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Huracán Irma, autoridades cubanas en pie de guerra
Integrantes de Consejos de Defensa provinciales y municipales de Sancti Spiritus

Huracán Irma, autoridades cubanas en pie de guerra

Luego de caminar más de dos kilómetros por diversos mercados del barrio antiguo de La Habana, Dianelis, 45 años, pudo comprar en un bodegón a tiro de piedra de La Catedral, cuatro botellones de agua mineral de cinco litros.

“Tuve que zapatear toda la Habana Vieja con un calor de mil demonios. Pero al fin pude conseguir botellones de agua mineral, varias latas de sardinas, velas y baterías para el radio. Todo eso pagado en chavitos (cuc), claro”, dice.

Aunque La Habana, al parecer está fuera del radar del poderoso huracán, desde el martes en la mañana miles de personas han tomado por asalto tiendas y mercados en busca de alimentos enlatados, embutidos, galletas, queso y agua mineral.

Los que reciben dólares del otro lado del Estrecho de la Florida o son dueños de rentables negocios privados, además de alimentos, andan a la caza de linternas LED, tablones y clavos con los cuales proteger sus casas de Irma, considerado por los especialistas el más peligroso huracán del presente siglo.

En los parques habaneros con conexiones wifi, auténticos locutorios públicos, se viven escenas diferentes. Lo habitual es que los parientes pobres de la Isla utilicen la aplicación IMO para pedirle a sus familiares de Miami que les recarguen la cuenta del teléfono móvil, internet o por la Western Union les giren un par de billetes de cien dólares, “pa’ ir tirando, que acá la cosa está en candela”.

Por estos días, cuando sus familiares en la Florida están estresados por la llegada del potente huracán Irma, se han intercambiado lo papeles. “Oye no te preocupes. Asegura bien la casa, compra un litro de whisky y trata de quedarte dormido. Tu verás que no va a pasar nada mi’jo, si ustedes se joden allá, por carambola nosotros nos jodemos aquí”, le señalaba una madre a su hijo en la conexión wifi de internet ubicada en el parque Mónaco, al sur de La Habana.

La mayoría de los cubanos, como tienen muy poco que perder, viven a la ligera. Es el Manuel, chofer de ómnibus urbano, que se llegó a un mercado en la barriada de La Víbora, con los bolsillos repletos de monedas doradas de a peso que se roba del cobro del pasaje.

“Todos los días, en la ‘lucha de la guagua’, me busco 200 o 300 cañas”, dice mientras encima del mostrador del mercado cuenta las monedas. “Con ese dinero pude comprar cuatro libras de jamonada especial, a 15 pesos la libra, tres bolsas de yogurt, al mismo precio cada bolsa, y dos paquetes de galletas de sal a 25 pesos cada uno. Con el dinero que me sobra me voy a espantar dos Planchao pa’ esperar a Irma volao como un tren”, indica risueño el chofer habanero.

Mientras en la Florida muchos compatriotas, sensibilizados por el desastre que provocó el huracán Harvey en Houston, esperan nerviosos a Irma y han comprado plantas eléctricas, botas de gomas y herrajes en los Home Depot, y vaciado gasolineras, en este lado del charco, la gente se lo toma con calma.

Por dos razones: pocos en Cuba tienen suficiente dinero para, de su bolsillo, reparar su casa si es dañada por un ciclón u otro desastre natural, tampoco pueden darse el lujo de tener grandes reservas de alimentos, empezando porque  en los desabastecidos mercados locales, sea en moneda dura o el devaluado peso nacional, no hay mucho que comprar.  

En un recorrido por varios mercados habaneros en divisas, Martí Noticias pudo observar estantes completos solo con aceite vegetal, pastas y puré de tomate italiano a precios prohibitivos. “Ya antes del huracán había tremendo desabastecimiento. Por estos días la gente ha acabadp con el agua mineral y el pollo lo compran por cajas”, apunta un dependiente en el mercado del Focsa, Vedado.

Probablemente los furiosos vientos huracanados de Irma causarán más estragos en las provincias orientales y centrales. Aunque no tocará tierra, la enorme estructura del huracán, además de abundantes lluvias, inundaciones y rachas de vientos superiores a los 100 kilómetros por hora, pudiera arrasar con las cosechas de café, cacao o plátanos, entre otros cultivos, y miles de miserables viviendas pueden ser barridas por Irma.

Laureano, un campesino de Imias, provincia de Guantánamo a unos mil kilómetros al este de la capital, cuenta por teléfono que “mi familia y yo, si vemos que la cosa va en serio, al igual que hicimos con Matthew, nos metemos en una cueva. Es la manera más segura de ponerse a salvo. En la cueva tengo guardada carne salada y una botellita de ron”.

Un residente en Baracoa, vía telefónica, relata: “Está lloviendo fuerte y las olas del mar meten miedo. Ya ha habido penetraciones del mar. Esta vez la gente se preparó mejor y guardó sus pertenencias en lugares seguros. Quitaron las tejas del techo de sus casas, que después de Matthew costó trabajo conseguirlas. Algunos se han evacuado en instituciones del Estado o han ido a casas de parientes, vecinos o amigos que tienen viviendas sólidas”.

La Defensa Civil, un apéndice de las fuerzas armadas, quizás sea una de las pocas instituciones estatales que funcionan en Cuba. En una sociedad obediente, acostumbrada a recibir órdenes, las personas suelen acatar con disciplina las orientaciones del Estado Mayor de la Defensa Civil, lo que disminuy al mínimo la posibilidad de muertes durante el paso de un huracán.

“A raíz del ciclón Flora en 1963, donde hubo que lamentar la pérdida de más de dos mil personas, Fidel tomó nota y se crearon mecanismos para proteger mejor a la población, la ganadería e instituciones del Estado”, comenta un funcionario de la Defensa Civil en La Habana.

Como si fuese una inminente invasión enemiga, miles de oficiales sacan del armario sus uniformes verde olivo y activan diversos dispositivos que comienzan en el barrio y se extienden hasta municipios y provincias.

Para prevenir el desastre, ya en las provincias orientales y centrales a más de 700 mil personas se habían trasladado a escuelas, centros deportivos y otros inmuebles estatales.

Según el pronóstico del meteorólogo estrella José Rubiera, las predicciones indican que el ojo del huracán Irma rozará las cayerías de los Jardines del Rey, al norte de la provincia Ciego de Ávila.

“Ya fueron evacuados casi cinco mil turistas extranjeros y nacionales. Ahora mismo el pedraplén que da acceso al cayo está cerrado. Se cortaron los cocos de los cocoteros, se recogieron las tumbonas, sombrillas y kioscos de la playa y se aseguraron los ventanales de los hoteles, tanto en Cayo Coco como en Cayo Guillermo”, explica un empleado.

Yaguajay, municipio de Sancti Spiritus a poco más de 350 kilómetros al este de La Habana, es otra localidad donde Irma puede hacer daño. Liván, cuentapropista, señala que “miles de personas ya fueron evacuadas. Los que vivimos en casas de mampostería, el problema es conseguir alimentos o ‘balitas’ de gas, porque las tiendas y bodegas están pelá”.

Para los cubanos las mayores dificultades tras el paso de un huracán llegan el día después. Días, a veces semanas, sin luz eléctrica y sin poder recibir agua potable. Y aquéllos que pierden sus casas, saben que el Estado demora años en entregarle una nueva.

En una antigua posada reconvertida en albergue destinado a damnificados de diferentes huracanes que perdieron sus viviendas, ubicado en la Calle 11 y 24, Vedado, hay familias que llevan veinte años esperando que el Estado les otorgue una casa.  Escriben cartas al Consejo de Estado y ofrecen entrevistas a la prensa independiente, intentando buscar una solución a sus tragedias. La respuesta gubernamental, cuando la dan, es escueta: deben seguir esperando.

Cada vez que a Cuba se aproxima un ciclón, las autoridades nacionales, provinciales y municipales se visten de verde olivo y se ponen en pie de guerra. Como en sus buenos tiempos hacía el difunto comandante en jefe.

Iván García

Foto: Integrantes de Consejos de Defensa provinciales y municipales de Sancti Spiritus recorren zonas de riesgo en Yaguajay, por donde pudiera pasar el huracán Irma. Tomada del periódico Escambray.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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