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Disidentes no tienen protagonismo entre los cubanos de a pie

Los cubanos no están tan desinformados como se piensa. Ya se sabe que internet es un lujo. De acuerdo al último informe de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), la banda ancha es casi inexistente, con una penetración de menos del 1 %, y sólo el 3,4 % de los hogares contaba con acceso a internet en 2013.

La franja de cubanos con computadoras es inferior al 15 %. Aunque ETECSA recientemente anunció que el número de usuarios de la telefonía móvil había superado los 3 millones, Cuba sigue estando a la zaga en el continente, al tener solo 17,7 usuarios por cada cien habitantes y no disponer de tecnología 3G ni internet en el celular.

Según el Censo de Población y Viviendas, más del 93% de los hogares tienen uno o más televisores y el 100% poseen radios. El Estado controla con mano de hierro el flujo informativo y la emisora Radio Martí, asentada en Miami y un canal de retroalimentación donde se divulga el panorama opositor en Cuba, tiene una interferencia electrónica que la convierte en inaudible en muchas zonas del país.

Entonces, a vuelo de estadísticas, para los cubanos de café sin leche parece muy complejo informarse. Pero los números ocultan datos. El diablo está en los detalles.

En una encuesta personal entre 50 personas de los dos sexos, en edades comprendidas entre los 17 y 80 años, el 85%, con frecuencia u ocasionalmente tienen acceso a la ilegal antena por cable, alquilan el ‘paquete’, un compendio audiovisual clandestino que circula en Cuba, o han leído artículos de periodistas independientes en Diario de Cuba, El Nuevo Herald y Diario las Américas, que esbozan análisis críticos contra el régimen de Castro.

Cuando usted navega por Facebook se asombra del alto número de cubanos que acceden al muro, a pesar que la hora de internet cuesta un tercio del salario mínimo.

Leyanis, una joven con implantes de silicona en las caderas y pechos, gasta alrededor de 40 cucmensuales en las redes sociales. “Mi salario como tecnóloga en una envasadora de alimentos es de 500 pesos (alrededor de 22 dólares). Pero por la izquierda, al igual que a otros muchos cubanos, se me ‘pega’ un dinero extra. Utilizo mi cuenta de Facebook para contactar con amigos que residen en el exterior. Las noticias de corte político no me interesan”.

Infinidad de jineteras acceden a internet para promocionarse o intentar ligar un extranjero. Cuando usted le pregunta por líderes disidentes o indaga si conocen algún proyecto opositor, responden con una sonrisa forzada.

“¿Antonio Rodiles, Laritza Diversent, Manuel Cuesta Morúa? No sé quiénes son, nunca he escuchado hablar sobre ellos”, admite Camila, prostituta de nivel que asegura cobrar no menos de cien cuc por una noche, posee un iPhone 6, tiene dos ordenadores en casa y se conecta a internet tres veces por semana.

De pasada, como algo difuso, 28 de los 50 encuestados escucharon alguna vez nombrar a las Damas de Blanco, Elizardo Sánchez o Yoani Sánchez. Casi siempre en los términos peyorativos utilizados por la prensa oficial.

Existe una gran contradicción. Cuando usted charla con cualquier cubano, no menos del 80% reconoce que el sistema está agotado. La economía no funciona. Y si pudieran, se marcharían temporal o definitivamente de Cuba. El destino favorito, vaya paradoja, es Estados Unidos, el enemigo durante 56 años de los autócratas verde olivo.

Los opositores con menos glamour, como Hildebrando Chaviano o Yuniel López, elegidos en sus barrios para aspirar a ser delegados municipales del Poder Popular, gracias a su trabajo en la comunidad han creado nexos sólidos con sus vecinos. Activistas de derechos humanos al estilo de Sonia Garro o el periodista independiente Luis Cino son respetados por sus vecinos, pero el temor les hace guardar distancia.

Todavía la disidencia local no ha encontrado la fórmula para interactuar con los atribulados cubanos de a pie. No han conseguido capitalizar el enojo popular.

Es muy fácil evadir el bulto señalando al miedo ciudadano o la represión como culpables de ese distanciamiento. Es cierto, hay miedo y represión. Pero los opositores en la Isla no tienen un medio de comunicación legal que les permita divulgar sus proyectos políticos. Tampoco cuentan con espacios doctrinales en la radio y la televisión.

A partir del 16 de mayo 1938, el Partido Socialista Popular, el partido comunista de entonces, tuvo su propio órgano de prensa. Se llamaba Hoy y exceptuando los años en que fue clausurado por los gobiernos de turno, se imprimió hasta el 3 de octubre de 1965. En los años 40 tuvo también una estación de radio, la 1010 o Mil Diez. Y además de libros, publicaba revistas como Mediodía y Dialéctica.

Ahora los opositores solo disponen de las salas de sus casas para reunirse y cuando deciden realizar una acción pacífica en la calle o en un parque, son reprimidos, golpeados y detenidos.

Mientras los disidentes más notorios viajan por medio mundo y participan en foros y eventos internacionales, en Cuba apenas trascienden y su protagonismo es nulo.

De los 50 encuestados, 46 desconocen la existencia de proyectos disidentes como Hora Ciudadana de Manuel Cuesta Morúa o la Campaña por Otra Cuba liderada por Antonio Rodiles, que exige ratificar los Pactos de la ONU de derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales que el régimen rubricó en 2008.
Ambos proyectos buscan empoderar a la sociedad civil y al cubano de a pie que observa el juego desde las gradas. Pero aún no lo han logrado.

Iván García

Foto: Tomada de Wikipedia. La emisora Mil Diez (Radio 1010), «la emisora del pueblo» fue fundada gracias a una colecta popular de 75 mil pesos. Radicó en la calle Reina 314, en pleno corazón de La Habana. Salió al aire por primera vez el 1 de abril de 1943 y por última vez el 12 de marzo de 1948, cuando fue clausurada por el gobierno de Ramón Grau San Martín. Durante sus cinco años de existencia, no solo fue un vehículo de propaganda del PSP, sino también un medio de difusión cultural. Sirvió de lanzamiento para varios estilos de músicas, como el cuban jazz y el feeling o la difusión del danzón y el tango.

En la Mil Diez actuaron Benny Moré, el Trío Matamoros, Celia Cruz, Bebo Valdés, Olga Guillot, Elena Burke, Omara Portuondo, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Leonel Bravet, Aurora Lincheta, Miguel de Gonzalo, Pepe Reyes, Olga Rivero, Pacho Alonso, Frank Emilio, Barbarito Diez, Myriam Acevedo, Zoila Gálvez, María Cervantes, Alba Marina, Miguelito Valdés, Chano Pozo, Manteca, Orlando Guerra (Cascarita), las orquestas Casino de la Playa y Arcaño y sus Maravillas con Arsenio Rodríguez, Félix Guerrero, Roberto Valdés Arnau y Rey Díaz Calvet, entre otros. El director de la orquesta de la emisora era Enrique González Mantici, mientras y el director musical de Mil Diez era nada menos que Adolfo Guzmán. Entre sus locutores tuvo a dos de los mejores de Cuba: Ibrahim Urbino y Manolo Ortega (Tania Quintero).

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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