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Cuba: los prejuicios raciales comienzan en la infancia

La primera vez que Yumilka, profesora, se sintió discriminada por el color de su piel tenía solo cuatro años de edad. “Fue en el circulo infantil. Recuerdo que llegaba a mi casa llorando. Un grupo de niños me decían negritilla o negra piojosa. No querían compartir sus juguetes conmigo. Mis padres hablaron con la directora y ella les dijo que so eran cosas de niños, que no se podía catalogar como racismo”.

Los prejuicios raciales continuaron en su juventud. Cuando su novio, de raza blanca, la llevó a casa de sus padres, el silencio de los suegros tuvo un matiz abiertamente discriminatorio.

“Después de separarnos, me enteré que sus padres le criticaron por no haberse buscado una mujer más ‘clarita’, pues ellos no estaban para ‘peinar pasas’. El padre le dijo que las negras eran para tener sexo, pero no para casarse. Ellos eran miembros del partido comunista y trabajaban en comercio exterior”, rememora Yumilka.

Laritza Diversent, abogada disidente, también sufrió humillaciones racistas cuando estudió bachillerato en la Escuela Vocacional Lenin, un centro élite inaugurado por Fidel Castro en las afueras de La Habana.

“Además de negra era muy pobre. Todos me miraban como un bicho raro cuando llegué. En la Lenin estudiaban los hijos de altos funcionarios del gobierno. Casi todos eran blancos y muchos no solo eran racistas, si no que lo manifestaban”, recuerda Laritza.

En una escuela primaria del municipio habanero Diez de Octubre, Mariana, estudiante de sexto grado, cuenta que las humillaciones por el color de la piel suelen ser cotidianas.

“La mayoría de los alumnos negros son los más pobres, los que no tienen tabletas, usan tenis remendados y llevan pan con aceite de merienda. No solo los niños blancos les dicen cosas, también los mulatos”, relata.

El racismo en Cuba es un fenómeno que el régimen pretende silenciar o no darle toda la repercusión que merece. Después de 25 años de crisis económica perpetua, las diferencias sociales han acentuado la segregación racial.

Desde luego, mayor que la discriminación racial, es el omnipresente control social del Estado, la poca participación de los ciudadanos a la hora de modelar estrategias políticas y el descarado apartheid de la autocracia militar, que excluye a los cubanos en la nueva Ley de Inversiones o les prohíbe acceder a embarcaciones con motor en centros turísticos.

El racismo en Cuba no lo trajo Fidel Castro. De manera más o menos sutil, siempre existieron prejuicios por el color de la piel, los rasgos faciales o el cabello ‘apasado’. Había parques y clubes exclusivos para blancos. Incluso al dictador Fulgencio Batista, mestizo, se le denegó la entrada a uno de aquellos clubes.

Aunque la esclavitud se abolió en Cuba en 1886, los negros partieron en franca desventaja en el posicionamiento social. No tenían propiedades ni riquezas. Su nivel educacional era bajo.

En 1912, el Partido Independiente de Color, liderado por Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet se alzó en armas y alrededor de 3 mil negros y mestizos fueron masacrados por el gobierno de José Miguel Gómez.

Al frente del Estado Mayor que ejecutó la cacería estaba el coronel José Martí, hijo del ilustre prócer y humanista cubano. 103 años después, la historiografía nacional quiere atemperar el criminal suceso.

No existen evidencias de que Fidel Castro sea racista. Pero sí tuvo una estrategia política torpe en el manejo del tema. Al instaurar un sistema donde supuestamente no existían clases sociales, dio por hecho que la discriminación racial había desparecido al triunfar su revolución.

El racismo no desapareció, solo mutó. Se enmascaró de diversas formas y la supremacía blanca en los puestos claves del Estado fue permanente. Cincuenta y seis años después de su llegada al poder, los negros solo son mayoría en las atestadas cárceles cubanas.

Encontrar estadísticas sobre las desigualdades resulta engorroso. En los archivos estatales apenas hay cifras. Pero según el propio Fidel Castro, en un discurso en enero del 2000, el 80% de la población penal era negra o mestiza.

Como regla, los negros en la Isla residen en las peores casas, ganan los salarios más bajos, no terminan los estudios universitarios y para ascender en la escalera social recurren al deporte, santería, música o la vida militar.

Actualmente, un gran número de policías son negros o mestizos. También lo son muchos de los sicarios que reprimen a los disidentes. Eso no impide que tengan un modus operandi racista.

Cuando hacen redadas, suelen detener a jóvenes negros o mestizos. “Es el perfil operativo. Un negro con una mochila siempre es un tipo sospechoso”, afirma un policía.

Según el disidente Juan Antonio Madrazo, coordinador nacional de un comité ciudadano por la integración racial, “en Cuba existe una ideología del blanqueamiento”.

Entre negros y mestizos, se ha ido imponiendo la tendencia de casarse o tener hijos con personas de raza blanca, ‘para adelantar o mejorar la raza’.

Según un sociólogo consultado, las cifras de matrimonios o uniones consensuadas entre negros y blancos se han disparado en los últimos 15 años. “El racismo en Cuba es más evidente en el sector de la cultura, los medios, empresas con capital extranjero y comercio exterior”.

Nuria, ama de casa, considera que las burlas y humillaciones raciales en la infancia son preocupantes. “Es un problema de educación familiar. Es en la casa donde esos niños escuchan las ofensas hacia los negros”.

El régimen ha creado la Comisión Aponte para trazar un mapa más certero del racismo. Intelectuales como Roberto Zurbano, Sandra Álvarez y Víctor Fowles reconocen que el fenómeno es una auténtica caja de Pandora.
Ciento veintinueve años después de abolirse la esclavitud en Cuba, los negros siguen siendo prisioneros de su raza. La profesora Yumilka, que sufrió humillaciones con solo 4 años se pregunta ¿hasta cuándo?.

Iván García

Foto: Tomada de Help Cuba Now.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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