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Crucero Adonia entrando a la bahía de La Habana. Tomada de Martí Noticias
Crucero Adonia entrando a la bahía de La Habana. Tomada de Martí Noticias

“Después del crucero, vamos para el desfile de Chanel»

Alberto Cayetano, 76 años, viajó toda la noche desde Jovellanos, provincia Matanzas, 120 kilómetros al este de La Habana, para darle la bienvenida a su hijo de igual nombre que reside en Estados Unidos.

“Salí con mis hijas como a las tres y pico de la madrugada. Llegamos a La Habana al filo de las cinco. Y desde las seis estamos en la Avenida del Puerto esperando al crucero”, cuenta Cayetano, con un sombrero blanco para protegerse del sol y fumando sin parar.

Cuando a las nueve y cuarto de la mañana se dibujó en el horizonte la silueta del crucero Adonia, las lágrimas brotaron en los ojos de Alberto.

“Esto es duro hace 17 años que no lo veo. Gracias a Dios las cosas están cambiando. Lo que está pasando es bueno para los cubanos de aquí y de allá. Viva Cuba”, exclamó el viejo y una multitud de personas que se agolpaban en el parque aledaño a la Lonja del Comercio, empezó a aplaudirlo, rodeado de una nube de periodistas extranjeros.

Cuando la nave atracó a la dársena de la terminal Sierra Maestra en la zona antigua de La Habana, previo a los trámites aduanales, un grupo de pasajeros saludaban a gritos desde el buque.

“Buenos días, Cuba, quiero comer chicharrones y tamales. Soy de Los Ángeles”, rugía un gringo pasado de tragos desde el crucero. “Parece que este tipo no desayunó”, comenta jocosamente una señora que saludaba con una bandera cubana en una mano y la estadounidense en la otra.

El calor era insoportable y el gentío crecía en los alrededores de la terminal de cruceros. Sobre las diez de la mañana, un joven de baja estatura y pasado de peso, envuelto en la bandera de las barras y las estrellas, ofrecía declaraciones a medios internacionales sobre la falta de libertades en Cuba, cuando un grupo de tipos musculosos, a todas luces agentes de la Seguridad del Estado, le ripostaron con el discurso de siempre en defensa de la revolución y criticando en duros términos a la sociedad norteamericana.

“Traidor, mercenario, te pagan cuarenta dólares para que hables esa mierda”, le decía un mulato fornido y algunas personas le pedían que lo tiraran al agua.

A los pocos minutos, una patrulla con el número 855 se llevó esposado al hombre y en su camino al coche policial, fue golpeado e insultado por agentes vestidos de paisano.

Pasada las once y cuarenta y cinco comenzaron a salir los pasajeros del Adonia. Entre los primeros estaba el periodista de Univisión Tony Dandrades que al ser reconocido por la gente, comenzaron a corear su nombre.

“Imagínate, yo vine a entrevistar a los cubanos y termino siendo entrevistado. Gracias de corazón a todos, de verdad que esto es muy emocionante”, expresó el periodista.

Ya en el parque, representantes de cadenas hoteleras, con pancartas azules informaban el número de los buses que los trasladaría al hotel.

Y por supuesto, también entre la muchedumbre de casi un millar de personas estaba la fauna marginal de barrios duros como San Isidro y Belén de la Habana Vieja.

“A mí tanta gente aquí no me cuadra. Yo vendo tabaco por la izquierda, me dijeron que los que vienen en el crucero son’macetas’ (con dinero), ojalá que pueda vender algunas cajas de tabacos, pero con tanto segurosos será difícil”, indicó un joven con un bermuda de mezclilla y un pulóver azul con el águila imperial.

“Creo que esta visita también es el triunfo de los cubanos que viven en Miami, pues con sus protestas obligaron al gobierno a modificar las leyes que les impedían entrar en barco a Cuba», acota Mercedes, que tiene dos hijos en Estados Unidos, «y a lo mejor en un próximo viaje vienen a visitarme», añade.

Dos chicas que tiraban fotos con celulares comentaban entre ellas: “Después del crucero nos vamos para el Paseo del Prado, al desfile de Chanel, a ver qué se nos pega”. Casualmente, a la colección que Karl Lagerfeld preparación para presentar en La Habana la denominó Crucero 2016-2017.

La arribazón de extranjeros a La Habana suele generar beneficios a negocios gastronómicos y hospedajes estales y privados, a vendedores legales o clandestinos y jineteros de los dos sexos.
Aunque la mayor tajada de dólares es para el gobierno.

Iván García
Diario las Américas, 3 de mayo de 2016.

Foto: Crucero Adonia entrando a la bahía de La Habana. Tomada de Martí Noticias.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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