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Cuba: métodos represivos de la era soviética

Cuba: métodos represivos de la era soviética

Llamémosle Panchón, un moreno macizo de 40 años que vive del juego de azar. Tiene un amplio expediente delictivo. La primera vez que visitó la cárcel fue por agredir a su padrastro con una navaja de barbero. La prisión ha sido su segunda casa. Estuvo sancionado cuatro años por sacrificio y hurto de ganado mayor. A dos por consumo de drogas y doce meses por violencia doméstica a la madre de su hijo.

Nacido en la barriada pobre y mayoritariamente mestiza de San Isidro, Habana Vieja, Panchón gana dinero de lo que ‘se cae del camión’, del juego de apuesta (ilegal en Cuba) o la venta de tabacos a los turistas que llegaban en cruceros. Su mayor ‘enemigo’ es el jefe de sector, un oficial de la policía que suele supervisar a los que consideran ‘potenciales delictivos’ en el barrio.

Una tarde cualquiera, cuenta Panchón, lo citaron para la unidad de la policía ubicada en la calle Picota. “Cuando llegué a la oficina, junto al jefe de sector, habían dos tipos vestidos de civil. Me dijeron que ellos sabían que estaba vendiendo sacos de arroz que habían sido robados recientemente de los almacenes del puerto. Me querían armar un número ocho. Al final me propusieron ‘pasar por alto el delito’ si colaboraba con ellos. Querían que le diera una paliza a Luis Manuel Otero, Maykel Osorbo o cualquiera de sus socios. Tienes luz verde. No te va a pasar nada”, le prometieron.

“Yo no estaba en na’. Todo lo que me imputaban era un invento. Además el artista -Luis Manuel- es buen socio. Pero sé que la policía y la Seguridad, nunca se te presentan como tal, chantajearon a dos tipos de la zona para que le armaran una tangana en las afuera de su casa. Fue el año pasado, en los días que esa gente estaba en huelga de hambre. Le rompieron la puerta le tiraron dos o tres botellas y le gritaron un montón de cosas. Pero yo no me presto pa’ eso. En la cárcel es igual. Si hay algún opositor preso con nosotros, a cada rato le tiran pa’rriba a un preso común, para que a cambio de un ‘pabellón’ (cita para tener sexo con su esposa o novia), una visita familiar o un pase, le dé una golpiza o lo intimide. Esta gente (la Seguridad) son unos nazis”.

Desde noviembre de 2020, a raíz de la detención del músico urbano Denis Solís, Luis Manuel Otero y el Movimiento San Isidro (MSI) comenzaron a reclamarle al régimen su excarcelación. Han recurrido a los cauces legales, la protesta pública y la huelga de hambre. El régimen acusa al MSI de querer incitar un estallido social, ser financiados por la NED (siglas en inglés de la Fundación Nacional para la Democracia, organización privada sin fines de lucro surgida en Estados Unidos en 1983) y formar parte de un libreto orquestado desde Washington como parte de un ‘golpe blando’ contra la dictadura cubana.

Un ex oficial de la inteligencia explica a Diario Las Américas que “si sigues bien la línea de los hechos, verás que antes de iniciar una protesta, una queja formal en la Asamblea Nacional del Poder Popular o iniciar una huelga de hambre, fue la Seguridad del Estado la que comenzó la ofensiva. La encarcelación de Solís fue el detonante de nuevas acciones del MSI y de la protesta en el boulevard de San Rafael de Luis Robles. El decomiso de las pinturas de Otero es lo que ha generado su posterior respuesta. Los activistas y disidentes siempre han estado a la defensiva. Han reaccionado con los métodos que conocen para presionar a las autoridades, algunos son legales y están contemplados en la nueva Constitución, como formalizar una denuncia ante la Fiscalía y la Asamblea Nacional. Que detengan a un ciudadano por querer ejercer esos procedimientos es una ilegalidad, porque esas acciones están recogidas en la Carta Magna, que no distingue entre ciudadanos desafectos o leales al gobierno”, y añade:

“Esos métodos de aniquilar la reputación a un disidente no son nuevos. Era el modus operandi de la antigua KGB soviética, que tenía una sección para desarticular opositores. La STASI de Alemania Oriental, de la cual los servicios especiales cubanos han copiado muchos de sus métodos, los perfeccionó. Sin llegar a la violencia desmedida de la KGB o los servicios de seguridad búlgaros y rumanos, que eran particularmente violentos, supo quebrar, dividir e intimidar a los grupos opositores, ejerciendo un acoso constante y utilizando tácticas que a mediano plazo afectan la estabilidad emocional de las personas. Esta última huelga de hambre de Otero es producto de la frustración. Hay personas que bajo presión pueden incluso suicidarse. Ningún ser humano, mucho menos aquéllos que no están preparados, son capaces de soportar un hostigamiento sostenido e implacable durante tanto tiempo. Esas acciones tienen un objetivo: quebrarte y dejarte como única opción la posibilidad de emigrar. Es lo que buscan”.

En la última conversación que sostuvo Diario Las Américas con Luis Manuel Otero, el jueves 29 de abril, confesaba que el régimen lo había dejado sin opciones. Colocaron una cámara de vigilancia frente a la puerta de su casa. Ocuparon todas sus obras de arte. Decenas de detenciones arbitrarias: en la última en una unidad policial en El Cotorro, cuando las fuerzas represivas instigaron a dos delincuentes para que lo agredieran y amenazar sin que interviniera el policía de guardia que estaba a pocos metros de su celda, fue la gota que colmó la copa.

Luis Manuel Otero lo intentó por todas las vías posibles. Entrevistas en medios internacionales, posts en Facebook, directas (videos) en las redes sociales y una denuncia formal en las oficinas de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ubicadas en el Capitolio Nacional, en el Paseo del Prado. Nada funcionó. Cada vez que salía rumbo al Capitolio era detenido.

En varias ocasiones, la prensa estatal, sin derecho a réplica, lo ha calumniado y acusado de un amplio catálogo de delitos que van desde pederastia, ofensa a los símbolos patrios hasta ser parte de un complot yanqui para derrocar al régimen de La Habana. Sus teléfonos y correos electrónicos han sido intervenidos. Sus amigos y familiares amenazados y advertidos. En los últimos cuatro meses ha tenido un operativo fijo en la cuadra donde reside.

Un día sí y otro también, las autoridades le prohíben salir de su casa. Luis Manuel se siente acorralado. «Mi casa no es una prisión», dijo a Diario Las Américas. Reconoce que las huelgas de hambre no cumplen su objetivo si no son capaces de ablandar el corazón de su enemigo. Pero considera que no tiene otro recurso.

En la madrugada del domingo 2 de mayo un operativo de la policía política allanó su vivienda y lo condujo al hospital Calixto García, en El Vedado. Había cumplido su sexto día de huelga de hambre. Está por ver si las autoridades le entregan sus obras, hacen una tregua o continúan con su estrategia de aniquilar a un ser humano utilizando métodos de la era soviética. La capacidad de odiar debe tener un límite.

Iván García

Foto: Detención de Luis Manuel Otero Alcántara frente al Capitolio Nacional en agosto de 2018. Tomada de Index on Censorship.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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