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Hasta siempre, Chepe

El economista independiente cubano Oscar Espinosa Chepe, acaba de fallecer en Madrid, a los 72 años. Una antigua enfermedad hepática fue el detonante para que sus signos vitales fueran declinando de manera irreversible.

El viaje a la capital española, en busca de una mejor atención médica, no alteraría el desenlace marcado por el destino. Allí, lejos de su tierra natal y en compañía de su esposa, Miriam Leiva, le ha tocado despedirse de un mundo cada vez más convulso.

Los puntos de vista críticos hacia el gobierno que reflejó en centenares de artículos y enjundiosos análisis económicos, le reportaron acosos, campañas de descrédito, detenciones, actos de repudio y una temporada en la cárcel.

Recuerdo que juntos llegamos a la prisión de Guantánamo a finales del mes de abril de 2003, tras ser condenados a largas penas por nuestras actividades a favor de la democracia. Chepe a 20 años de privación de libertad, y yo a 18 años.

Desde que esposados y bajo fuerte vigilancia, abordamos el ómnibus rumbo a Guantánamo, a más de 900 kilómetros al este de La Habana, eran visibles sus graves problemas de salud. Varias veces durante el trayecto, Chepe necesitó asistencia médica. Tanto fue así que al llegar a la prisión tuvo que ser internado en la sala para reclusos del hospital provincial.

En la travesía apenas pudimos intercambiar unas pocas palabras. Los agentes del Ministerio del Interior nos prohibían hablar, pero las dificultades de Chepe para comunicarse eran notorias. Su estado me hizo  pensar en un desenlace fatal antes de llegar al destino fijado por nuestros verdugos.

En la soledad de la celda de aislamiento me enteré de su ingreso en un hospital de Santiago de Cuba, a los pocos días de haber llegado a Guantánamo. Posteriormente supe que debido a su gravedad, la policía política había decidido trasladarlo a una cárcel en la capital.

Aun así, antes de que le otorgaran una licencia extrapenal por motivos de salud, permaneció casi 19 meses encerrado. Ya en su hogar, su recuperación fue efímera. El impacto del encierro dejó serias huellas que con el tiempo contribuyeron a acelerar su declive.

Sin esperarlo, a mí también me liberaron por motivos de salud, semanas después de que Chepe saliera del hospital del Combinado del Este, la mayor prisión de Cuba situada en las afueras de La Habana.

En mi memoria permanecen las esporádicas conversaciones que sosteníamos sobre diversos temas de la realidad nacional. Tuve el privilegio de disfrutar de sus cualidades como anfitrión, también puedo dar fe de su capacidad para asumir con responsabilidad y entereza los retos impuestos por las circunstancias, y de su indeclinable virtud de no hacer concesiones en lo que creía era lo mejor para el futuro del país.

Entre sus mejores cualidades políticas habría que mencionar su moderación, sus apuestas por los cambios graduales, y su claridad para desmontar las falacias que el régimen articula a golpe de estadísticas falsas y retórica vacía.

No quiero fijar en mis neuronas el hecho de que Oscar Espinosa Chepe retornará a Cuba hecho cenizas. La imagen que he elegido para recordarlo es la de una persona íntegra que no rehuía el debate y que nunca declinó en sus convicciones. La de aquel hombre lánguido e impertérrito que me acompañaba en el ómnibus que nos repartía por diversas prisiones, en la primavera negra de 2003.

Jorge Olivera Castillo

Cubanet, 23 de septiembre de 2013.

Foto: Enriquito de la Osa/Reuters, tomada de El País. Oscar Espinosa Chepe en su apartamento-biblioteca en el municipio habanero de Marianao. Chepe, como era conocido, había nacido el 29 de noviembre de 1940 en la provincia de Cienfuegos y falleció a las 7 de la mañana del lunes 23 de septiembre de 2013, en el Hospital de Cuidados Paliativos de Fuenfría, en la localidad madrileña de Cercedilla, donde se encontraba ingresado desde el 20 de agosto. A España había arribado el 12 de marzo de 2013, junto a su mujer, la periodista independiente Miriam Leiva, luego de que los médicos cubanos descartaran cualquier tipo de tratamiento en la isla. Las primeras atenciones las recibió en los hospitales de Puerta de Hierro y Fuenfría. “Falleció deseando regresar a Cuba y continuar dando todos sus esfuerzos por su patria”, dijo su esposa (TQ).

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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