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La fuerte sequía mantiene en tensión a los cubanos

La sequía en Cuba pica y se extiende. Mayo, tradicional mes de lluvias, apenas ha dejado caer uno que otro chubasco de poca intensidad a lo largo y ancho del verde caimán.

El agricultor Delio, todas las mañanas mira al cielo, en espera de una señal que augure fuertes aguaceros. Pero nada. Sólo un sol que revienta piedras y una humedad impertinente que ha traído como consecuencia que árboles frutales y matas de plátanos burros crezcan raquíticas y demoren en madurar.

La aguda sequía ha prendido las alarmas en las autoridades políticas del país. Desde antes, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos entre sus previsiones había dicho que debido al fenómeno climatológico conocido como La Niña, se podrían esperar largos períodos sin lluvias en la isla.

Y así ha sido. Hace 8 años el comportamiento de las lluvias ha estado por debajo de la media histórica. En la provincia de Villa Clara, a 270 kilómetros al este de La Habana, los embalses están a un 45,3% de su capacidad de llenado.

Villa Clara tiene presas y reservorios para 1,012 millones de metros cúbicos de agua. Y están a la mitad. Pero las malas noticias continúan. La provincia tiene prácticamente en estado de quiebra sus fuentes de agua subterráneas. Varios poblados son abastecidos con carros cisternas. Los municipios de Manacas y Santo Domingo son los más críticos.

Pero si Villa Clara, con unos 220 mil habitantes anda mal, ya pueden imaginar La Habana, con más de 2 millones de habitantes. La capital está al borde de una crisis.

Según Orlando, ingeniero hidráulico, de seguir la intensa sequía en los próximos tres meses, y mantenerse el actual ritmo de consumo de agua -que en su distribución se pierde alrededor del 60%-, a finales de año la situación podría convertirse en una auténtica emergencia nacional.

El comportamiento de las lluvias en los últimos 7 años ha sido inestable. La actual sequía es la peor en los últimos 49 años. Desde enero del 2011 se han reajustados los días de entrega de agua potable en algunos barrios de la capital. Los más golpeados son los de Centro Habana, donde siempre han existido zonas donde el agua potable no llega al grifo, y Arroyo Naranjo, el municipio habanero más pobre.

La familia de Lucas, residente en Mantilla, Arroyo Naranjo, es una de las miles que sufren escasez de agua. Cada cuatro días las conductoras estatales distribuyen el líquido.

Cuando usted visita su desvencijada vivienda, por todas partes  observará gran cantidad de tanques plásticos y recipientes de aluminio para almacenar la mayor cantidad posible de agua. “A veces aparece alguna ‘pipa’ (camión cisterna). Pero si queremos llenar las cisternas de edificios y casas, tenemos que pagar hasta 15 pesos convertibles (20 dólares) para que vengan”, dice Lucas. Y mira al cielo, en busca de un nubarrón.

Hasta los cultores de las religiones afrocubanas están preocupados por la brutal sequía. Omar, un babalao de prestigio, piensa que esta prolongada estación seca es un castigo de los orishas. “Quizás sea un mensaje de los dioses. Durante años hemos sido muy negligentes. Entre el deterioro de los acueductos, pérdidas de agua en la distribución y el despilfarro, nunca habíamos asumido con responsabilidad el mantenimiento y valor real del agua, fuente esencial de la vida”.

Lleva razón el babalao. El Estado no le había prestado la debida atención al problema del agua. En La Habana, todas las noches se pierde el 61% del agua potable que se distribuye.

De un tiempo acá, el gobierno ha invertido millones en moneda dura para intentar revertir la situación. Se han sustituido varios kilómetros de tuberías. Pero aún así, el 67% de las redes hidraúlicas está en regular o mal estado técnico.

Para paliar la fuerte sequía en la capital, aceleradamente se ejecutan 14 inversiones. Esto implica tender 22 kilómetros de tuberías a un costo de 9 millones de dólares. Además, se habilita un trasvase de agua desde la conductora El Gato. También se intenta traer agua desde algunos manantiales subterráneos en la nueva provincia de Mayabeque.

Mientras, Omar tira los caracoles y pide a los santos que la lluvia no demore en caer. También el agricultor Delio cada día  implora a la naturaleza, para no perder sus cosechas.

La actual sequía tiene en tensión a las autoridades. Y a la gente, que con ansiedad espera los intensos aguaceros del mes de mayo. Para bañarse en la lluvia. Y pedir tres deseos.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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