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Desde La Habana: Bin Laden, un filme con final abierto

En Cuba, los medios oficiales han dado las noticias. Como siempre, matizándolas a su manera. Todas las personas con las cuales he hablado en La Habana, aplauden al presidente Barack Obama. Y consideran que con la muerte de Osama Bin Laden al fin se ha hecho justicia.

“Los familiares de las víctimas que perecieron el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y en otros atentados terroristas planeados por Al Qaeda, sienten que sus seres queridos ya pueden descansar en paz”, dijo Mercedes, maestra jubilada de 68 años.

Roberto, 40 años, taxista, piensa que fue un buen golpe. “Esa red terrorista ha sido paciententemente desmantelada por los servicios especiales de Estados Unidos. Pero la violencia y el terror mundial no se van al mar con los restos de Osama”.

En mi opinión, la muerte del saudí deja más interrogantes que respuestas. Las administraciones de la Casa Blanca suelen singularizar el mal en una persona o un grupo de personas.

Tienen la repetida manía de ver las cosas en blanco y negro. También, a ratos, padecen de amnesia. Si queremos que diez años después del atentado contra las Torres Gemelas el mundo sea mejor y, la democracia real deje ser una quimera, debemos empezar por aceptar duras verdades históricas.

En su pulso fratricida sostenido durante 45 años con la URSS, un régimen a todas luces estrafalario y que violaba sin sonrojo libertades esenciales del hombre, unos y otros en pos del triunfo en el terreno ideológico hacían uso del juego sucio.

En nombre del marxismo, los soviéticos hollaron con su bota naciones europeas y asiáticas. Alentaron y apoyaron a bandas, líderes y naciones que como arma usaban la violencia y el terror. Estados Unidos no se quedó atrás.

Durante la criminal agresión rusa a Afganistán, en 1959, el propio Bin Laden en su momento fue “un luchador por la democracia”. En nombre de principios loables como la  democracia y los derechos humanos, Washington recurrió a tipos deleznables para frenar la amenaza roja y mantener la supremacía.

Igualmente se alió con dictadores como Somoza o el clan familiar de los Duvalier, y acudió a atentados o golpes de Estado contra líderes indeseados como Jacobo Arbenz, Patricio Lumumba, Amílcar Cabral o Fidel Castro.

En el caso del barbudo Castro, fracasaron todos los planes de magnicidio. Bajo la bandera de la libertad, Estados Unidos  utilizó a destajo métodos reprobables. Cuando los vientos de la historia barrieron al comunismo soviético, se pudo intentar un camino al diálogo y el consenso con esa parte del mundo blindada y renuente a cambios democráticos.

Pero en Estados Unidos ciertas cuestiones económicas pesan más que la democracia real para un concierto de naciones atrapadas en gobiernos déspotas que cercenan de cuajo con cárcel y fuego a los que reclaman libertades.

Por petróleo o puro negocio, los vecinos del Norte se han hecho de la vista gorda. China es un claro ejemplo de que el discurso democrático es soslayado. Es la gran potencia. Con un mercado de 1,300 millones de presuntos compradores de pacotilla occidental. Y se prefiere embargar y amenazar a tipos díscolos como Fidel Castro, quien geopolíticamente hablando no representa mucho para los intereses norteños.

Claro que a Castro hay que denunciarlo y hacer campaña universal para que democratice a Cuba. Pero, ¿y China o Arabia Saudita? Sucede que esas naciones, regidas por autócratas, partidos únicos o monarquías, son socios económicos de los gringos.

Mientras Estados Unidos no se comprometa a una verdadera cruzada por la democracia, donde anteponga las legítimas causas de los pueblos y no esté calculando si le conviene o no a sus trasnacionales, su empeño de justicia va a fracasar.

Con la llegada al poder de Barack Obama, hombre que admiro, se pensó que la gente sin libertad en todo el planeta podía tener en la patria de Martin Luther King un buen socio.

Pero nada o poco ha cambiado. Para Estados Unidos, hay tiranos buenos y malos. Terroristas amigos y enemigos.

Mario, 61 años, ingeniero, no entiende “cómo los americanos se enfrascaron en una guerra para acabar con terroristas árabes y cierren los ojos ante tipos como Luis Posada Carriles, autor de un atentado en pleno vuelo de un avión civil cubano en 1976 que costó la vida a 73 pasajeros”.

Mario, como la inmensa mayoría de los cubanos, no se caracterizan por el odio. Pero de ese rencor acumulado por ciudadanos de países oprimidos y hacia los cuales Estados Unidos ha mantenido una política de antifaz, emergerán terroristas de nuevo cuño.

Felicito al gobierno de Obama por la muerte de Bin Laden. Con él se cierra un capítulo del terrorismo islamista. Pero ése es un filme que tiene varias partes. Y un final abierto.

Iván García

Foto: European Pressphoto Agency

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

One comment

  1. Antonio Priego

    ¿y antes del 11 de septiembre no existio motivo para que se formara Al Qaeda?, sinceramente veo que todo mundo solo visualiza el inicio de esto a partir del 11 de septiembre, creo que deberia haber un estudio mas a fondo para determinar el motivo del por que estas acciones tanto de estados unidos como de los pueblos musulmanes llamados extremistas, en mi opinion, no creo que este acto hizo justicia, mas bien es un “ojo por ojo, diente por diente” pero, ¿quien fue el primero de los dos que comenzó?

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