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Entre la alegría y la tristeza, cubanos celebran el Día de las Madres

Aunque la tarde nublada presagiaba una lluvia cerrada en la zona sur de La Habana, Marcos se llegó al centro de la ciudad para realizar algunas compras en vísperas del Día de las Madres.

En una tienda estatal en moneda dura compró un robot de cocina rebajado en 43 pesos convertibles para su madre, unas sandalias de cuero a su esposa en 24.70 y una memoria flash de 16 gigabyte para su suegra en el mercado negro, por la que pagó 10 cuc.

“Gasté casi 80 ‘fulas’. El negocio de vender tamales no me va bien, pero fui previsor y un mes antes comencé a guardar fulas (divisas). A ese baro (dinero), súmale que compré un montón de postales para enviar a madres de amigos y parientes, tres ramos de flores amarillas para mi madre, la suegra y mi mujer, y que el domingo 10 de mayo entre un pargo asado, una caja de cerveza y dos o tres botellas de ron, la cuenta rondará los 100 ‘chavitos’”, comenta Marcos, mientras espera un viejo taxi colectivo.

Ricardo, desempleado, solo ha podido comprar cinco postales de a peso en la oficina de correos. “Si puedo vender dos sacos de cemento, compraré un cake a veinte pesos (alrededor de un dólar) que venden en la panadería. Otros años he podido regalar mejores cosas. Pero ahora estoy ‘arrancao’ (sin plata)”.

Por dos cajas de cigarros Hollywood y una lata de leche condesada Nestlé, Yunier, recluso en la cárcel de máxima seguridad Combinado del Este, en las afueras de La Habana, pudo conseguir una llamada telefónica de quince minutos, para hablar el domingo con su madre y sus hermanas.

“Siempre el Día de las Madres falta alguien a la cita. El año pasado mi esposo estaba preso por hurto al carterismo. Ahora es mi hijo, y la hembra más chiquita, que se fue a Italia con su marido. El caso es que nunca la familia está unida”, señala Diana, madre de Yunier.

Por diversas causas, el segundo domingo de mayo, día de armonía y celebración, muchas familias en Cuba no pueden festejarlo reunidos. La emigración es uno de los motivos.

Tipos como Yosvier, paga veinticinco centavos de pesos convertibles el minuto en una casa del barrio donde hay una cabina para llamadas clandestinas al extranjero y puede charlar un par de horas con su madre que reside en Hialeah.

“En 2014 ella pudo venir de visita y toda la familia pudo festejar unida. Este año no ha podido. Mi madre está ahorrando para sacarme del país. En Miami tiene dos trabajos y así puede enviar algunos dólares a mis abuelos y a mí”, cuenta Yosvier.

Para Hiram, el Día de las Madres es una muestra irrefutable del daño antropológico que ha provocado 56 años de autocracia verde olivo en la Isla. “Mi madre y mi hermana se fueron de Cuba como refugiadas políticas y mientras Fidel y Raúl Castro estén en el poder no pueden visitar su patria. Hace once años que no las veo. El Día de las Madres me llaman por teléfono”.

Más duro aún es para Onelio. En la mañana del 10 de mayo irá al Cementerio de Colón, en El Vedado, a ponerle flores a su madre, fallecida de un cáncer agresivo hace dos años.

“Estoy alrededor de una hora hablando en voz baja con ella. Donde quiera que mi madre esté sé que me ayuda y me orienta. Me educó para que fuera una buena persona. Ese día es muy triste para mí”.

Según cuenta la historia, las primeras celebraciones del Día de las Madres se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.

En Noruega se conmemora el segundo domingo de febrero. En Irlanda y Reino Unido el cuarto domingo de cuaresma. En 1914 el presidente estadounidense Woodrow Wilson declaró el segundo domingo de mayo como Día de las Madres, tradición que se internacionalizó en diversas naciones, entre ellas Cuba.

Aunque los historiadores cubanos no se han puesto de acuerdo, se cree que en 1920 el cronista deportivo Víctor Muñoz fue el promotor de que esa fecha también se celebrara en la Isla.

A pesar de los salarios de risa, escasez y penurias diarias, los cubanos festejan el Día de las Madres.
El régimen de Fidel Castro sepultó viejas tradiciones y muchas comidas son un recuerdo lejano, pero la unidad familiar ha sobrevivido al disparate ideológico marxista y la economía de cuartel. Por suerte.

Iván García

Foto: Madre con sus tres hijos en un barrio de La Habana. Tomada de EFE-TUR Viajes.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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