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El turno de Trinidad

Está  por ver, si en el último cambio de muebles ejecutivos, realizado por el presidente español José Luís Rodríguez Zapatero, la nueva ministra de exteriores Trinidad Jiménez (Málaga, 1962), continúa la política trazada desde 1982 por el PSOE o intenta otra.

El pecado capital de los políticos españoles, a mi entender, es que pasan de lo sublime a lo ridículo. Del doble blanco al doble nueve. No hay matices. El PP apuesta por el estilo oeste americano: apuntando con pistola a los Castro y gruñendo todo el tiempo como un vecino enfadado.

El PSOE se ilusiona con la idea de que cortejando a los hermanos y dándole la espalda a la oposición, se obtienen mejores resultados. Desde Felipe González, lo único que han sacado en limpio los socialistas españoles es la liberación de presos políticos. Es algo. Pero no lo suficiente.

En su larga etapa de gobierno -y no dudo que con buenas intenciones-, González trató de hacer las veces de político, amigo y psicólogo del comandante único. Se lió con Fidel. Y éste casi siempre lo engañó.

Cuando en las madrugadas habaneras, entre puros Cohíba y ron de caña, Felipe le hablaba de aperturas, reformas y no tomar posiciones numantinas, Castro escuchaba ladinamente. Después tomaría tomaba como suyo aquel eslogan, de que la revolución cubana sería la Numancia del Caribe.
En vuelo de primera de Iberia, el abogado sevillano le envió a Carlos Solchaga, para que aconsejara a los rústicos asesores de la isla en materia de economía capitalista. Castro tomó nota. Y del montón de sugerencias de Solchaga, aplicó las que le dieron oxígeno político y no pusieron en peligro su poder autoritario.

Después al ejecutivo español llegó el poco carismático José María Aznar. Trabajador y serio, saneó las finanzas públicas, pero tenía la pretensión de que el díscolo presidente cubano hiciera cambios políticos y económicos. Durante sus dos mandatos utilizó un discurso crítico y una ofensiva diplomática nada cariñosa con el régimen de La Habana.

Esos métodos resultaron insuficientes para presionar a Castro. Y sucedió lo peor. En esa etapa se rompió el diálogo con España. Me cuenta una fuente bien informada, que era tal la ojeriza del gobierno contra Aznar, que se hizo un pacto entre los jerarcas criollos, de no hacer ningún gesto a futuros presidentes del PP.
Ni con diálogo ni con presiones. O gritando lo que se piensa de los Castro en su cara, los políticos españoles han logrado su deseo, de enrumbar a Cuba por la vía democrática.

Lidiar con autócratas no es nada fácil. Muchos políticos españoles se han propuesto cambiar el status quo en la isla. Por razones históricas y porque en España, Cuba es un tema de interés local.

Ahora le toca el turno a Trinidad Jiménez, la quinta canciller de exteriores de un gobierno socialista. desde Fernando Morán en los años 80. Su antecesor, Miguel Ángel Moratinos, se anotó un gol político importante al negociar la excarcelación de la mayoría de los presos políticos, pero como jugada de sacrificio optó por ningunear a la disidencia cubana.

Veremos cuáles fichas es capaz de mover Jiménez. Una mujer que se salió con la suya. Ya tiene la cartera que soñaba. Ahora intentará culminar con éxito su trabajo. El tema cubano podría ser uno. Quizás el premio gordo. Lo dudo.

Iván García

Foto: Claudio Álvarez, El País

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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