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En cada cuadra, siempre hay un ojo que vigila

En la noche del 27 de septiembre, en casi todas las cuadras de La Habana se efectuaron fiestas en conmemoración del 50 aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), organización creada en 1960, fundamentalmente para la vigilancia colectiva de las personas considerados por el régimen como desafectos o contrarrevolucionarios.

En una noche húmeda y con amenaza de lluvia, muchos habaneros salieron a tomar una caldosa elaborada con cabeza de cerdo y unas pocas viandas. Estas celebraciones son muy bien recibidas por los alcohólicos habituales, que encuentran en ellas un buen pretexto para “chuparle el rabo a la jutia” (emborracharse) entre vecinos.

Ni por asomo, en la víspera del medio siglo de los CDR, hubo un júbilo desbordado, como antaño. A pesar de que 5 millones de personas pertenecen formalmente a los comités, hace tiempo que esta organización ha perdido fuelle.

Además de caldosa y cerveza, no faltó lo típico del cubano: se la pasan echan pestes contra el gobierno en sus hogares o con sus amigos, pero en fracciones de segundos se transforman y se ponen a gritar consignas castristas a la mínima señal.

Automáticamente, al cumplir 14 años, cada cubano ingresa en los CDR. Aparte de las guardias nocturnas, en ciertas etapas se han dedicado a  repartir vacunas infantiles, recoger materias prima, repartir bombillas de bajo consumo y neveras chinas, durante la última campaña de ahorro de combustible lanzada por Fidel Castro en el 2005.

Pero la verdadera misión, especial y secreta de los CDR, es tener bajo control a la disidencia interna y a los periodistas independientes. En todas las cuadras, hay un cederista que periódicamente informa de todos los pormenores y estilo de vida de los opositores. También anotan las matrículas de los coches de embajadas o turistas que visitan al “gusano” que  reside en el barrio.

Los miembros de los CDR, junto a los revolucionarios jubilados de la Asociación de Combatientes, son la punta de lanza para contrarrestar las marchas de las Damas de Blanco o posibles disturbios callejeros.

Han sido pieza clave en los actos de repudios, una especie de linchamientos verbales por vez primera realizados en 1980, contra los cubanos que decidían marcharse del país por el puerto del Mariel. Después, se han venido efectúando contra la disidencia local.

Su creación no fue un aporte novedoso de Castro en su duelo de insultos contra los gringos. No. Los CDR son un remedo de organizaciones fascistas de la Alemania de Hitler y las camisas pardas de Mussolini.

Todos los que disienten públicamente en Cuba saben con certeza que siempre hay un par de ojos que vigilan tus pasos y luego informan por teléfono a la Seguridad del Estado.

Con el tiempo uno se acostumbra a sus torpes maniobras de chequeos e injerencias en tu vida privada. Llegan a revisarte tus depósitos de basuras, para ver qué comes o si te bañas con jabones de marca. A ratos dan risa. Casi siempre dan lastima.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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