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Cubanas no quieren parir en su país

Cubanas no quieren parir en su país

En el cuerpo de guardia del hospital materno-infantil Hijas de Galicia, ubicado en la barriada obrera de Luyanó, al sur de La Habana, una empleada, a falta de frazada, limpia el piso con un pulóver viejo. Luego vierte un chorro de formol en un trapo y frota las paredes. En un local aledaño, seis mujeres esperan sentadas en sillas plásticas a que comience la consulta de ginecología. El lugar parece un mercadillo pueblerino. Las mujeres y personas que las acompañan, en jabas de nailon llevan regalos para el médico, desde emparedados, cajas de jugos y paquetes de café hasta una ristra de ajos o un litro de aceite.

Maritza, 29 años, prefiere darle dinero en efectivo al doctor. “Está es la segunda vez que me hago un aborto. Antes, con un sandwich de jamón y queso y un refresco de cola resolvía. Pero ahora la mayoría de los salones quirúrgicos están parados por la crisis económica. Aunque con un paquete de pollo o uno de café La Llave traído de Miami se resuelve, prefiero introducirle unos dólares en el bolsillo de su bata”.

Probablemente Cuba sea uno de los países con mayor tasa de abortos en el mundo. El doctor Jorge Peláez, experto del Grupo Nacional de Ginecología y Obstetricia, perteneciente al Ministerio de Salud Pública, advierte que el aborto voluntario, legal en Cuba, constituye un problema de salud ya que «está siendo utilizado por los jóvenes como método anticonceptivo, regulatorio de la fecundidad. Te encuentras pacientes que han tenido hasta seis interrupciones».

Según la última Encuesta Nacional de Fecundidad, que data de 2009, un 21 por ciento de las cubanas de entre 15 y 45 años ha tenido al menos un embarazo que acabó en aborto provocado o en una regulación menstrual. De acuerdo a esa encuesta, ese comportamiento está asociado a la «confianza en nuestro sistema de salud, en el ejercicio del derecho de accesibilidad a ese servicio y en la seguridad, más que en el conocimiento, de los riesgos que implican cualesquiera de esos procederes para la salud de las mujeres».

Lo que no dice la encuesta o callan los especialistas y autoridades gubernamentales, es por qué las mujeres prefieren abortar antes que tener un hijo no planificado. Cuba presenta un elevado índice de envejecimiento. En 2030 el 32 % de la población será mayor de 60 años. A día de hoy, existe una palpable crisis de fecundidad. El descenso de la tasa de natalidad, bajo promedio de hijos por mujer y la decisión de postergar la edad del primer pacto, son cifras que hablan por sí solas.

Al cierre de 2020, la tasa de fecundidad alcanzó 1,52 hijos por mujer, menor a la de 2019 que fue de 1,57, confirmó el pasado mes de febrero la doctora Matilde Molina Cintra, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana durante un taller académico. Es un drama. La población cubana decrece cada año. Desde 1978 no se alcanza la tasa de reemplazo poblacional; o sea, que por cada una mujer haya otra que la sustituya en el rol reproductivo.

Para abril de 2022 estaba previsto llevar a cabo una nueva Encuesta Nacional de Fecundidad, en la cual se recogería información sociodemográfico y socioeconómico de la población, las relaciones de pareja e intenciones de reproductividad. “Con los datos de esa encuesta se podrá actualizar las estadísticas, ya que la última investigación sobre fecundidad es de 2009. Pero no soy optimista. La realidad nos dice que la baja tasa de fecundidad está marcada por la crisis casi perpetua de la economía economía, déficit de viviendas, desabastecimiento generalizado y la falta de futuro que incide en que muchos jóvenes decidan emigrar”, opina Carlos, sociólogo.

Yanelis, jinetera, confiesa que se ha hecho tres abortos. “Los dos primeros no tuve otra opción. Mi casa es un tugurio. Tiene solo dos cuarto y residimos siete personas. Estaba enamorada de un muchacho y teníamos planes de casarnos, ¿pero dónde íbamos a meter al niño? Decidimos entonces que abortara. El último fue un accidente con un cliente español. En plena faena sexual se rompió el condón sin darnos cuentas. Hubiera querido tenerlo, me servía de pretexto para emigrar a España, pero el tipo me dijo que no iba a mantenerlo. Y con la que está cayendo en Cuba decidí hacerme otro aborto”.

Camila, 21 años, estudiante universitaria, lo tiene claro. “Las mujeres no quieren tener hijos en un país que encadena una crisis económica tras otra. Comprarle leche, comida, ropa, zapatos, juguetes y confituras a un niño es un lujo hoy en Cuba. Yo misma vivo en una casa con tres generaciones diferentes: mis padres, mis abuelos y un hermano de ocho años. A mi novio le sucede lo mismo en su casa. ¿Si nos casáramos y pretendiéramos tener hijos dónde viviríamos? En nuestras casa ya somos muchos”.

Diario Las Américas les preguntó a 11 mujeres por qué no desean tener hijos en Cuba. Siete de ellas alegaron que devengan bajos salarios, no reciben dólares del exterior y viven en casas precarias con familias numerosas (no olvidar que el 62% de las viviendas en Cuba están en regular o mal estado técnico y existe un déficit de más de 900 mil casas). Dos dijeron que no piensan parir, ni en Cuba ni en otro país. Dos profesionales, Elda y Zulia, fueron más explícitas.

Elda, profesora, ya cumplió 41 años y mira con preocupación el almanaque. “No me queda mucho tiempo de edad reproductiva, pero vivo en un cuarto con barbacoa en un solar. En 30 metros cuadrados residimos mis padres y tres hermanos. El cuarto de mis padres está separado por un tabique de cartón tabla. En la cama dormimos una hermana y yo. Mis dos hermanos duermen en la sala. Tengo una relación formal hace años, él desea tener hijos. ¿Pero cómo? Es del interior y vive alquilado en La Habana. Con mi salario de 5 mil pesos (50 dólares) no puedo aspirar a comprarme un piso que en estos momentos está costando entre 20 mil y 50 mil dólares en el mercado informal”.

Zulia, 35 años, es arquitecta. Ella recibe dólares de parientes radicados en el extranjero, “pero no quiero criar a mi hijo rodeado de incertidumbres. Con la angustia de si no podré garantizarle una infancia digna, pues con mi salario, aunque es bueno, no alcanza. Hay que estar loca para tener un hijo en Cuba”.

El manicomio económico y la disfuncionalidad del sistema cubano es un factor de peso a la hora de que las mujeres decidan ser madres. Raisa, empleada bancaria, tiene un niño de 4 años y reconoce que “es angustioso criar un niño en las precarias condiciones actuales, con tanta escasez. Incide también que la atención a las embarazadas ha disminuido bastante. Hace unas décadas, el Estado le garantizaba a las futuras madres dietas mensuales de carne de res, pescado y pollo y a precios módicos les vendían tela antiséptica y de gasa, artículos de aseo infantil, una canastilla mínima. Ahora si no tienes dólares o miles de pesos no puedes comprarle una cuna y una sillita o cochecito. En los consultorios médicos ya ni siquiera a las embarazadas les dan aquellos complejos vitamínicos que evitaban la anemia».

La doctora Jordanka Rodríguez, especialista de primer grado de Ginecología y Obstetricia en el hospital Maternidad Obrera del municipio Marianao, al oeste de La Habana, declaró a la prensa estatal que alrededor del 70% de las mujeres embarazadas “atendidas en nuestro hospital padecen de anemia, con diez gramos por litro de hemoglobina, y muchas hasta ocho, por lo que debemos transfundirlas. Normalmente el sistema de salud ha garantizado las tabletas prenatales. Pero ahora están deficientes”.

El fumarato ferroso o sulfato ferroso así como el ácido fólico y las multivitaminas, necesarios no solo para las embarazadas, si para otras personas con distintos problemas de salud, forman parte de los medicamentos que escasean en las farmacias de la Isla. Luis Alberto, ginecólogo, reconoce que durante el embarazo es clave una alimentación variada a base de proteínas, frutas y vegetales. “El déficit y alto costo de los alimentos ha provocado que cinco de cada diez niños estén naciendo con bajo peso”.

Luisa, madre de una niña de seis meses, afirma que como mínimo “se debe tener ahorrado 700 u 800 dólares para garantizarle lo imprescindible a tu hijo al nacer, como culeros desechables y toallitas húmedas, que hay que adquirirlas en divisas. Cuando mi hija cumpla un año le tiraré fotos con el celular, pues en un pica cake te puedes 200 o 300”.

Mientras espera ser atendida en la consulta de ginecología del hospital Hijas de Galicia, Maritza comenta que “es una irresponsabilidad traer una criatura al mundo para pasar trabajo”. Ella quisiera tener hijos, pero no en Cuba.

Iván García

Foto: Ante la escasez de culeros desechables, que cuando los venden en moneda nacional se forman largas colas, en Cuba hay madres que los lavan y ponen a secar al sol. Algunas los reutilizan más de dos o tres veces, según la calidad del material. Imagen de José Roberto Loo Vázquez tomada de CiberCuba.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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