Desde La Habana

Escala de valores

Vivir en una sociedad donde reina el caos (pese a la excesiva vigilancia), impide determinar qué es lo bueno y lo malo, distinguir el mal mayor del menor. Por ello, es casi imposible prevenir las acciones sociales peligrosas para la comunidad.

Cuando un grupo político determina cuáles conductas han de ser prohibidas de acuerdo a sus intereses hegemónicos, la escala de valores sociales se pierde y comienza a reinar la desorganización. En Cuba, por ejemplo, la sanción penal es más severa por sacrificar una vaca o un caballo, que por cometer un homicidio. Para ilustrar los extremos, el relato de un incidente ocurrido en mi barrio pudiera resultar esclarecedor.

Hace unas semanas, a dos cuadras de mi casa, hubo una fiesta. La calle se llenó de jóvenes bailando. Bulla, alegría, alcohol y quien sabe cuántas cosas más. El bochinche terminó antes de media noche, con alrededor de una treintena de personas apedreando la casa de mi vecina, Katia Vales.

Tras varias llamadas al 106, llegó la policía. Pero ya el tumulto de jóvenes que se había cansado de lanzar piedras y retar a los espectadores, se había marchado. Aterrorizado y estupefacto quedó el vecindario. Al ser conocidos en la zona, varios de los agresores pudieron ser arrestados.

Alguien me preguntó qué castigo yo creía que debieran recibir estos muchachos. Afortunadamente, ningún inquilino de la vivienda apedreada resultó lesionado, y los daños fueron menores: un farol roto y destrozadas las láminas de aluminio que cubrían las ventanas de hierro.

Me puse en el lugar de una jueza. Valoré el hecho, no por los daños materiales provocados, sino por sus posibles consecuencias. ¿Qué hubiese pasado si unos de los moradores, envalentonado, hubiera salido en defensa de su hogar y su familia? Hubiera ocurrido una tragedia, por la furia que tenían aquellos jóvenes.

Respondí que, en caso de ser jueza, los acusaría de escándalo público y por el delito de amenazas. Como sanción preventiva, les impondría trabajo correccional en la agricultura, para que la próxima vez se lo piensen dos veces antes de cometer otro acto vandálico.

Pero me equivoqué en mis predicciones. A los jóvenes les impusieron una multa, un acta de advertencia y… calabaza, calabaza, cada uno para su casa!

Por supuesto, mi escala de valores no coincide con la de las autoridades. Para mí es más importante preservar la tranquilidad ciudadana, que se supone deba ser el fin de primero de la policía revolucionaria.

Pero para ellos es más importante perseguir a los revendedores y negociantes que intentan sobrevivir a la permanente crisis económica que desde hace décadas asfixia a la población. Porque les da la posibilidad de sacar ventajas, gracias a un sistema lacerado por la corrupción. Y porque tal vez sea uno de los objetivos de sus superiores, para evitar el florecimiento de quienes el régimen cataloca como «los nuevos ricos».

Son las consecuencias de vivir en una sociedad, donde priman los intereses políticos de una clase que lucha por perpetuarse en el poder. Mientras, sus gobernados se hunden cada vez más en la miseria, la corrupción, la violencia, la inmoralidad y la desesperanza.

Laritza Diversent

Foto: Johaaaaanna, Flickr

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