Desde La Habana

El mundo anda mal

La democracia está cancaneando. Hagamos un repaso.

Veo bien que dictadores sangrientos, que olímpicamente violan las libertades esenciales de sus ciudadanos sean obligados a sentarse en el banquillo de un tribunal internacional que funcione. No el actual, que sólo se queda en intenciones.

La justicia debe ser pareja para todos. De lo contrario no es justicia. Los líderes del primer mundo que infringen la ley también deben ser juzgados. O, al menos, prestar atención y responder a las acusaciones de grupos y movimientos sociales.

A Silvio Berlusconi, el peripatético presidente de Italia, se debe obligar a cumplir los trámites procesales por corrupción de menores. Y si se comprueba que cometió delito, debe ir a la cárcel. Como uno más.

Nadie debe estar por encima de la ley. Si una pandilla juvenil es sancionada con varios años de cárcel por asaltar una gasolinera, igualmente se debe procesar por corrupción a bancarios, gerentes, financieros o presidentes de una nación.

Pero la balanza de la ley está demasiado inclinada. ¿Por qué personajes del mundo de las finanzas, máximos culpables de la actual crisis económica mundial, no están en prisión?

En Estados Unidos, país epicentro de la hecatombe financiera, sólo ha ido tras las rejas Bernard L. Madoff, el inversionista que provocó el mayor defalco en la historia, evaporando por arte de magia cientos de miles de millones de dólares.

Dudo que Madoff haya sido el único culpable de una crisis global que afecta a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Leo con horror, que en vez de castigar a los banqueros culpables, incluso se les premia.

Los financistas que mandaron a casa por mal trabajo, se fueron al paro con primas impresionantes, como para no preocuparse. Y los reemplazantes están ganando más dinero que sus predecesores.

Vaya juerga. Se gastan y derrochan el dinero de ahorristas y pensionistas en tenebrosas movidas especulativas, que resultan puro espejismo, y luego, cuando cunde el pánico y se quedan sin plata, a la carrera van a pedirle dinero al Estado.

Los que causaron el actual desastre económico mundial deben pagar sus errores. El pato no debe recaer en los ciudadanos de Portugal, Irlanda, Grecia y España, entre otros, que lo único que han hecho en sus vidas es trabajar mucho y duro.

Vivan donde vivan, los autócratas tampoco deben sentirse seguros. Que antes de apretar el gatillo o enviar a cárceles húmedas y tenebrosas a personas por pensar diferente, sepan que existe un organismo mundial que está velando por el buen cumplimiento de las normas y los derechos del hombre.

La democracia real debiera involucrar a todos. Naciones grandes y pequeñas. Ricos y pobres. Pero a día de hoy, algunos poderosos están evadiendo las leyes. No es justo.

Iván García

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