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La Habana: Navidades a la carta

El primer lunes de diciembre, Normando, dueño de un restaurante privado de diez mesas en la barriada de La Víbora, se encontraba sentado al volante de su viejo Chevrolet de 1957.

Aparcado frente al centro comercial de Carlos III, en el corazón de La Habana, esperaba a que su hijo mayor terminara de hacer compras navideñas.

“Ya estamos adquiriendo la comida y turrones para la cena familiar de nochebuena y fin de año. También alimentos para el restaurante. El 24 y 31 de diciembre pensamos ofertar un menú especial a base de pavo y vinos españoles”, comenta Normando de manera pausada.

Desde el primero de diciembre, al igual que cientos de negocios privados en La Habana, Normando decoró su paladar con letreros lumínicos y un gigantesco árbol de Navidad.

Sus dependientes usan un gorro rojo con orlas blancas. Las carpetas de cuero del menú, encargados directamente desde Miami, en letras góticas doradas tienen grabado Merry Christmas.

“Es una pena que no pueda traer pavo y cerdo desde Miami. Hace dos años lo hacía. Pero las nuevas normas aduaneras ahora lo impiden. Espero que con el mejoramiento de las relaciones entre ambos países se vuelva autorizar la importación de alimentos desde la Florida”, acota Normando.

En las últimas dos décadas, Cuba ha pasado de las absurdas prohibiciones a las aperturas razonables. Si en 1989 Rubén celebró sus navidades de manera casi clandestina y en los mercados no se ofertaban turrones españoles ni sidra, tras la visita del Papa Juan Pablo II en 1998, el régimen de los hermanos Castro situó de nuevo la Nochebuena en el calendario y declaró feriado el 25 de diciembre.

Antes de los años 80 fue peor aún. Inducido por su delirio de producir 10 millones de toneladas de azúcar en 1970, Fidel Castro prohibió las fiestas navideñas.

Cero turrones ni lechón o pavo asado. Adiós a Santa Claus y los regalos. Ofelia, ama de casa de 81 años, recuerda que en la madrugada armaban su pequeño árbol de navidad.

“Lo poníamos en el cuarto para que las luces no nos delatara ante la gente del CDR. El olor del puerco asándose siempre despertaba recelo. Pero se justificaba con las celebraciones del primero de enero, día en que triunfó la revolución”, cuenta Ofelia.

Ha llovido mucho desde entonces. En aquella etapa, por enviar cartas a un amigo del exilio te abrían un expediente punible, escuchar a los Beatles era delito o ponerse un jean te señalaba como una persona con trastornos ideológicos.

En 2014, los cubanos pueden hacer turismo en su propio país, navegar por internet (aunque a precio de escándalo), celebrar la Navidad y asistir a la Misa del Gallo en un templo católico.

También es de buen gusto gastar moneda dura. Cuanto más mejor. Como los salarios de risa que paga el Estado no permiten la fiebre consumista y el rígido modelo financiero cubano no autoriza la venta por créditos, la autocracia criolla ha implementado una industria dedicada a ordeñar como terneros a los parientes de Miami.

En plena etapa navideña, esa industria funciona a todo gas. Desde recargar móviles en la Isla, comprar regalos o electrodomésticos con un marketing agresivo, para que los cubanos radicados al otro lado del Estrecho pasen las navidades junto a sus parientes pobres en Cuba.

“El gobierno se piensa que somos dólares con piernas. Han creado mecanismos para enviar dinero y hasta muebles directo a Cuba. De gusanos pasamos a ser mariposa. Ahora somos clave para mantener a flote la desastrosa economía nacional”, señala un cubano residente en Coral Gables de visita en La Habana.

Según Orquidea, especialista eb venta de una empresa turística, “hay un conjunto de opciones navideñas que se implementan pensando que sean costeadas por los familiares radicados en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos. Se recurre a la nostalgia. El año pasado, por ejemplo, realizamos una cena de fin de año en hoteles y la Plaza de la Catedral a 150 dólares, previendo que los cubanos que acuden son sufragados por sus parientes en el exterior”.

Para muchos cubanos de a pie, el nuevo rostro de glamour y lujo que intenta enmascarar una pobreza socializada, resulta indignante.

“Cuando uno lee que 16 chefs españoles distinguidos con 20 estrellas Michelin en la cadena de hoteles de Gaviota (empresa militar), ofrecerán cenas hasta octubre de 2015 y los cubiertos cuestan 225 dólares, uno se pregunta qué queda de aquellas promesas de Fidel Castro de instaurar una revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes”, se pregunta Ricardo, un anciano jubilado que participó en la guerra civil de Angola y ahora sobrevive vendiendo cigarrillos sueltos en la Calzada de 10 de Octubre.

En este mes La Habana está partida en dos. Aquéllos que reciben dólares desde Miami o son dueños de negocios privados prósperos ya hacen sus compras de turrones, pavos, piernas de cerdo, sidras y cervezas para la Nochebuena.

Otros, que no tienen parientes en la Florida y viven de salarios que no sobrepasan los 20 dólares, hacen colectas familiares para adquirir una pierna de cerdo y ron peleón.
Las Navidades regresaron y nadie quiere quedarse atrás. Aunque siempre hubo un grupo selecto de mandarines que nunca dejó de festejarlas. Incluso en los peores momentos.

Iván García

Foto: Mesa de Navidad de una familia cubana residente en la barriada habanera del Nuevo Vedado. Tomada del blog Cuba Material.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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