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Cuba necesita disidentes, no emigrantes
Cuba necesita disidentes, no emigrantes

Cuba necesita disidentes, no emigrantes

Después de las 2 de la tarde, el sol reverbera en la sucia Calzada de Diez de Octubre, al sur de La Habana, un pavimento ondulado, escoltado por edificaciones desguazadas de fachadas con abundante hollín que piden a gritos ser a menudo limpiadas con mangueras de agua y luego darles una mano de pintura fresca.

Debido al confinamiento nuevamente decretado en la capital para controlar los brotes de coronavirus, apenas circulan vehículos por una de las más extensas avenidas habaneras. Muchos hacen cola en cualquier mercado o quincalla sin guardar la distancia social, a ver si consiguen comprar aceite, cuartos de pollo o paquetes de salchichas. Otros caminan decenas kilómetros con jabas de viandas, soportando el calor de plomo y sudando al aire libre como si estuvieran en una sauna, con su nasobuco (mascarilla) artesanal cubriéndole la mitad del rostro.

La gente está hastiada de la narrativa oficial de siempre, que vende sacrificios y penurias a granel. Descontenta con una administración incapaz de asegurar la alimentación cotidiana, las medicinas imprescindibles y el detergente para lavar su ropa. Hastiado se siente Luis Alberto, 51 años, quien un cajón plástico amarrado en la parte trasera de su bicicleta, carga un racimo de plátanos y un trozo de carne de cerdo. Circula por calles interiores y así evade las numerosas patrullas apostadas en la Calzada Diez de Octubre.

Vive mal, en una habitación ampliada con una barbacoa de madera, en una cuartería en la barriada de Luyanó. Luis Alberto y su familia suelen comer lo que aparezca. “Hoy la vamos a pasar en grande. Me saqué un parlé en la bolita (lotería clandestina) y compré pollo, carne de y de res y plátanos. Con unos dólares que conseguí por la izquierda, comparé queso, chucherías para los muchachos y cerveza de la buena”.

Pregúntenle a Marlén, 36 años, vecina de Luis Alberto, cómo es la vida en un solar. “Se ve de todo. Hay broncas por cualquier cosa: porque te robaron un trozo de jabón que dejaste en el lavadero colectivo o porque hay un tipo rascabuchándote cuando te bañas. Pero también existe hermandad y solidaridad entre vecinos. Personas que comparten lo poco que tienen. Otros, a pesar de la pobreza, solo piensan en fiestar y beber. Aquí lo prohibido funciona, sea la bolita, juegos de apuestas y venta de drogas. Vivir en un solar es la última carta de la baraja”.

O a Liudmila, 25 años, que piensa cambiar su suerte cuando el Covid-19 permita que se abran los vuelos internacionales. «Ya tengo mis papeles en regla para irme tumbando de Cuba. Solo vendré de vacaciones a visitar a mi familia”.Cuba duele. Cuando usted indaga con cualquier joven cuál es su proyecto de futuro, invariablemente, la respuesta es emigrar. Melisa, 16 años, espera terminar el preuniversitario y optar por una beca en una universidad en el extranjero, preferiblemente de Estados Unidos.

Después que el régimen comenzara a comercializar internet a precios de escándalo, numerosos jóvenes fraguan sus planes para emigrar, revisando meticulosamente las opciones de trabajo que propone Canadá o los
requisitos para aspirar a una beca subsidiada por el gobierno federal en el circuito de las grandes ligas universitarias de Estados Unidos. Los futuros emigrantes cada vez son más creativos. Se acabó aquella etapa que los cubanos eran aceptados en cualquier punto fronterizo de Estados Unidos.

Desde luego, el país enemigo del castrismo, es el destino preferido. Si no tienen familia o no pueden emigrar a la Yuma, entonces se despliega el mapa del mundo y se buscan otras opciones. Es curioso, usted le pregunta a los jóvenes sobre temas políticos y la ignorancia es profunda. Desconocen los nombres de los ministros, de los miembros del buró político del partido comunista y menos aún de los principales opositores en Cuba.

Eso sí, estudian inglés en escuelas particulares. Conocen de carretilla la alineación del Real Madrid y el Barcelona. Suspiran por la última versión del iPhone o PlayStation y son seguidores de reguetoneros locales como el Micha, Jacob Forever o Chocolate. Alicia, 21 años, se gana la vida como manicura. Su plan es ahorrar dinero suficiente, viajar a un país donde no se exija visado e iniciar un periplo terrestre por Centroamérica hasta llegar a la porosa frontera sur de Estados Unidos con México y probar suerte. Habla inglés con soltura, se conoce al dedillo los chismes de las Kardashian y aunque en temas políticos es neófita, reza para que Joe Biden gane las elecciones en noviembre y suavice las leyes migratorias con los cubanos. Su sueño es radicarse en Miami.

Abdel, 40 años, dueño de una cafetería de jugos de frutas y entrepanes, cuenta que en sus proyectos siempre estuvo la posibilidad de emigrar. “Cuando el gobierno amplió el trabajo por cuenta propia, como muchos otros, aproveché para ganar dinero. Pero el Estado siempre autoriza los negocios con el pie puesto detrás de la puerta. Busca la forma de que la gente gane la menor cantidad de dinero posible y luego desplumarte con altísimos impuestos y multas de los inspectores. Eso se sabía. Por eso abrí el ‘bisne’ con la intención de hacer plata, ahorrar lo más que pudiera y cuando llegaran las vacas flacas, como ahora, salir echando de esta mierda”.

Abdel se encoge de hombros cuando se le pregunta por qué no se enrola en la disidencia o propone que se organicen los emprendedores privados para reclamar sus derechos y exigir los cambios económicos y políticos que el país necesita. “Yo no soy un héroe. Me llamo Abdel, no José Martí. Este país que lo arregle otro”.

Diario Las Américas le preguntó su opinión a una docena de jóvenes, de entre 20 y 30 años, estudiantes unos, profesionales otros. Los doce reconocieron que no les interesa afiliarse a ningún grupo opositor, tampoco intentar cambiar las reglas de juego haciendo carrera política dentro del actual gobierno.

“Es por gusto. Los disidentes lo único que reciben son palizas y los meten en prisión. En Cuba los políticos que deciden son dos o tres: Raúl Castro y sus socios que pelearon en la Sierra Maestra como Ramiro Valdés y Machado Ventura. El resto es comparsa. Cuando ese vejestorio se vaya del aire, comenzará a ejercer el poder el grupo militar GAESA. No hay espacio para más nadie”, piensa Zaidel, artista plástico.

Dos de los consultados admitieron tener cierta simpatía por los nuevos gobernantes, diez dijeron que están en desacuerdo con los nuevos y los viejos dirigentes. Los doce coincidieron que el descontento social es amplio y que la inmensa mayoría de la población quiere reformas de amplio calado, una economía abierta y democracia. Aunque todos tienen más puntos de coincidencias con las plataformas opositoras que con el partido comunista, no se afiliarían a la oposición, ninguno quiere ser disidente. Pero tampoco intentarían cambiar las cosas desde un sistema que en 61 años lo que ha cosechado han sido fracasos.

Para un número cada vez mayor de cubanos, montar un negocio lo ven como una oportunidad de hacer dinero-golondrina. O sea, ahorrar la mayor cantidad de dólares para marcharse de Cuba. La primera opción, Estados Unidos, de lo contrario, Panamá, Sudamérica, cualquier país de Europa occidental, incluso Australia o Israel.

Alguien una vez dijo que en una dictadura, lo mejor es vivir lejos. Mientras más lejos, mejor.

Iván García

Foto: Hasta su jubilación, Laura Pollán Toledo fue profesora de literatura. En abril de 2003, después que Fidel Castro ordenara arrestar y condenar a 75 disidentes, entre ellos su esposo Héctor Maseda, junto con las esposas, madres, hijas y hermanas de los detenidos durante la llamada Primavera Negra, Laura y varias de esas mujeres fundaron las Damas de Blanco. Pollán Toledo falleció en La Habana el 11 de octubre de 2011, una muerte sospechosa que quedaría sin aclarar porque incineraron sus restos. Tomada de Panam Post.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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