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El poder del símbolo

Es una presencia inmaterial. Un nombre que aparece en todas las cárceles de Cuba desde hace 38 años: Pedro Luis Boitel. El santo y seña que usó en su vida de sólo 21 años el líder estudiantil muerto en la prisión de El Príncipe, tras una huelga de hambre, en mayo de 1972.

Había sido electo presidente de la Asociación de Estudiantes de Ingeniería de la Universidad de la Habana y su enfrentamiento a la dictadura de Fulgencio Batista lo hizo salir al exilio en Venezuela.

A su regreso a Cuba, en 1959, volvió a la Universidad y, unos meses después, fue condenado a 10 años de cárcel porque ya había iniciado su lucha cívica contra la otra dictadura.

Por su rebeldía, por su posición vertical en las galeras y por la esencia misma del régimen, Boitel no fue puesto en libertad cuando cumplió la condena. Ese hecho y las condiciones en que viven los presos políticos, los malos tratos y el ensañamiento de los carceleros, lo llevaron a una huelga de hambre de 53 días y a la muerte.

Todas las generaciones de cubanos que han pasado por el presidio político han mirado y miran para aquella celda donde murió en silencio. Su figura es la fuerza de quienes tienen que pasar por esa franja del infierno. Su nombre tiene un significado para los prisioneros y otro para los verdugos.

Desde la década de los 90, José Luis García Pérez (Antúnez) y su familia, junto a otros prisioneros y ex prisioneros, fundaron la agrupación Presidio Político Pedro Luis Boitel.

Ahora, esa institución recuerda la muerte del líder estudiantil con campañas de homenaje y con trabajos de apoyo a los que siguen en las cárceles (más de 200 cubanos) en condiciones similares a las de los tiempos que tuvo que padecer Boitel.

A esta hora compleja en la que magos de cursos de emergentes, brigadas de simuladores rápidos y ciegos con espejuelos mandados a graduar en las ópticas del Partido Comunista, quieren mostrar un proceso de cambios a la fuerza, es importante no dejar de mirar de frente y seguir la vida diaria de los hombres y mujeres del Presidio Político Pedro Luis Boitel.

Ellos están cerca de quienes más sufren. De los demócratas que salieron a la calle sin disfraces a trabajar pacíficamente por los cambios esenciales y verdaderos. Ellos, que conocen muy bien el color, el olor, la inmensa noche de la cárcel, tienen que tener el respaldo permanente y la credibilidad intacta. Ellos están allí.

Las fechas puntuales y los aniversarios sirven para generalizar el recuerdo. Los presos políticos de Cuba tienen una relación diaria (sobre todo en momentos graves y peligrosos) con el joven dirigente cívico que el 25 de mayo de 1972 se quedó muerto en una celda.

Los carceleros y sus jefes conocen también el símbolo. No han visto su foto, ni han escuchado nunca el testimonio de Clara Abraham, la madre de Boitel. Pero ellos conocen el poder de su nombre.

Esta es una nota escrita para recordar a quienes el gobierno quiere que olvidemos: los presos políticos, la oposición interna, el Presidio Político Pedro Luis Boitel.

Una nota que pasa por la celda de Oscar Elías Biscet y por la de Víctor Rolando Arroyo. Por la de Adolfo Fernández Saínz y Normando Hernández. Por cada rincón de las 300 cárceles de la Isla donde todavía respiran esos hombres.

Raúl Rivero

Cubaencuentro, 23 de mayo de 2008

Foto: Boitel cuando trabajaba como técnico de radio en la CMQ

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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