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Cuba, Portugal y Eça de Queiroz en La Habana

Cuba, Portugal y Eça de Queiroz en La Habana

En el contexto de las celebraciones por los cien años de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Portugal, fue presentada la coproducción cubano-portuguesa Nuestro Cónsul en La Habana. La premier tuvo lugar a las 17.30 del miércoles 17 de julio, en el Cine 23 y 12, en la barriada habanera del Vedado.

Al estreno, entre otros, asistieron el Secretario de Estado de las Comunidades Portuguesas del Ministerio de Negocios Extranjeros de la República Portuguesa, José Luís Carneiro; el embajador de Portugal en Cuba, Fernando de Brito Figueirinhas; el presidente del Instituto de la Cooperación y la Lengua, Luis Faro Ramos y Ramón Samada, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC),

En sus palabras, tanto el embajador Figueirinhas como el presidente del ICAIC, destacaron los lazos culturales que unen a las dos naciones y dijeron que la cinta contribuirá a dar a conocer la presencia en la Isla del escritor, periodista, traductor y diplomático José María Eça de Queiroz (25 de noviembre de 1845 Póvoa de Varzim, Portugal-16 de agosto de 1900 Neuilly-sur-Seine, Francia). A la velada también asistió el director de la cinta Francisco Manso (Lisboa, 1949), quien aclaró que la versión cinematográfica era una adaptación de la serie O Nosso Cõnsul em Havana, transmitida en trece capítulos por la RTP (Radio y Televisión de Portugal).

Esta iniciativa forma parte de las celebraciones por el centenario de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Portugal, acontecimiento ocurrido el 6 de mayo de 1919. El largometraje describe el trabajo de Eça de Queiroz como cónsul en La Habana, función que desarrolló entre diciembre de 1872 y marzo de 1874. Tiene locaciones grabadas en Portugal, España y Cuba. El guión es del escritor portugués Antonio Torrado y la producción del cubano Inti Herrera. En el elenco de actores destacan Elmano Sancho, en el papel de Eça de Queiroz, así como Antonio Capelo, Leonor Seixas, João Lagarto, Mafalda Banquart, Joaquim Nicolau, Jorge Pinto, Luis Cruz, Ricardo Barbosa y Bruno Schiappa, entre otros.

El 17 de julio, pero a las 15.00, en la Sala Raquel Revuelta, en Línea y B, Vedado, era presentada Mise em Abíme, a cargo de Teatro D’Dos bajo la dirección de Julio César Ramírez. La obra está basada en la vida del destacado intelectual portugués, que fue asiduo a La Columnata Egipcia, café de moda en La Habana, igual que La Bolsa, La Imperial, La Dominica, Café Arillaga y Escauriza. El café estilo europeo fue la antesala de la cantina y bar cubano actual, como Sloppy Joe’s y Floridita. La Columnata Egipcia ya no existe, pero gracias a Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, al Grupo Amorim, que contribuyó con la instalación de un panel con azulejos, a las piezas donadas por la Fundación Eça de Queiroz de Portugal y al interés personal del Embajador portugués en Cuba, fue posible que en El Café, un negocio privado abierto hace dos años por el cubano Nelson Rodríguez Tamayo, se recordara a Eça de Queiroz.

Situado en Amargura 358 entre Villegas y Aguacate, Habana Vieja, El Café ofrece desayunos, jugos, batidos, sandwiches, frutas frescas, yogurt de frutas, tostadas con mantequilla o mermelada de naranja agria y hummus de pepino, tomate y zanahoria, entre otras variedades. El pan es artesanal y tienen menús para vegetarianos, veganos y celíacos. Comentarios dejados por turistas en Tripadvisor lo consideran «el mejor lugar de La Habana, limpio, fresco, tranquilo, excelente servicio y que con 10 cuc puede almorzar una persona y se llena».

Desde 1580, cada 10 de junio, fecha del fallecimiento del escritor Luis Vaz de Camões, considerado uno de los mayores poetas en lengua portuguesa, se celebra el Día de Portugal, de Camões y de las Comunidades Portuguesas. Ese día del calendario marca también las celebraciones de la Lengua Portuguesa, del Ciudadano Nacional y de las Fuerzas Armadas y se dedica a su vez al Ángel Custodio de Portugal.

Este año, el 12 de junio, el Palacio del Segundo Cabo, en La Habana colonial, fue el espacio escogido para celebrar la fiesta nacional portuguesa. Además del acto oficial allí realizado, en el Castillo de la Real Fuerza se inauguraba la exposición Azulejos Portugueses; en la sala transitoria del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa y una muestra titulada Presencia de Portugal en Cuba. Mientras, en el Museo Numismático, la cultura e historia del país ibérico era contada por sus monedas, medallas y billetes.

Un poco de historia. En 1607, el Capitán General Pedro Valdés confirmaba la existencia de una comunidad de portugueses en La Habana. Una parte significativa de las actividades desarrolladas por esa comunidad, en La Habana o en el interior de la Isla,general, se relacionaban con el comercio, a través de la Real Companhia da Guiné, con sede en Lisboa, y la navegación, en nombre del Reino de Portugal o a título privado.

Apenas un reducido número de portugueses se establecerá definitivamente en Cuba, sobre todo a partir del siglo XVII, cuando se casaron con miembros de familias locales, como Don Gaspar Ribeiro de Vasconcelos, hidalgo y capitán portugués que vivió en la casa conocida aún hoy por su nombre, en la esquina de Obrapía y San Ignacio, Habana Vieja. Algunos de esos portugueses y sus respectivas descendencias tendrán un importante impacto en la sociedad de su tiempo, en particular en cargos de índole militar (naval) y administrativa.

Son los casos del Almirante Don Francisco Diaz Pimienta, nieto de portugueses que se instalaron en las Islas Canarias; de Don Andrés Zequeira y Guedes, natural de Oporto, Capitán de la Real Armada Española y padre de Juan Francisco de Zequeira y Ramallo, alcalde de La Habana; del alférez Don Luis de Silva y Acosta, portugués, alcalde de la villa de San Salvador de Bayamo; de Don Antonio de la Luz y Do’Cabo, natural de Lisboa, de quien desciende el abogado, filósofo y educador José de la Luz y Caballero; y de Don Manuel Gomes da Lourença, natural de Coimbra, de quien a su vez descienden los Presidentes de la República de Cuba José Miguel Gómez y Gómez y su hijo Miguel Mariano Gómez y Arias.

En 1872, cuando el joven diplomático José María Eça de Queiroz es nombrado Cónsul de Portugal en La Habana, a la isla mayor de Las Antillas se dirige con el encargo de tratar de resolver el problema de 100 mil chinos, tratados como esclavos en las plantaciones de caña de azúcar y quienes habían salido de China a través de Macao, muchos de ellos con documentos portugueses (Macao fue administrada por el imperio portugués y sus Estados herederos, desde mediados del siglo XVI hasta finales de 1999, convirtiéndose en la última colonia europea en Asia). Queiroz viviría entonces alejado de su país natal, al que sólo regresaría durante breves períodos. En Cuba residió dos años, tiempo que aprovechó para viajar por Estados Unidos y América Central. En La Habana tendría un apasionado romance con Mollie Bidwell, una joven moderna, hija del general estadounidense Robert Bidwell, tenido por un héroe, pero después se descubre que traficaba con armas.

La lejanía no impidió que Queiroz prosiguiera colaborando con diarios portugueses. Queiroz se convertiría en uno de los más importantes escritores portugueses, exponente máximo de la corriente realista, con un estilo particularmente cortante. Su producción literaria fue vasta y constituye, aparejada con su valor estético, un documento excepcional sobre la época y la naturaleza humana en general. Entre sus novelas más conocidas se encuentran Los Maias, El El primo Basilio, El mandarín, La reliquia, La ilustre casa de Ramires y El crimen del padre Amaro, llevada al cine en 2002 por el director mexicano Luis Carlos Carrera y con Gael García Bernal como el padre Amaro.

En 2006, en Eça de Queiroz en La Habana, el periodista cubano Luis Sexto contaba que en una carta de 1873, dirigida a Ramalho Ortigao, Queiroz llama a La Habana “ciudad estúpida, fea, sucia, odiosa, innoble.” Y añade: “!Oh! la gente grosera. Esta ciudad¡qué miserable aldea es, con todos sus palacios, con todos sus trenes arrastrados por cuatro caballos cubiertos de plata! ¡Ah! La miserable, subalterna, rastrera manera de estos espíritus. ¡Ah! El terrible precio de una camisa. Detesto esta ciudad verdeada y millonaria, sombría y ruidosa -este depósito de tabaco, este charco de sudor, este estúpido palillero de palmeras. Disculpe mi cólera -ella nace de un tedio sin límites y de un despecho cruel: el despecho de sentirme un pobre diablo artista, encajado en una función oficial, y tener que ajustar el sentido artístico al código de los cónsules.” En 1874 se marchó de Cuba.

Mário Quartin Graça en Eça de Queiroz em Havana, texto publicado en 2013 en el blog Raíz e Utopía del Centro Nacional de Cultura de Portugal, sale en defensa de su compatriota:

«Homem do norte de Portugal, pouco habituado ao calor, desde jovem com uma saúde débil, que manteve até à sua morte com 55 anos, o clima de Cuba não lhe era propício. Já em 1869, ao regressar a Portugal de uma viagem de dois meses pelo Egipto e pela Palestina, voltara com a saúde muito abalada. Alguns dos melhores gastroenterologistas portugueses do nosso tempo, baseados nas referências escritas de Eça, além de familiares e amigos, admitem que o seu mal crónica fosse uma amebíase, então uma enfermidade endémica no Egipto, na Palestina e também em Cuba.

«Tal como aconteceria em Inglaterra (Newcastle e depois Bristol) e em França (Paris, onde faleceu em 1900), também em Cuba, Eça de Queiroz pouco ou nada se integrou na sociedade local. Era pessoa muito reservada e, então ainda solteiro, vivia num hotel e as suas conversas limitavam-se aos hóspedes, em geral americanos, que por lá apareciam. De resto, as suas ocupações profissionais pouca folga lhe davam. Talvez por isso, no seu período cubano, além de algumas, poucas, cartas a amigos, limitou-se a escrever o conto “Singularidades de uma rapariga loira”, oferecido como brinde aos assinantes do Diário de Notícias, de Lisboa.

«Por quê uma actividade consular tão intensa em Havana? Porque então chegavam a Cuba, em sucessivos desembarques, milhares de chineses, recrutados por engajadores e embarcados em Macau, território administrado por Portugal, paras trabalhar no cultivo da cana-de-açúcar, numa situação muito próxima da escravatura e em condições infra-humanas. Vinham por contratos de oito anos mas, uma vez estes terminados, não tinham condições para regressar à China. Era, além de escravatura, uma escravatura sem fim à vista.

«Eça de Queiroz foi também testemunha da guerra de independência das Antilhas contra o domínio espanhol que decorreu entre 1868 e 1878, germe do que viria a ser mais tarde o conflito armado entre os Estados Unidos e Espanha, que levou à independência das Antilhas em 1898. Nas suas observações, porventura superficiais, Eça considerava que aquela insurreição não tinha em Cuba importância local, respaldo popular, nem força bastante; não obstante, julgava tratar-se de um movimento imparável, porque a sua força estava em Madrid, nos cubanos lá residentes e nos abolicionistas espanhóis; estava em Nova Iorque, na emigração cubana; estava na opinião pública dos Estados Unidos e estava na influência de certos jornais norte-americanos que iam propalando a ideia de uma intervenção do seu país. Mas, curiosamente, observava Eça, estava também nos cubanos ricos que, embora aparentemente dedicados a Espanha, apoiavam secretamente os revoltosos.

«Apesar da sua curta permanência em Havana, a influência de Eça de Queiroz nos escritores cubanos do início do século XX foi grande. Ángel Lázaro, escritor galego-cubano, na revista Carteles, de Havana, escreveu que ‘Eça de Queiroz foi um escritor que influiu muito beneficamente na literatura e no jornalismo cubanos da nossa época’. Ídolo da geração que em 1917 e 1918 trabalhava na revista Cuba Contemporánea, Eça era muito lido em Cuba, a tal ponto que nenhum prosador estrangeiro tenha sido tão admirado e seguido pelos seus homens de letras, fascinados pela sua ironia e pala sua arte de escrever. Enfim, Eça era aqui, em Cuba, tão familiar que a numerosa colónia galega de Havana lhe chamava ‘o nosso Eça’. E, nos dias de hoje, para os cubanos cultos, Eça de Queiroz continua a ser uma referência e um exemplo como grande mestre do realismo que foi».

El 10 de febrero de 1886, Eça de Queiroz se casó con Doña Emilia de Castro Pamplona, aristócrata portuguesa, hija de los Condes de Resende. Con ella tuvo cuatro hijos: Antonio, María, Alberto y José María.

Tania Quintero, con informaciones de internet y de la web del Historiador de la Ciudad.

Imagen: Panel de azulejos que recuerda el paso de Eça de Queiroz por la capital cubana (1872-1874). Puede verse en El Café, en Amargura 358 entre Villegas y Aguacate, Habana Vieja. El panel fue hecho en Portugal por la prestigiosa fábrica de azulejos Viúva Lamego. La foto, de João Correia, fue tomada del blog Cuba Aventura.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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