de la unidad policial ubicada en Cuba y Chacón, Habana Vieja, reclamando su libertad. Anamely Ramos contaba a Diario de Cuba que a Solís “se lo llevaron al Vivac (centro de detención al sur de la ciudad), pero que sobre el caso debía averiguar en Cuba y Chacón. Allí me dijeron que él estaba siendo procesado por una causa de desacato. El oficial que me atendió, me enseñó una ficha policial con su foto y me dijo que le habían hecho ya el juicio, por lo que estaba esperando la sentencia. Me asombré muchísimo y le dije cómo era posible que le hubieran celebrado un juicio en solo tres días, si él estaba incomunicado y no pudo llamar a su familia, por lo tanto, no pudo contratar un abogado. El oficial me dijo que era posible que le hubieran hecho un juicio sumario y me dio la información del caso”.

Desde Estados Unidos, donde vive como refugiada política, la abogada independiente Laritza Diversent declaró que en caso de que se haya realizado un juicio sumario contra Denis Solís, la sentencia ya debe haber sido dictada, pues en ese tipo de proceso se dicta de forma oral al finalizar el juicio.

Este proceso contra Solís generó el apoyo inmediato del MSI. Varios activistas, entre ellos Luis Manuel Otero, Omara Ruiz Urquiola, Anamely Ramos, el rapero Maykel Castillo e Iliana Hernández, fueron detenidos y sus móviles interrumpidos. Otero expresó que no se iráía de las inmediaciones de la unidad policial “hasta que suelten a Denis. Si se meten con uno, se meten con todos”.

Posteriormente, cuando se supo que Solís fue condenado a ocho meses de privación de libertad por el supuesto delito de desacato, Luis Manuel y doce activistas iniciaron una huelga de hambre en la sede del Movimiento San Isidro, acción que ha desatado mucha vigilancia y represión por la zona.

Iván García

Foto: Bandera cubana ondea frente a la sede del Movimiento San Isidro, situada en la Habana Vieja. Tomada de Diario de Cuba.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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