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En tierra de nadie

Para Yamil Domínguez Ramos, 37 años, el 13 de octubre del 2007 fue el día de su mala suerte.

Yamil, un cubano que emigró en el 2000 a Estados Unidos y ciudadano de ese país desde el 2003, cumple una sanción de 10 años en la cárcel de máximo rigor en Cuba, el Combinado del Este, acusado por “tráfico de personas”.

Pero el caso está contaminado. Les cuento su historia. El 12 de octubre de 2007, en plan de turista, Yamil parte de una marina de la Florida con destino a Cancún, México, en su bote de 26 pies de eslora. Una lancha rápida modelo Róbalo, con dos motores fuera de borda y sistema GPS.

Según cuenta Yamil, “pensaba estar un par de días en Cancún y luego tomar un vuelo con destino a La Habana”. El mal tiempo lo obligó a desviar el rumbo hacia la Marina Hemingway, un centro de libre acceso a las embarcaciones de turismo internacional en las afueras de La Habana.

Ahí comenzó  la cacería de bruja de las autoridades cubanas, presionándolo a él y su familia para que reconocieran que venía con intenciones de traficar personas.

Desde que en el 2000 arribó a Estados Unidos,  Yamil había visitado la isla en siete ocasiones. Para ver a su madre y parientes, y porque aquí, había comenzado una relación sentimental con Marleny González, una vecina del edificio donde reside su familia, en la barriada de Miramar.

Tenía planes de casarse con ella. Desde el 2004 había solicitado la visa para que su novia pudiera marcharse a Miami. Y el Consulado de Estados Unidos en La Habana le dio una respuesta satisfactoria el 27 de octubre del 2009, ya estando preso.

Por lo cual flota en el aire una pregunta: ¿qué necesidad tenia Yamil Domínguez, de una salida ilegal de Cuba, y correr el riesgo de ser atrapado?

Yamil no quiere pecar de  inmaculado. “Varias veces pensé sacar a mi novia y familiares de forma clandestina, pero siempre desistía, porque no creía viable poner en riesgo la seguridad mía y la de ellos”.

Hasta donde se sabe, ninguna ley civilizada puede condenarte por pensar un supuesto delito. Yamil es la historia clásica del cubano que triunfa en Estados Unidos. En la isla nunca fue opositor. Formaba parte de esa marea anónima de personas que asisten por puro compromiso a las marchas gubernamentales o a las asambleas del barrio.

Su familia era lo que en Cuba se conoce como “integrada”, o sea, revolucionaria. Políticamente correcta. En su patria laboró en turismo y usó su coche para alquilar de forma ilegal y ganar un puñado de pesos que hiciera su vida más llevadera. Al igual que miles de cubanos, vivía en la frontera de la legalidad.

Pero Yamil deseaba otra cosa. Una sociedad donde prosperar y tener ambiciones no fuera visto como un delito. Y hacia allá marchó. De manera legal y ordenada, luego de haber ganado un sorteo de lotería. En un mes navideño llegó a Miami, con un derroche de luces y consumo que lo sobrecogió.

Comenzó como peón de albañilería, y gracias al nivel educacional alcanzado en Cuba se fue abriendo camino. En el 2007, Yamil era un contratista de nivel. Generaba negocios de varios millones de dólares y ese propio año esperaba ganar un salario de un millón de dólares anuales.

La vida para Yamil era bella. Venía a Cuba cada vez que el amor y la morriña tocaba su corazón. Era su parte débil. La nostalgia. Ese sentimiento que a ratos se convierte en un ladrón que nos roba fuerzas. Vivía a caballo entre La Habana y Miami. Su día de mala suerte fue el 13 de octubre.

“Todos los días pregunto, si esto que me sucede no es una pesadilla. Estuve dos meses en una celda de 2 metros cuadrados y 105 grados F de calor en Villa Marista (sede de la policía política). Fui sancionado a 10 años, en condiciones duras de prisión, donde se me han aplicado diferentes tipos de vejaciones y torturas. Veo a mi familia cada 45 días, a ratos cuando despierto, abro los ojos despacio, pensando que voy a salir del letargo y que estoy en mi casa de la Florida”, cuenta con voz triste Yamil en uno de sus días de visita familiar a la prisión.

Su vida se trocó en un calvario. Por falta de pagos, el banco le embargó su casa en la Florida. Perdió su negocio. Y los gastos en abogados superan los 5 mil dólares. Sucede que para las leyes cubanas, a la hora de pagar, Yamil es un ciudadano norteamericano.

Según la Constitución de la República, la ciudadanía cubana se pierde cuando se adquiere la de otro país. Y el gobierno de Estados Unidos, que es capaz de desatar un conflicto bélico por cualquier estadounidense, en el caso de muchos cubanoamericanos, tiene una posición muy débil. Yamil Domínguez esta en tierra de nadie.

Según un bufete de abogados independientes que dirige el licenciado Wilfredo Vallín, y que han estudiado minuciosamente el expediente levantado por la Fiscalía a Yamil Domínguez, hay un procedimiento deficiente en la instrucción del caso.

Como es habitual en la jurisprudencia en la isla, se parte de que los acusados son culpables desde un inicio y deben demostrar en el curso de la investigación su inocencia.

Además, para este bufete de abogados independientes, está mal aplicada la tipificación del delito. “Lo único que se puede aplicar es entrada ilegal al país, la sanción es de dos años, y no te pueden decomisar el bote”, explica Laritza Diversent, una de las abogadas.

Según Yamil, el juicio fue un circo. El se negó a firmar cualquier documento que lo inculpara y no acepta el decomiso a su bote.

Un exfuncionario del ministerio del interior analizando el caso, dice: “Pudiera parecer subjetivo, pero la clave de todo está en la lancha. Muchos jefazos y generales se desviven por los buenos botes. Que investigue dónde está actualmente la lancha y tendrá respuesta. Es más fácil acusarte 10 años por tráfico de personas, y poder decomisarte el bote, que a 2 años por entrada ilegal, una sanción donde se prevee la devolución de la embarcación cuando salgas de prisión”.

El Consulado de Estados Unidos en Cuba lo visita cada 3 meses y Yamil está insatisfecho con el trato. “Para ahorrar medicamentos me abren los pomos de pastillas, y sólo dejan para una dosis diaria, ellos alegan que no desean tener un conflicto diplomático por los cubanosamericanos presos en la isla”, expresa Domínguez.

Y hacen poco. O no hacen nada. Mientras, Yamil no se queda de brazos cruzados. Ha abierto un blog personal, Injusticia notoria, que lo actualizan su esposa y su hermana. No solo escribe sobre su drama. También redacta notas sobre la vida en prisión, sobre política o sobre Orlando Zapata.

Luego de 2 años y medio en prisión, Yamil Domínguez es un convencido de que su único delito es haber nacido Cuba y haber escogido la opción de emigrar. Cree que por ello está pagando. No hay más.

Iván García

Foto: Marina Hemingway, en La Habana, donde detuvieron a Yamil Domínguez.

Nota: Desde el 14 de abril, Yamil decidió dejar de ingerir alimentos y sólo tomar líquidos, para que su caso deje ser una injusticia notoria.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

One comment

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