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Emigrar, el mejor negocio en Cuba

Emigrar, el mejor negocio en Cuba

La terca realidad pudo más que su ingenua ilusión. Siete años antes, Alex, 35 años, vendió la vieja moto MZ fabricada en la extinta Alemania comunista para abrir un negocio familiar de comida criolla, batidos de frutas y entrepanes. Era la época del deshielo entre el régimen autocrático de los hermanos Castro y la administración Obama.

Alex todavía recuerda aquel mediodía del 17 de diciembre de 2014. Estaba preparando el almuerzo cuando la madre le grita: “Alex, ven, parece que pasa algo”. Los canales de la televisión estatal se pusieron en cadena y trasmitieron las alocuciones del general Raúl Castro y posteriormente de Barack Obama.

“Fue algo tremendo. Pensé que comenzaba una nueva era. Imbuido por ese sentimiento de esperanza fue que me decidí a abrir un negocio. Ya desde el 2010 las autoridades habían ampliado las reglas de juego del trabajo por cuenta propia. Pero aun existía demasiada desconfianza. Se pensaba que iba a ser igual que siempre, que el Estado permitía ciertos negocios, bajo un control estricto, y en determinado momento, si consideraban que los cuentapropistas ganaban mucho dinero, lo volvían a prohibir. Creía que el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos marcaba una nueva etapa”, dice Alex.

Esa suspicacia existía entre los dueños de timbiriches que vendían pan con mayonesa y refresco instantáneo, rentaban habitaciones para parejas o utilizaban su automóvil como taxis colectivos. Ellos sabían que el régimen de Fidel Castro siempre fue alérgico a los negocios privados. Los cubanos no habían olvidado que en 1968, con su ‘ofensiva revolucionaria’, Castro terminó de confiscar los últimos emprendimientos familiares. Pero en los 80, la perpetua crisis económica y la raquítica productividad obligó al Estado a permitir algunas iniciativas particulares. Al poco tiempo fueron prohibidas y el Estado decomisó sus negocios y procesó a sus dueños por enriquecimiento ilícito.

El difunto abuelo de Alex lo sufrió en primera persona. “Mi abuelo era dueño de un bar. En 1968 se lo quitaron y no le pagaron ni un peso por la confiscación. Al contrario, lo acusaron de vida disipada y permitir comentarios y chistes contrarrevolucionarios. El interventor le dijo que en un acto de buena voluntad la revolución le iba a permitir seguir trabajando como empleado en el bar que era suyo. En diciembre de 2014 nadie en la familia se acordó de aquella historia”, rememora Alex.

Después del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, muchas personas comenzaron a colgar la bandera de las barras y las estrellas en balcones y vehículos. El optimismo aterrizó entre los cubanos. Alex decidió vender la moto que había traído su padre de la antigua República Democrática Alemana y con ese dinero abrió la cafetería. “A los tres meses creamos una buena clientela. Con las ganancias ampliamos el negocio. Ya para 2015 una serie de trabas impuestas por la ONAT (institución que rige los negocios privados) y el aumento del precio de los alimentos mermaron los beneficios”.

Varios amigos, dueños de negocios, le aconsejaron a Alex que aprovechara, vendiera el negocio y se fuera pa’l carajo. «Unas cuantas personas que conozco vendieron todas sus pertenencias y se largaron a Ecuador para luego entrar a Estados Unidos por la frontera mexicana. Mientras, mis ganancias en 2018 fueron ajustadas. Con la llegada de la pandemia, en marzo de 2020, tras un año y medio sin trabajar, gastamos todos nuestros ahorros», confiesa Alex.

Dueños de pequeños negocios dijeron a Diario Las Américas que el Estado no concedió ayudas financieras a los emprendedores privados. “Nada, ni un centavo. Era el sálvese quien pueda”, afirma Lourdes, propietaria de una peluquería al oeste de La Habana. Gerardo, taxista, explica que “ya antes de la pandemia muchísimos negocios particulares se veían afectados por un grupo de medidas aplicadas por el gobierno para, supuestamente, impedir trampas financieras o falsas declaraciones de impuestos, que obligaban a guardar en el banco el 70 u 80 por ciento del dinero utilizado en el negocio. El Covid fue la gota que colmó el vaso. Hubo negocios más afectados que otros. Los de comida fueron los más perjudicados. Imagínate, en medio de una crisis económica bestial, el precio de los alimentos que se multiplicó y el desabastecimiento obligó a buena de parte de los emprendimientos gastronómicos a cerrar. También los que dependían del turismo se vieron severamente afectados”.

Carlos, economista, considera que fue una tormenta perfecta la que castigó a los negocios particulares. “El primer factor, el más importante desde mi punto de vista, es que al gobierno jamás le ha interesado desarrollar los emprendimientos privados. Se pusieron muchas trabas cuando vieron que en poco tiempo había 600 mil cuentapropistas y la gente dejaba el empleo estatal, muy mal pagado, para irse a trabajar a un negocio privado. Las leyes en Cuba son muy claras con respecto a ese tipo de negocio. En los lineamientos del partido comunista prohíben la acumulación de capital. Se prioriza a la empresa estatal. El gobierno quiere que los negocios particulares sean pequeños, no abran sucursales ni otro tipo de negocio que estorben a las empresas del Estado. A pesar de esas limitaciones, algunos negocios privados fueron muy exitosos. Pero la llegada del coronavirus, junto con las prohibiciones, cero subsidio a los cuentapropistas y la inflación provocada por la tarea ordenamiento son frenos muy poderosos que limitan el florecimiento del trabajo privado”, subraya el economista habanero.

Siete de los diez emprendedores consultados para este artículo, aseguran que mantienen sus negocios funcionando con el objetivo de recaudar dinero para posteriormente emigrar. “No te voy mentir, men, sigo vendiendo comida para ver si antes que acabe el año reúno suficiente dinero para marcharme del país junto a mi familia”, expresa el dueño de una cafetería en la zona antigua de La Habana.

Camila, desarrolladora de software, piensa que algunos programadores que vendían sus productos a empresas extranjeras quizás se han visto menos afectados. «En un mes yo suelo ganar hasta dos mil dólares. Pero viendo el panorama, y la naturaleza del gobierno que abiertamente está contra los negocios privados, el mejor plan es reunir suficiente dinero y emigrar”.

Según Camila, el Estado cubano tiene una estrategia. «Englobar a todos los negocios privados en el nuevo engendro que se han inventado: las MIPYMES (micros, pequeñas o medianas empresas). En mi giro, software, donde estoy en un limbo jurídico, quieren que me enrole y abra una pequeña empresa informática. El plan es controlar este tipo de negocio. Han surgido MIPYMES estatales de informática, algo inédito en el mundo, que no son más que antiguas empresas del gobierno que se acoplan a ese modelo de negocio como una forma de entrar al mercado de desarrollar software que debido al ‘bloqueo’, al ser una entidad del gobierno, no se les permitía. Las MIPYMES que están surgiendo en Cuba o son un fraude o son negocios de poco vuelo que no afectan a los intereses gubernamentales”.

Las MIPYMES en la Isla ya superan las dos mil. Eduardo, dueño de un negocio de elaboración de pizzas, opina que “la gente de la ONAT me insiste para que mi negocio pase a ser una MIPYMES. En Cuba todo está orientado por el gobierno. Y ahora, al parecer, han decidido que todos los cuentapropista tenemos que pertenecer a MIPYMES. Nuestra opinión no importa”.

Alex, está convencido que con el actual modelo político y económico es imposible una auténtica autonomía de los negocios particulares. “Es una puesta en escena, para intentar parecer liberales. Pero en realidad, los emprendimientos privados en este país están diseñados para que no progresen. No tenemos un marco jurídico independiente y las reglas de juego que dicta el Estado jamás van a favorecer a los negocios particulares”.

Por ese motivo, Alex vendió la casa de sus padres donde funcionaba la cafetería de comida criollas. Está convencido que, ahora mismo, el mejor negocio en Cuba es emigrar. Mientras más rápido, mejor.

Iván García

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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