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EEUU-Cuba: Obama 3, Castro 0

Según Francisco Valido González, 48 años, disidente que trabaja en una cooperativa de ómnibus, en teoría, su asociación puede solicitar un crédito a un banco estadounidense para adquirir autobuses nuevos.

Los buses de su cooperativa tienen más de 200 mil kilómetros recorridos y quince años de explotación. En su estrecho apartamento, a tiro de piedra de la Calzada de Güines, en el municipio San Miguel del Padrón al sureste de La Habana, guarda debajo de la cama donde duerme las piezas automotrices compradas en el mercado informal.

Por el sobreuso de los ómnibus las roturas son constantes. “Casi siempre, entre diez o doce días al mes, tengo que parar por averías”, me decía en diciembre de 2014.

A tono con la hoja de ruta implementada por Barack Obama para ‘empoderar a pequeñas empresas y trabajadores privados’, Valido le escribió una misiva al Ministro de Transporte solicitando una autorización para que su cooperativa pudiese obtener un crédito que le permitiese comprar medio centenar de microbuses nuevos.

Nueve meses después, ha recibido la callada por respuesta. Luego del 17 de diciembre, cuando ambas naciones sorprendieron al mundo con el restablecimiento de relaciones diplomáticas, el estado de opinión de los cubanos de a pie pasó de la expectativa exagerada a la desidia y el pesimismo.

Cientos de dueños de negocios se frotaron las manos con el nuevo panorama que se aproximaba. Noelvis, mecánico en una cooperativa automotriz en la avenida Santa Catalina, hacía planes grandiosos.

Su cooperativa había sido visitada por Thomas Donohue, presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. “Si el gobierno lo aprueba, nuestra cooperativa puede pedir un crédito a un banco de estadounidense y comprar un par de fregadoras de autos y herrajes modernos”, me comentó el pasado mes de marzo.

Seis meses más tarde, Noelvis ya no es tan optimista. “El juego de dominó está trancado. De arriba (el gobierno) no bajan orientaciones. Ni siquiera contestan las propuestas que le presentamos. Silencio total”.

Francisco Valido conduce doce horas diarias un rutero colectivo, y a pesar de ganar 2 mil 500 pesos mensuales (poco más de 100 dólares), para llegar a fin de mes repara calzado a los vecinos del barrio.

En la cooperativa, Noelvis devenga un salario de 2 mil pesos (alrededor de 80 dólares). “Pero no es suficiente. Por el alto costo de la vida en Cuba, se necesitan no menos de 400 dólares mensuales para poder hacer dos comidas diaria y pagar alquiler, luz y teléfono”. Fuera de su horario laboral, arregla viejos autos americanos y soviéticos. Ese dinero extra le permite vivir sin grandes sobresaltos.

David, informático, desde hace tres meses está enredado en trámites burocráticos para abrir en La Habana un cibercafé privado.

“Mi proyecto era comprar doce computadoras con un crédito que mi familia en Miami iba a gestionar con una empresa informática de Estados Unidos. En el café habría un bar. Todo climatizado y con un espacio para descargas nocturnas de músicos de jazz y trovadores. Tendría Wi-Fi y estoy seguro que la gente que se conectan tirados en la acera bajo el sol lo agradecería. Pero ETECSA (única empresa de telecomunicaciones en Cuba) no aceptó”, expresa desilusionado.

Si usted camina por La Habana y charla con emprendedores privados, escuchará historias más o menos parecidas. Incluso las cooperativas, una entidad jurídica surgida bajo el manto del Estado verde olivo, y que teóricamente pueden realizar inversiones mixtas con empresas foráneas, están bajo la lupa gubernamental.

Marino Murillo, el obeso zar de la economía insular, ha expresado cautela en la aprobación de nuevas cooperativas. “De hecho, el gobierno tiró del freno de mano”, dice un cooperativista habanero.

En dos ocasiones, el 17 de diciembre de 2014 y el 18 de septiembre de 2015, Obama ha lanzado un abanico de medidas para desmontar, ladrillo a ladrillo, el codificado embargo financiero y comercial hacia el gobierno de La Habana.

Washinton hace énfasis en la ampliación del servicio de internet, llamadas telefónicas, materiales de construcción y viajes marítimos y aéreos. El interés de la Casa Blanca es favorecer los pequeños negocios y que los cubanos puedan acceder a las nuevas tecnologías.

Pero el Palacio de la Revolución no abre la boca. Taimados, los vetustos gobernantes observan el curso de los acontecimientos sin abrir puertar ni ventanas.

Al régimen comunista solo le interesan los negocios con sus empresas estatales, en un 75 por ciento administradas por militares. Tras nueve meses y medio del nuevo trato entre dos países que vivían su particular Guerra Fría, la cosecha es magra.

IDT, una empresa estadounidense de telecomunicación hace negocios con ETECSA; Airbnb permite rentar desde Estados Unidos casas en Cuba y ha aumentado el número de vuelos y de visitantes estadounidenses a la Isla.

Pero el general Raúl Castro mantiene la talanquera cerrada. No hay una estrategia gubernamental para que los trabajadores privados puedan acceder a créditos o comprar alimentos e insumos en el vecino del Norte.

En el terreno financiero, el campo sigue atascado con la estrafalaria doble moneda que complica cualquier transacción comercial. De manera arbitraria, el régimen implementa una tasa cambiaria artificial al dólar que encarece el gasto de los viajeros estadounidenses.

La única movida en el tablero de ajedrez del gobierno militar es el discurso grandilocuente y pedir sin dar nada a cambio. Emprendedores privados o cooperativista como Francisco Valido creen que es más fácil que nieve en Cuba antes que los Castro abran una puerta o ventana.
Hasta ahora, ni Obama ni el Papa Francisco lo han logrado.

Iván García

Raúl Castro y Barack Obama, durante el encuentro que tuvieron el martes 29 de septiembre de Nueva York. La foto es de Doug Mills y fue tomada de The New York Times.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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