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El Estadio del Cerro, peor que nunca a sus 64 años

Cualquier habanero, que se precie de serlo, ha visitado al menos una vez en su vida el viejo estadio de béisbol ubicado en la barriada marginal y mayoritariamente negra de Carraguao, en el Cerro.

El 26 de octubre se cumplen 64 años de la inauguración del Stadium del Cerro. Un domingo de 1946 se efectuó un partido entre los clubes Almendares y Cienfuegos. Por ese entonces, el estadio tenía capacidad para 30 mil fanáticos.

Construído a un costo de 2 millones de pesos y encabezado por el accionista Bobby Maduro, la flamante instalación era sede de la liga invernal que se jugaba en Cuba con cuatro equipos: Almendares, Habana, Marianao y Cienfuegos. Por la grama de la añeja instalación han pasado grandes estrellas del pasatiempo nacional.

Desde el inmortal Martín Dihigo, primer cubano en entrar al Hall de la Fama de Cooperstown, Nueva York, pasando por Orestes Miñoso, Roberto Ortiz -quien conectó  el primer jonrón que se bateó en el estadio-, Camilo Pascual, Luis Tiant, Pedro Fomental, Agapito Mayor, Héctor Rodríguez o el espectacular paracorto Willy Miranda, entre muchos otros.

Numerosos peloteros de Estados Unidos y el Caribe, que luego fueron estrellas en Grandes Ligas, también jugaron en el recinto sagrado del béisbol cubano. El formidable lanzador negro estadounidense Leroy “Satchel” Paige, y el después afamado manager de las Mayores, Tom Lasorda, arrancaron aplausos en el estadio capitalino antes de 1959. Los toleteros gringos Barry Bond y Frank Thomas también pisaron su cesped cuando eran peloteros amateurs.

Pero en el gran estadio no sólo se ha jugado béisbol. En la década del 40 se celebraron partidos de clubes de la liga española de fútbol, como el Atlético de Madrid y el Celta de Vigo, y en los inicios de los 60, del brasileño Botafogo. Allí peleó Joe Louis, el “Bombardero de Detroit”, campeón profesional de los pesados, contra el cubano Omelio Agramonte.
Los mexicanos Silverio Pérez y Armillita realizaron una corrida de toros. Incluso se dio un suceso inaudito, cuando Sonja Heine, famosa patinadora noruega, efectuó su espectáculo sobre el terreno convertido en pista de hielo.

En 1957 fue sede del Festival 50 Años de Música Cubana, con la participación de artistas cubanos residentes en otros países -Antonio Machín fue uno de ellos- e invitados extranjeros como el puertorriqueño Tito Puente y el chileno Lucho Gatica.

En 1960, Fidel Castro le cambió el nombre y le puso Estadio Latinoamericano. Luego, en 1971, a raíz de la celebración en La Habana de un campeonato mundial de béisbol aficionado, se amplió su capacidad a 55 mil espectadores.
El terreno es de pasto natural, mide 325 pies (99 metros) por las bandas, 380 (106 metros) en los ángulos y 400 pies (121 metros) por el mismo jardín central. Es el hogar del equipo Industriales, actual monarca nacional.

Los mejores peloteros de la isla en los últimos 50 años han jugado en la grama del Cerro. Allí  conectaron jonrones siderales el pinareño Luis Giraldo Casanova y su coterráneo Omar Linares, el más destacado beisbolista después de la revolución. También hicieron de las suyas los santiagueros Orestes Kindelán, el mayor jonronero nacional; Antonio Pacheco y el as del montículo Braudilio Vinent. Dos extraclases como Antonio Muñoz y Pedro José Rodríguez, de la antigua provincia Las Villas, escenificaron duelos colosales con lanzadores de primer nivel de Industriales, novena insignia del béisbol criollo.

Los más de 300 peloteros cubanos que han desertado jugaron en el “Latino”. Algunos brillaron sobremanera: Kendry Morales, Orlando “El Duque” Hernández y José Ariel Contreras. A otros les temblaban las piernas al salir al ruedo. El estelar pichert zurdo Aroldis Chapman, que hoy gana millones con los Rojos del Cincinnati, fue bateado con libertad en el recinto capitalino.

En su 64 cumpleaños, el viejo estadio del Cerro está peor que nunca. El terreno tiene mala pinta. Su capacidad de drenar fuertes aguaceros se ha reducido. El techo exhibe condiciones deplorables.


La iluminación artificial es pésima. Varias torres, oxidadas e inútiles, presentan peligro de derrumbe. Desde hace un año, el equipo Industriales no puede jugar de noche. Esto impide que muchos aficionados que trabajan no puedan asistir en horario nocturno a ver al mejor club cubano del último medio siglo.

El Estadio del Cerro no está para tirar cohetes.

Iván García

Foto: judithsweet, Flickr

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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