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La guerra silenciosa de los cubanos

La guerra silenciosa de los cubanos

La joven empleada que recoge los pedidos para reparar equipos electrodomésticos bosteza. Se estira en la silla de hierro. Aparta la revista y el bolígrafo con el que rellenaba un crucigrama y busca en su bolso negro el pote del almuerzo. Antes de probar un bocado, se coloca los audífonos para ver una serie pirateada de Neflix en su teléfono móvil.

Una docena de personas que cargan arroceras, ollas eléctricas y batidoras descompuestas comienzan a incomodarse. “Que tipa más descarada. Lleva cuarenta minutos sin atender a nadie y ahora se pone almorzar. Le ronca los timbales”, dice un señor que lleva más de una hora en el taller esperando para que le reparen su freidora.

Una mujer se para en tono desafiante frente a la empleada. Le grita algo. Ella, impasible, pone la comida encima de la mesa. Se quita los audífonos y con una mirada asesina intenta intimidar al cliente. Lo que suelta por su boca no son flores precisamente:

“Veo tremenda intriga conmigo. Cuál es el problema. Estoy en mi horario de almuerzo. No me calienten, que no atiendo a más nadie ni pinga. Yo no tengo la culpa que los mecánicos me dijeran que no recogiera más pedidos. La que quiera ripiarse conmigo pa’ fuera. Estoy pa’ lío con cualquiera. Me da igual un homenaje que un acto de repudio”, vocifera enfurecida.

Dos trabajadores, detrás de una mampara, observan expectantes como si fuera la final de un cartel olímpico de boxeo. En ese momento entra el administrador del desvencijado taller con la camisa empapada de sudor y un maletín gris en su mano derecha. La secretaria sigue armando jaleo. El jefe la calma y la lleva para su oficina.

Minutos después informa a los clientes: “Compañeros, está muchacha no es la idónea para ocupar esa plaza. Está haciendo un favor. Las recogidas de equipos van a demorar porque no tenemos estaño para soldar. Hay que tener paciencia. Todos sabemos la situación crítica que vive el país”.

La gente estalla. Una mujer grita: “Por eso este país de mierda está como está” . Un hombre comenta: “Si uno paga por la izquierda te venden hasta la virgencita del Cobre”. Una anciana le pregunta al administrador cómo es posible que tengan contratada a una mujer con tan pésimos modales. “Se comporta como una ex presidiaria. Lo peor de este país no es que se está yendo al garete, que ya es preocupante, es que cada día que pasa las personas tienen menos valores”

El administrador, secándose el sudor con un pañuelo, responde: “Es que nadie quiere trabajar ganando dos mil pesos al mes. Por suerte conseguimos a esta muchacha”.

Escenas como ésas son cotidianas en Cuba. En talleres de reparaciones, sucursales bancarias, servicios gastronómicos, hospitales, tiendas u oficinas estatales, para trámites jurídicos o pagar la luz o el teléfono, a diario se observan extensas colas, malos tratos y huelgas de brazos caídos de sus trabajadores.

“Es espantoso. Una guerra silenciosa contra el gobierno, pero que perjudica al pueblo. La semana pasada recorrí ocho bancos, ninguno tenía efectivo en los cajeros automáticos y algunos cajeros estaban rotos. No me quedó más remedio que entrar al banco y hacer cola. Me demoré tres horas, pues de siete cajeras, solo estaba trabajando una. Lo justifican diciendo que la gente está molesta. Pero, ¿y qué culpa tengo yo? Que vayan a la Plaza de la Revolución a quejarse”, opina Guillermo, jubilado.

Hace unos días, fue noticia una cola que comenzaba en las inmediaciones del Mercado de Cuatro Caminos, situado en Monte entre Arroyo y Matadero, que colinda con Centro Habana y terminaba en la Esquina de Tejas, que pertenece al municipio Cerro. Más de diez cuadras en total. Las miles de personas «esperaban entregar el carné de identidad y ser apuntados en una lista que determina qué día pueden ir a comprar dentro de las siguientes dos semanas. Fuera del día que les toque, no pueden comprar, y el día que les cae en suerte, puede que no haya en la tienda lo que necesitan», reportaba el periódico independiente 14ymedio.

Esas colas kilométricas se forman en aquellos establecimientos, como el Mercado Cuatro Caminos, que venden en CUP (pesos) productos que suelen ser ofertados en las tiendas de divisas, conocidas como MLC (se calcula que el 70 por ciento de la población no recibe dólares ni euros del exterior). En la ‘madre de todas las colas’ estuvo Sara, ama de casa. “Fue surrealista. Mucha gente perdió su tiempo, no alcanzó turno para poder comprar en los días señalados. La próxima revuelta va a surgir en una cola, donde todo el tiempo se la pasan hablando mal del gobierno o contando planes para irse del país. Las colas se han convertido en una tribuna abierta contra el sistema”.

Después de seis días de cola, un youtuber habanero mostraba en su canal The Spartan Vlog, lo que por pesos pudo adquirir en Cuatro Caminos. No había pollo ni aceite, pero sí el yogurt que estaba buscando. Una cola puede convertirse en el fósforo que prenda la mecha de un estallido popular.

El régimen lo sabe y por eso, en las Tiendas MLC hay al menos dos o más guardias cuidando la cola. En los establecimientos en CUP sitúan vigilancia cuando venden pollo, aceite o salchichas. «Si es muy grande la fila, el protocolo indica que debes llamar a la policía. No se abre la tienda hasta que uno o dos carros de patrulla policial estén afuera”, cuenta a Diario Las Américas el administrador de un comercio en Diez de Octubre, municipio al sur de la capital.

El régimen insiste en culpar al ‘bloqueo yanqui’ del desabastecimiento. Pero ese relato cada vez cuela menos entre los cubanos de a pie. Fermín, militar retirado, no cree que “el bloqueo sea el culpable de que no haya azúcar, carne de puerco o pescado. No sé que tienen que ver los gringos con no haya agua en mi edificio hace cinco días, las calles no se asfalten hace más de cuarenta años y la agricultura cada vez produzca menos”.

Desde hace tres años, para frenar el auge del descontento social, los gobernantes promulgan un decreto tras otro con el objetivo de blindarse en el poder. Erasmo, abogado, hace un rápido respaso:

“Se aprobaron los decretos leyes 370 y 35 para castigar las quejas ciudadanas en redes sociales. Está a punto de aprobarse un nuevo Código Penal que ampliará las sanciones a los delitos políticos y económicos. Publicitan el cacareado Códigos de las Familias con el objetivo de aparentar liberalidad y modernidad, pero en silencio promulgan leyes que les otorgan mayores prerrogativas al Estado. Esas disposiciones se aprueban sin consultar al pueblo. Se espera certificar un nuevo decreto que otorga plenos poderes al gobierno, si lo considera un asunto de seguridad nacional, donde te pueden decomisar la propiedad, seas cubano o extranjero. Ese anteproyecto se llama Ley de la Expropiación por Razones de Utilidad Pública o Interés Social. Es una legislación sibilina, abierta a cualquier arbitrariedad institucional”.

La dictadura cubana vive en una realidad paralela. Nada a contracorriente. El mandatario Miguel Díaz-Canel y sus funcionarios practican un neo lenguaje de consignas y falsas promesas que los ciudadanos ni siquiera escuchan. Los colectivos de empresas estatales alardean de récords productivos de alimentos que jamás aterrizan en las mesas de los cubanos. Recientemente, Prodal, una empresa que produce croquetas, embutidos y salchichas, elaboradas con ingredientes de distintas procedencias, divulgaba en las redes sociales un video celebrando el cumplimiento del plan con obreros que gritaban Vivan las salchichas, Vivan los embutidos.

Por si no bastara con ese delirante coro obrero, estudiantes de secundaria y preuniversitario y hasta niños, subían a Tik Tok un poema que al final termina con los presentes diciendo en alta voz y al unísono «Nos vamos pa’Nicaragua». Ni Cantinflas. La opción de un segmento amplio de cubanos para huir del manicomio es emigrar.

En el mes de marzo, 32 mil personas llegaron a la frontera sur de Estados Unidos, informaron autoridades migratorias. Según los pronósticos, más de 155 mil cubanos podrían llegar a EEUU en 2022 huyendo del desastre económico, político y social de la Isla. Una estampida mayor que la del Mariel en 1980.

Iván García

Foto: Un cubano muestra su pasaporte con una visa para viajar a Panamá. Tomada de Cuba Noticias 360.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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