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Dieceiséis minutos con Leire Pajín

Es la típica historia de un par de periodistas que no están acreditados. Sabíamos por El Mundo.es que el martes 31 de agosto a las 8 y 45  en un vuelo de Iberia procedente de Madrid, arribaría a La Habana Leire Pajín, la segunda figura política del PSOE, partido gobernante en España.

Con la Pajín viajaban, Elena Valenciano, secretaria de relaciones internacionales del PSOE y la diputada Mariví Monteserín, también socialista. Mi amigo, un reportero español excedente de una televisora y que hace sus pininos como reportero por cuenta propia, tuvo la idea de contactar con un corresponsal que trabaja en una agencia de noticias.

Al estar autorizados por el régimen, los periodistas oficialmente acreditados, tienen acceso al programa que desarrollarán las personalidades de visita en la isla. El hombre cantó detalladamente el itinerario de la Pajín y el hotel donde se hospedaba.

La joven política española, intuíamos, sería inabordable en la Plaza de la Catedral, en la parte vieja de La Habana, donde haría un recorrido con el historiador Eusebio Leal y presumiblemente con algún jerarca del gobierno.

Pensábamos abordarla en la ceremonia del cañonazo. Una ceremonia que se celebra todas las noches a las 9 en punto, en los terrenos aledaños a la Fortaleza San Carlos de La Cabaña, al otro lado de la bahía habanera, y que es visita acostumbrada de los españoles en su paso por Cuba.

Pero ahí, suponíamos, la Pajín estaría rodeada de los molestos y toscos personajes de seguridad. “Al hotel”, se le ocurrió de repente a mi amigo. Y fuimos vestidos para no llamar la atención: con pantalones cortos, el español con una camisa azul claro y yo con una camiseta amarilla de los Lakers.

Con esa pinta de “yuma” (extranjero) y mulato jinetero, entramos con cara de tontos al Hotel Nacional, aparentando que buscábamos el sitio donde vendían tarjetas de internet.

Unos negros inmensos de la seguridad del hotel nos miraban de arriba abajo como si fuésemos dos bichos raros. Pero al rato, al ver las sandeces que hablábamos -yo con habla marginal, le contaba al español la historia del Nacional- pensarían “otro pelmazo que cae en las garras de un jinetero”.

En el patio nos dimos de narices con Leire, Elena y Mariví, con un señor con traje negro y pajarita -qué horror con el calor que hacía- y un tipo recortado de pelo negro con facha de secretario personal.

De forma distendida tomaban mojitos y algún cubata. Al rato se les sumaron unos señores con trajes color crema, a todas luces funcionarios cubanos.

Nos sentamos en una mesa a unos cinco metros de la política ibérica y oteamos el paisaje. Sobraba el personal de seguridad. Para seguir en la cuerda del español tonto que un negro habanero despluma sin piedad, pedimos dos mojitos (5 dólares cada uno)  y un par de cervezas Cristal, a 4 dólares la botella.

La vista desde el patio trasero del Hotel Nacional es fabulosa. Además de una brisa fresca, se observa un amplio panorama del malecón. Esa noche, ante el gardeo de la seguridad y la mesa repleta de personajes no decidimos abordar a la Pajín.

A la tarde siguiente repetimos la escena. Y dimos en el blanco. Leire y Mariví estaban solas, sentadas bajo una sombrilla blanca, recreándose con el paisaje.

Mi amigo ni se lo pensó. Se acercó a la mesa y se presentó. Ellas, algo sorprendida, pero contentas de tropezarse con un paisano informalmente vestido y fuera del protocolo, le pidieron que se sentara.

Yo me quedé cerca observando. No había moros en la costa. El amigo me presentó a Leire Pajín Iraola, nacida en San Sebastián en 1976, más agraciada que otras mujeres dedicadas al mundo de la política.

Le pregunté su opinión sobre los presos políticos cubanos que no desean marcharse de Madrid. En un tono neutro me dijo que “esa era una elección personal de ellos, mientras se busca una solución, esas personas están en su derecho de quejarse por el trato. En España se vive en democracia”.

En ese momento llegó Elena Valenciano y se sumó a la charla. Las tres mujeres del PSOE están convencidas que con esa estrategia se logra más que con una política de confrontación e insultos a los hermanos Castro.

“Logramos liberar a los 52 presos”, señaló orgullosa Pajín. Sentía que debía ser franco. Y lo fui. Expuse que es de aplaudir la jugada de Moratinos, pero de cualquier manera, nada se va a lograr coqueteando con el gobierno. “Los Castro no van a hacer ningún cambio profundo y serio mientras estén en el poder. El problema es que necesitaban oxígeno político”, les dije.

Me escucharon. Elena replicó cortésmente que ella piensa que se avanza por un camino difícil, pero que ya se ven los resultados. Por último, le pregunté a Pajín si en sus conversaciones con funcionarios del régimen se tocaba el tema de las leyes aberrantes que aún están en pie y que permiten al gobierno encarcelarte hasta 28 años por disentir.

La joven estrella de la política española fue concisa. “Hablamos de todos los temas, incluído al que te refieres”, apuntó. Eran cerca de las 8 de la noche y aún no sabían si Raúl Castro o su hermano se reunirían con ellas.

“Ellos suelen mantener a los visitantes en suspenso hasta último momento”, les dije. En ese instante hizo su aparición el tipo bajito y trigueño que hacía de secretario personal, mirando el reloj y apurando el diálogo. La charla duró 16 minutos.

Pajín nos prometió, que si el jueves 2 de septiembre tenía un hueco en su agenda, nos daría una entrevista a fondo. No pudo ser.

Ese día, ella y Elena se reunieron con Raúl Castro. Después, cerca de las 10 de la noche, tuvieron que tomar su vuelo con destino a Madrid.

Desde ya Leire, si vuelves la Habana, recuerda que tenemos pactada una entrevista.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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