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Hace 51 años, Fidel Castro acabó con la prensa libre

A partir del 11 de mayo, en mi blog pueden leer el primero de los 24 posts en que he dividido el libro Periodista, nada más. La fecha coincide con el 51 aniversario de un crimen contra la libertad de expresión que tuvo lugar en La Habana, en mayo de 1960: la clausura del Diario de la Marina, periódico que por vez primera circuló en Cuba el 1 de abril de 1844.

No fue un cierre normal y civilizado. Todo lo contrario: primó el vandalismo. Y sin contemplación destrozaron una moderna maquinaria, instalada en 1958 a un costo de 4 millones de dólares. En esta foto se pueden apreciar los daños causados:

Era de esperar el salvajismo. Desde muchos días antes, Fidel Castro, su gobierno revolucionario, y también los comunistas, enemigos acérrimos del Diario de la Marina y su director, José Ignacio ‘Pepín’ Rivero, venían alentando a las ‘masas’ contra los periódicos de propiedad privada que circulaban en la capital.

Y las ‘masas’ habaneras -igual que una vez hicieron las ‘masas’  alemanas, italianas, soviéticas y españolas, arrastradas por sus respectivos dictadores- salieron eufóricas a las calles, a exterminar la libertad de prensa. En esta foto se puede ver la movilización festiva para atacar el Diario de la Marina:

Como ya en distintas ocasiones he contado, procedo de una familia del Partido Socialista Popular, de ideología marxista. Mi primer trabajo, a los 16 años, fue como mecanógrafa de la flor y nata de los comunistas cubanos. Personalmente conocí a varios de los entonces principales líderes, entre ellos a Fidel Castro.

Pero esto no me impide decir hoy que los cubanos cometimos uno de los más grandes errores de nuestras vidas: seguir a ciegas a un hombre que nos deslumbró con su aura maligna. Su carisma la utilizó para habilidosamente manipular y engañar. Desde el periodista Herbert L. Matthews, del New York Times, que lo entrevistó en la Sierra Maestra en 1957, hasta su gente, a la cual hizo promesas que nunca cumplió en los 47 años de su reinado (1959-2006).

Aquellas aguas trajeron estos lodos. Y los culpables de lo que ahora tenemos en Cuba no son los hermanos Castro. Somos nosotros, los cubanos, que sin pensarlo dos veces salimos a la calle a aplaudir, gritar y bailar al ritmo de la última pachanga, la de los barbudos (ya antes habíamos bailado al son de congas de candidatos electorales y presidentes, Batista incluido).

Y éste es uno de los saldos. Falta de libertad de prensa y expresión. Y prohibiciones: para acceder libremente a internet, entrar y salir del país sin permiso estatal o crear un partido político al margen del control gubernamental.

Es lo que pasa cuando las ‘masas’ se dejan llevar por euforias y  personajes ‘famosos’, a veces sin historial, otras con curriculums dudosos, como el del propio Fidel Castro, ex pistolero estudiantil.  Pero como era joven, alto, guapo y carismático (y llegó al poder con 33 años, la edad de Cristo, y encima se le posó una paloma en un hombro), borramos el pasado del comandante y en nuestras puertas pusimos aquellos cartelitos de  ¡Gracias, Fidel!

La realidad en estos 52 años ha demostrado lo caro que nos costó aquel embullo revolucionario. Aquella ceguera colectiva hacia un líder que el 16 abril de 1961 nos prometió una revolución “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. Y lo que hizo fue generalizar la pobreza de un extremo a otra de la isla. Antes de 1959, en La Habana habían algunos barrios marginales: ahora toda la capital es una gran barriada marginal. Con excepción de los lugares destinados a turistas, gobernantes y diplomáticos.

Cada vez que quiso, Fidel Castro publicó sus protestas en las  revistas y periódicos existentes en Cuba. Eso fue antes de que él, apoyado por las ‘masas’, acabara con la prensa libre. Ahora, ningún ciudadano, a no ser él mismo y los voceros oficiales, pueden publicar sus opiniones dentro de la isla. Hay que hacerlo en sitios online a los cuales pocos cubanos pueden acceder.

Como mi libro, que la mayoría de los lectores serán cubanos residentes en otros países y extranjeros interesados en Cuba, que cada vez son menos, por cierto.

Tania Quintero

Fotos: La primera, de la maquinaria destrozada, aparece en Biografía de un crimen, de José Ignacio Rivero. La segunda, de la muchedumbre rumbo al Diario de la Marina, es del libro Contra viento y marea. Memorias de un periodista, del mismo autor.

About admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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