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Descansa en paz, Eloísa!

A los 91 años acaba de fallecer en Miami, Eloísa, hermana del poeta y ensayista cubano José Lezama Lima, a quien vemos en esta foto de archivo observando al autor de Paradiso. Los realizadores del blog Desde La Habana hacen llegar su pésame a sus más allegados. Y a modo de homenaje, reproducimos la entrevista que unos días antes de morir le hiciera el crítico literario y novelista José Prats Sariol y el 22 de marzo fuera publicada en Diario de Cuba.

Una visita a Eloísa Lezama Lima

“Ni la UNESCO ni mucho menos el gobierno cubano se han dignado invitarme a sus actos y congresos por el centenario”, comenta con su voz de falsete. “Tampoco Fina García Marruz ha sido capaz de escribirme unas letras, para no hablar de Retamar y otros como Miguel Barnet”, añade con una sonrisa irónica.

Mañana lluviosa de febrero en Miami. Llueve mucho sobre los 91 años de la sobreviviente del coronel y de Rosa, de sus hermanos Rosita y Jocelyn -escrito así, a lo Lamartine. Quizás llueve también en La Habana, donde los chupócteros del erario público se adueñan de la obra y del símbolo que Lezama representa.

En su casa, desde la lucidez lenta, pero precisa que aún la acompaña, conversa con Ariadna  -ahijada de Lezama-, Orlando Rosardi -viejo amigo, poeta, representante de la Academia de la Lengua Española, fotógrafo de la ocasión- y yo, que también veo la lluvia del tiempo sobre lo que nos dice: “Nunca me han pagado derechos por las ediciones cubanas, pero lo peor es cuando tergiversan el ideario de Jocelyn, inventan cuentos, denigran a su esposa María Luisa, niegan que pasó los últimos cinco años de su vida en un cruel ostracismo”.

La conversación con Eloy -como siempre la trató su hermano- va a la correspondencia entre ellos, celosa y profesionalmente guardada en la Cuban Heritage, de la biblioteca de Miami University. Hablamos de su salida del país, en abril de 1961. De la primera carta que Lezama le escribe ese mismo mes, después de Bahía de Cochinos o Playa Girón, pronto hará medio siglo. La lluvia llega a sus ojos, a los nuestros.

Una frase en su letra inclinada y casi críptica parece de hoy: “Quiera Dios que se restablezca la armonía”. ¿Armonía? Eloísa baja la cabeza, quizás recuerda que nunca pudo volver… Ariadna la mueve hacia los lados, Orlando dibuja una mueca escéptica, yo pienso en la impagable división de la familia cubana.

Aprovecho para leer un párrafo de otra de las cartas, fechada también en 1961, donde la palabra inteligencia aparece subrayada: “Encontrarás mis cartas muy vagorosas, apenas hago referencias a lo inmediato. Tu inteligencia te dará los obvios motivos. Además es preferible trascender, irse por encima de las murallas, vivir en dimensión de futuridad”.

La clara alusión de Lezama a la censura, como otras referencias al deterioro del país en las cartas sucesivas, hasta la última el 7 de junio de 1976, indican sin posibilidades de equívoco lo lejano que estuvo siempre de la “revolución”. Los originales que acabo de revisar no mienten, como le comento a Eloísa.

Por ello sorprende que siete años después de su condena a la censura estatal, escriba el tan manipulado artículo El 26 de julio, imagen y posibilidad (1968). Sin la entereza de Virgilio Piñera y de otros muy pocos escritores y artistas, lo cierto es que Lezama hace allí concesiones deplorables.

Sólo una visión hagiográfica podría ocultar estas contradicciones. La mayoría de los cubanos, a lo largo de este medio siglo castrista, hemos resbalado por ilusiones o nos dejamos atrapar por el miedo. Aquel artículo, dos o tres párrafos aislados o el texto a la muerte del Che Guevara, este año del centenario sirven para que demagogos y corifeos de la dictadura traten de montar a Lezama en su herrumbroso vagón.

Leo otra frase desgarradora, de julio y 1961, que nos avergüenza tanto como aquel clamor por la armonía, porque su nostalgia sigue golpeando las ruinas de Cuba: “Ya ves, como siempre, lo cerca que está el sueño del sueño sin sueño”.

Eloísa suspira. Nos mira con las arrugas de un par de zapatos que le mandó a su hermano. Aquellas que a Lezama -dice en un poema- le parecieron “carcajadas de un pescador viejo”.

Tal vez un viejo pescador vea llover en el Malecón habanero, sin delfines ni cuerpo porque tiene un hijo preso y una hija en Nueva York. Muy lejos, ahora cuando nos despedimos de Eloísa y nos pide volver. Para repetir la frase de Lezama hace 49 años: “Quiera Dios que se restablezca la armonía”.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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