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El día después

Donato, 67 años, un viejo de ropas raídas que suele vender periódicos por los alrededores de la Plaza Roja de La Víbora, está convencido de que Fidel Castro es cadáver hace rato. Piensa igual Abelardo, 54, ingeniero civil. Según él, “no se le ha informado al pueblo de su muerte, para que no sucedan disturbios”. En Cuba, cada persona tiene su propia versión de la enfermedad del comandante único.

A falta de información veraz, la gente inventa rumores. Carlos, 21, estudiante universitario, ante un grupo de jóvenes escépticos, jura por su madre que leyó una noticia por internet, donde decían que Fidel Castro había entrado en coma profundo. Así sucede en cualquier rincón o esquina de la isla.

Nunca la muerte de un hombre ha despertado tantas expectativas. Cuando en la otra orilla, es decir en la Florida, se desata un rumor, a prisa éste llega a las costas cubanas. Muchas personas tienen familiares en el estado del sol o de forma ilegal ven televisión por cable, y no pocas veces, incluso en plena madrugada, como le ocurrió a Jesús, un obrero de 34 años. Un amigo lo despertó a las 3 de la mañana para decirle, con emoción contenida, “se jodió Fidel, lo vi por el canal 41”.

Son tantas las veces que en Miami han matado a Castro, que en la isla se lo toman con calma. “El día que se muera de verdad no lo voy a creer”, dice Deborah, 29, maestra de primaria. Ya han pasado 3 años y casi 5 meses del 31 de julio de 2006, cuando el ex secretario personal de Castro, Carlos Valenciaga, con voz grave, por la televisión nacional anunció que el Comandante renunciaba al poder por enfermedad.

Desde entonces, los cubanos viven al filo de la navaja. No porque les interese particularmente la salud de su antiguo presidente. No. El punto clave para la mayoría es qué va a pasar cuando muera Castro. Algunos en Cuba dan por sentado que su hermano, el general  Raúl, no emprende reformas esperando la desaparición del patriarca.

No lo creo. Pienso que Raúl Castro no será el Gorbachov caribeño. Los hombres del cambio en Cuba están quizás en el poder, con las máscaras puestas, obedeciendo órdenes con la cabeza baja. Esperando su momento. O caminan de forma anónima por las calles del país. Soy escéptico y no considero que de la oposición cubana salga un líder de valía para el futuro. Casi todos hablan de democracia y aparentan ser demócratas, pero actúan como pequeños caudillos.

Y eso es lo que les preocupa a los cubanos de a pie. El día después de Fidel. Dan por descontado que Raúl es un presidente de transición. Por tanto, la salud y cercana muerte de Fidel Castro, no es un problema de odio personal. Es simplemente descubrir como será el futuro sin el anciano comandante.

Y hasta hay personas que hacen apuestas, como Amador, 43 años, desempleado. Dos años atrás,  junto a doce amigos hizo una porra: el que se acerque o acierte en la fecha de la muerte de Castro, se gana 1,200 pesos cubanos convertibles (unos mil dólares). Amador había predicho que Dios se  iba a llevar a Castro I el 31 de diciembre del 2009. Siente que falta poco. Muy serio, dice que no es nada personal contra Fidel. Es sólo una apuesta. Y él quiere ganar.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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