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Cubanos esperan por una vacuna anti Covid-19

Esta vez el frente frío entró por la mañana. El viento en rachas agitaba las olas del Océano Atlántico que al estrellarse con los arrecifes sobrepasaban el muro del malecón de La Habana hasta alcanzar la avenida. La temperatura comenzó a bajar. En la parada de ómnibus del Parque Maceo, próximo al malecón, Ignacio, 55 años, ingeniero, miraba resignado al cielo encapotado que anunciaba lluvia.

Desde hace tres días padece de una crisis de asma. Por lo general, las personas asmáticas, aprenden a conocer las señales que le envía su cuerpo. Según Ignacio, si no lleva un spray de Salbutamol en su bolsillo, “me comienza a faltar el aire. El aparato de asma es más un amuleto que un medicamento. Me tiene que acompañar donde quiera que vaya”. Pero en determinadas circunstancias, el Salbutamol no alivia el asma.

Los cambios de tiempo suelen exacerbar la enfermedad. “Soy asmático desde que nací. Ya perdí la cuenta de las veces que he estado ingresado. Conozco mi organismo mejor que un alergista. Los asmáticos, hipertensos y personas mayores de 60 años somos los más vulnerables al coronavirus”. En los once meses que dura la pandemia, Ignacio solo ha podido trabajar tres meses. “Al estar más tiempo en casa, he podido cuidarme y no me he contagiado con el Covid-19. Pero económicamente, al pagarme la empresa solo el 60 por ciento de mi salario, el dinero apenas me alcanza para comer y pagar la electricidad. Si no aparece pronto una vacuna, tendré que volver al trabajo y correr el riesgo de contagiarme”.

Como Ignacio, muchos cubanos, se preguntan cuándo las autoridades sanitarias van iniciar una campaña de vacunación masiva contra la pandemia. La exagerada campaña publicitaria de los medios oficiales ha generado falsas expectativas entre la población, considera Daimara, especialista en farmacología que labora en el Centro de Inmunoensayo, al oeste de la capital.

“La cobertura de la prensa ha sido muy complaciente y triunfalista. Es cierto que tenemos un grupo de científicos enfrascados en la elaboración de una vacuna. Pero esas investigaciones se han sobredimensionado por motivos políticos, comerciales u otros que desconozco. No hay transparencia de los dictámenes emitidos después de cada fase de la vacuna. Se oculta la verdad. Y la realidad es que Soberana 01 no ha demostrada la eficacia esperada. Se piensa que con Soberana 02 se puedan obtener mejores resultados. Pero en la ciencia, dos por dos no siempre es cuatro”, explica Daima y añade:

“Para ser un país pobre del Tercer Mundo, tenemos centros de investigaciones médicas y biotecnológicas que no están acordes a nuestra economía y escasos recursos. De esos centros ha salido una gama de productos de primera línea que se exportan. Pero, ojo, no podemos competir en cantidad ni calidad con las grandes empresas biotecnológicas y farmacéuticas del mundo, auténticos monstruos que contratan a la crema y nata de los expertos en diversas ramas del planeta y poseen laboratorios y centros de producción y comercialización de calibre”.

“Entre el personal científico cubano existen diversos criterios. Unos pensaban que la mejor opción, para elaborar la vacuna, era investigar en conjunto con un país desarrollado como China, Corea del Sur o Rusia. Otros creían que los recursos debieron concentrarse en desarrollar un solo candidato vacunal y no cuatro (Soberana 01, Soberana 02, Mambisa y Abdala). Y hay quienes opinaban que era más barato importar las vacunas de China o Rusia, pues por su alto costo las elaboradas en Estados Unidos y Europa son inaccesibles para el gobierno cubano”.

“El otro problema es la presión política así como informaciones en medios nacionales sin tener rigor científico. Elaborar una vacuna para controlar una epidemia como el Covid-19 no es algo simple. Constantemente, Díaz-Canel y otros funcionarios están reuniéndose con los científicos y esa presión no es buena. Tampoco ayudan los anuncios de que Cuba podría producir 100 millones de vacunas y que en el verano comenzarían las vacunaciones masivas. Eso ha provocado que los plazos se hayan acortado, lo que es nocivo para las investigaciones. No debemos sentir ningún complejo en reconocer si alguno de nuestros proyectos vacunales fracasa o no es del todo efectivo. En China, camino a convertirse en la primera economía mundial, su vacuna tiene entre un 50 y 70 por ciento de efectividad. En Brasil y otras naciones se ha demostrado que la vacuna china no es totalmente efectiva”, concluye Daimara.

Dos meses antes de que el virus de Wuhan desembarcara en Cuba, la propaganda que dirige el departamento ideológico del partido comunista, intentó vender la tesis de que el interferón elaborado por el Instituto de Biotecnología era un remedio efectivo contra el coronavirus. Con el tiempo se demostró que no era cierto. También quedaron en evidencia los alardes del dictador venezolano Nicolás Maduro, quien ha asegurado públicamente, que Venezuela descubrió un medicamento cien por ciento eficaz contra el Covid-19.

Yosvany, epidemiólogo habanero residente en Europa, está convencido de que la propaganda del régimen pretende enaltecer los éxitos de la ciencia en Cuba. “Si la ciencia cubana fuera de la magnitud como la describe el gobierno, la agricultura fuera altamente productiva, no murieran miles de vacas de hambre por falta de forraje para alimentarse y no hubiera el desabastecimiento brutal de medicinas que ahora mismo padece el pueblo. Los centros de investigación tienen calidad, pero exportan alrededor de 400 millones de dólares al año, siete veces menos de lo ingresado por concepto de remesas familiares. Desde la isla, colegas me han contado que por falta de financiamiento, la tercera fase de la vacuna Soberana 02, que es la que más promete, van a probarla en el Instituto Pasteur de Irán, porque fue el país que puso la plata”.

A los cubanos de a pie, el rebrote inusitado de la pandemia los ha sorprendido. Sara, dependienta de una pizzería, estaba segura que tras “el confinamiento de septiembre y cuando el gobierno reabrió los aeropuertos, la sensación que tenía la gente es que la vacuna era cuestión de semanas. Por lo que vi en el noticiero, se pensaba que a finales de año o principios de enero, ya el MINSAP (Ministerio de Salud Pública) iba a comenzar la campaña de vacunación. Ahora la gente se asusta. Con 900 y mil casos diarios en Cuba, y uno se pregunta: ¿Y la Soberana pa’ cuando?”.

En los últimos tres meses, el número de contagiados en la Isla se ha multiplicado por diez. Un funcionario del MINSAP cuenta a Diario Las Américas que las cifras son preocupantes. “No se desmontaron los protocolos, pero se bajó la guardia. La economía estaba en cero: los seis primeros meses de la pandemia al erario público le costaron más de mil millones de pesos y cientos de millones de dólares. Se pensaba que con disciplina ciudadana y vigilancia en los aeropuertos se controlaba la pandemia. Fue un error no exigir a los viajeros un PCR negativo antes de abordar el avión. Para ingresar dinero al país, se optó por cobrar 50 dólares por hacerle un PCR al llegar. Pero luego no se rastreaba, no se le daba seguimiento al visitante, cerciorarse de que cumplía con las normas de confinamiento voluntario y el distanciamiento social. Eran los días de Navidad y fin de año, y los emigrados cubanos venían en son de fiesta, a celebrar la Nochebuena con su familia. Casi todos se olvidaron del coronavirus. La gente decía, ya apareció la vacuna”.

Pero la inmunización colectiva lleva su tiempo. Tanto la Pfizer, Moderna, Astra Zeneca y la rusa Sputnik V, debido a la gran demanda mundial, han tenido dificultades para producir millones de dosis vacunas. La campaña de vacunación ha visibilizado todavía más las desigualdades entre ricos y pobres. La mayoría de los países del Tercer Mundo no han podido comprar vacunas. China y Rusia, supuestos aliados de la autocracia verde olivo, ni siquiera han firmado un acuerdo con Cuba para producir vacunas en la Isla.

El funcionario del MINSAP asegura que las autoridades siempre confiaron que los laboratorios cubanos serían capaces de comercializar una vacuna local. “Se sabía que no íbamos a contar con créditos ni financiación para adquir las primeras vacunas estadounidenses y europeas. Y se confiaba en la promesa de la OMS y otras instituciones de que a las naciones subdesarrolladas se les repartirían gratis o a bajo costo, las vacunas después que los países del Primer Mundo se inmunizaran. Con relación a Rusia y China, son socios a conveniencia. Si no pagas no hay vacuna”.

Aunque la vacuna rusa solo cuesta 10 dólares (se necesitan dos dosis por persona) y el número de casos positivos de coronavirus rompe récord cada día en gran parte del planeta, la estrategia del castrismo es esperar porque alguno de sus cuatro candidatos vacunales, Soberana 01 y 02, Abdala y Mambisa, demuestren ser efectivas. Por ahora no hay plan B.

Iván García

Foto: Del programa sobre las vacunas cubanas que el 1 de febrero de 2021 emitió el canal La Sexta de España. Durante la transmisión, el periodista José María Rivero dio las claves de lo que hasta ahora se conoce como las cuatro fórmulas que la isla está desarrollando y que «para empezar se reconoce que es pronto para encargar la compra de la vacuna Soberna 02, la más avanzada, porque prácticamente no sabemos nada de ella. Los cubanos afirman que es segura, que en animales es potente y que de momento no se ha muerto ningún humano durante los ensayos».

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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