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Fiesta en China

Allá lejos, en una cárcel de la provincia de Laoning , a cientos de kilómetros de su casa de Pekín, el escritor, profesor y periodista Liu Xiaobo percibe ahora que su celda se ha convertido en un espacio más ancho y luminoso. Él escribió hace unos meses que la prisión es el umbral para los hombres que sienten la necesidad de libertad en un país dictatorial. El Premio Nobel de la Paz le ha dado luz y distancia a los muros y a las rejas que lo mantienen encerrado.

El 24 de mayo pasado, cuando entró en prisión a cumplir una condena de 11 años, el intelectual dijo que ya estaba más cerca de esa liberación. Fue acusado de promover un documento -la llamada carta 08- en el que se reclama una reforma política, respeto por los derechos humanos y el final del régimen del partido único en China.

Liu Xiaobo lleva mucho tiempo en ese trabajo silencioso y pacífico. Comenzó en 1989 con una huelga de hambre en solidaridad con las manifestaciones estudiantiles en la plaza de Tiananmén. Su serenidad y su perspicacia lo han convertido en alguien que puede hallar compensaciones y fuerzas en las jornadas en las que el poder totalitario diseña a ciegas una derrota.

Me han contado que cuando en el fondo de una celda se recibe un premio, un reconocimiento, un mensaje de afecto, las paredes se abren y se derriten los cerrojos. Uno tiene cerca a todos los amigos y a la familia, puede identificar a personas lejanas, visitar ciudades y recorrer países. Esa fiesta secreta cambia los finales de los sueños. Y vuelve en la vigilia cada vez que un episodio de la vida carcelaria quiere imponer la amargura o la capitulación.

Dicen que en las ceremonias de entregas y en las reseñas de los medios de prensa, en las cenas y los agasajos públicos que se imaginan en el rigor y el desvelo de las cárceles, los premiados suelen ver a otros seres como protagonistas. A viejos compañeros desaparecidos o a gente joven que todavía no ha pisado el quicio de los primeros pasos de la independencia, según el concepto de Liu Xiaobo.
He leído que el escritor inauguró su celebración con unas lágrimas a la hora en que su esposa, Liu Xia (ahora en prisión domiciliaria), le pudo dar la noticia del premio. Quienes saben de eso me juran que esas lágrimas son de alegría. Que regresan en cualquier momento del día o de la noche. Y son unos asaltos imprevisibles, acompañados por toda la parentela de la esperanza, que llegan a los camastros de los hombres solitarios presos en los umbrales de la libertad.

Raúl Rivero

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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