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Cuba: la cortina de humo de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe

«La victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana», dijo Napoleón. Una verdad como un templo.

Si nos atenemos a la euforia de los medios oficiales cubanos, que volvieron a desempolvar el panfleto y una conga oriental cada vez que un atleta ganaba una presea de oro en los XXII Juegos Centroamericanos efectuados en Veracruz, México, no es descabellado afirmar que el reciente triunfo deportivo es una auténtica cortina de humo para camuflar el errático desempeño de la economía nacional.

El panorama pinta feo. El PIB sigue a la baja. La producción azucarera es un enigma. La agricultura no despega. Los inversionistas extranjeros continúan con los cheques en sus bolsillos. No acabamos de llegar a tres millones de turistas.

Y el compadre Maduro anda en aprietos con un precio del petróleo que se desploma. Se ha gastado dinero y capital político en un lobby apresurado por Estados Unidos para seducir al ejecutivo en la Casa Blanca.

Pero los seis editoriales de The New York Times y la nueva Ley de Inversiones solo han sido barullo, nada concreto hasta ahora. Ya estamos rozando las Navidades y el Gobierno tiene pocas buenas noticias que ofrecer.

Aquí en Cuba no hay rebajas del 50% en las tiendas por divisas y la gente sigue ganando más o menos 20 dólares al mes. El precio de las viandas y la carne de cerdo andan por las nubes. Entonces, a falta de pan, bienvenido el circo.

De circo tuvimos bastante entre el 14 y el domingo 30 de noviembre, cuando se clausuraron los Juegos Centroamericanos. Hasta 15 horas de trasmisiones deportivas por la tele y la radio.

Los fans al deporte no siguieron con demasiada euforia el evento. Sí, 
se alegraron de los triunfos, vieron algún que otro partido de béisbol y probablemente disfrutaron del excelente desempeño del once de fútbol, que ocupó un meritorio tercer lugar.

Pero en lo que respecta a tiempos y marcas, y en sentido general, el nivel de estos Juegos dejó mucho que desear. Cuba, por disposición del Gobierno, alegando razones de inseguridad para sus atletas, no participó en la edición anterior de los Centroamericanos en Mayagüez, Puerto Rico.

Para la cita de 2014, los analistas auguraban una competencia reñida. No era un pronóstico descabellado. Desde hace 14 años, el deporte cubano ha ido cediendo espacios, sobre todo en los colectivos, porque todavía los deportes de combate y el atletismo sacan la cara.

Los organizadores mexicanos estaban demasiado optimistas. Vaticinaban entre 130 y 135 medallas de oro, suficiente para que los anfitriones se alzaran con el primer lugar por naciones.

En la cita de Cartagena, en 2006, Cuba había alcanzado el trono con 138 medallas de oro por 107 los mexicanos. En 2010, donde la Isla no participó, México obtuvo la corona con 133 preseas áureas.

Ahora, al ser sede y compitiendo en todas las disciplinas, esperaba dar un golpe de autoridad y desbancar al verde caimán, que pese a todo sigue siendo la mayor potencia deportiva de la región.

Ya se sabe el rol que desempeña el deporte en la narrativa del régimen. Una vitrina donde muestra los supuestos logros de su sistema social y político, bastante dañada tras la estampida de atletas en las dos últimas décadas.

Pero algo queda en la mochila. Las claves del triunfo cubano en Veracruz pasan por el excelente desempeño del atletismo, con 23 medallas de oro, el tiro deportivo con 14 y los deportes de combate, con 31 en su conjunto. También disciplinas como el ciclismo o el voly de playa hicieron lo suyo. Del béisbol no se podía esperar otra cosa que el título.

Cuando se observaban los roster de las nóminas participantes, repletas de descartes, era fácil presagiar una victoria sin agobios para el poderoso equipo nacional, que asistió con sus mejores exponentes: los grandes ligas japoneses Yulieski Gourriel, Alfredo Despaigne, Frederick Cepeda y Héctor Mendoza, y prospectos de calibre como Luis Yander la O, Norge Luis Ruíz, Yassier Sierra y Lourdes Gourriel Junior.

Por otra parte, el «paseo militar» que resultó el campo y pista puede provocar falsas expectativas. Si Jamaica respetara un poco a un torneo que es el más longevo del área y convocara a un equipo Z en la velocidad, es indudable que Cuba no hubiera barrido.

Incluso el título por naciones se hubiera puesto en peligro. Con velocistas de mediana calidad, Jamaica hubiera obtenido de 8 a 10 medallas de oro en las carreras cortas, 400 metros y los relevos de los dos sexos.

Recuerden que Cuba, con 123 preseas de oro, superó a México por 8 en dura porfía por el cetro. Pero Usain Bolt y compañía prefieren reservarse para grandes eventos o asistir a los juegos de la Mancomunidad Británica.

El reñido triunfo no empaña la calidad del deporte cubano. Para muchos atletas de la Isla, estos Centroamericanos son sus Olimpíadas. Para el régimen, el triunfo deportivo no pudo llegar en mejor momento.

Se acaba el año y escasean las noticias agradables. Solo queda la propaganda.

Iván García

Foto: Víctor Mesa, entrenador de la selección nacional de béisbol, celebra la medalla de oro ganada por Cuba, luego de derrotar 9 por 3 a Nicaragua el 21 de noviembre. Tomada de RPCTV.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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