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Del Che y su ‘hombre nuevo’

La formación del ‘hombre nuevo’ ha sido una faena estéril en Cuba. Su precursor, Ernesto Che Guevara, estaba convencido de que en la sociedad futura que se construiría en la isla, había que comenzar por diseñar un ser humano de laboratorio.

Soñaba y creía posible el Che, maoísta y revolucionario radical, que la mano dura era necesaria para disciplinar a la población cubana, con fama de divertida y tendencia a la holgazanería, la indisciplina y el choteo.

Según Guevara, a estos criollos dados a fiestas y carnavales, jodedores y machistas, les hacía falta una revolución con una dosis de represión y terror, que permitiera la construcción del socialismo.

El argentino lo intentó. Durante el poco tiempo que fue ministro y hombre importante en la política nacional, además de mandar a fusilar en los amplios y húmedos fosos en la Fortaleza de La Cabaña, impuso el trabajo voluntario, la estimulación moral y otras fórmulas leídas en sus ensayos marxistas.

Hasta que se dio cuenta que fabricar hombres probetas en serie, que fueran monógamos y no movieran las caderas al ritmo de tambores, era una misión imposible en una isla de sol, aguardiente y gozadera. Che tenía una fe a prueba de balas. Pero su amigo Fidel Castro era de otra naturaleza.

El comandante era un pragmático e inflado de ego, un narcisista que en tipos como el Che y la ideología comunista, vio la mejor manera de diseñar un poder duradero y efectivo. Guevara entonces se marchó a lo suyo. A los focos guerrilleros y la formación de máquinas de matar que aniquilaran sin piedad a los americanos en cualquier parte del mundo.

Puso el pellejo y murió, intentando demostrar sus verdades. Eso fue en 1967en la selva boliviana. Después de su caída, se ha convertido en una gran operación de marketing mundial.

Cubano al fin y al cabo, Castro sabía que modificar el alma de los suyos, dados a la santería y a no tomarse las cosas en serio, era un asunto de ilusos. Para dominar durante más de medio siglo, ha usado la moralina, el miedo, las cárceles y una pizca del idealismo.

Del ‘hombre nuevo’ que soñara Che Guevara no queda ni un átomo. Casi todos los cubanos roban cualquier cosa en sus puestos de trabajo, desde un bombillo hasta una hoja de papel. Cuando alguien comienza en un nuevo empleo, no le interesa cuánto salario devengará, sino cuánto podrá sustraer.

Quedan pocos seguidores. En fechas históricas y aniversarios de su muerte, se ponen las máscaras y en los matutinos de sus empresas o en actos públicos, engolan la voz, ponen el piloto automático y hasta se emocionan cuando hablan del Che.

Desde que nacieron, los jóvenes viven bajo el signo de perennes crisis y guerras fantasmas contra los yanquis. Muchos se dedican a la prostitución o el proxenetismo. O son gays en busca de sexo, drogas y con suerte, ligar un extranjero. Los menos, opositores, periodistas independientes o blogueros.

Para estos cansados y descreídos cubanos, el verdadero hombre nuevo, son tipos como Aroldis Chapman, Kendry Morales o Isaac Delgado, quienes supieron aprovecharon la oportunidad y ahora ganan plata. Hablar del ‘hombre nuevo’ es un chiste de mal gusto en la Cuba de 2011.

Iván García

Foto: Tomada del blog Listen Recovery Crew.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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