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Cuba: Fútbol internacional 1 – Béisbol cubano 0

Pregúntenle a ese segmento de personas en edades comprendidas entre 17 y 30 años sobre grandes luminarias del béisbol cubano de todos los tiempos y, salvo contadas excepciones, obtendrá la callada por respuesta.

Pocos saben que uno de los padres de nuestro deporte nacional se llamó Esteban Bellán. Casi nadie conoce que Cristóbal Torriente o Atanasio Pérez tienen un sitio en el hall de la fama de Cooperstown. Del matancero Martín Dihigo saben más. Que era negro, jugaba todas las posiciones y fue el primer cubano en ingresar al sitio de los inmortales del béisbol.

De que los jóvenes -y no tan jóvenes- desconozcan una parte significativa de la rica historia de 137 años practicando béisbol es fácil señalar al culpable: la política del gobierno cubano y sus medios, empeñados en glorificar solamente el béisbol amateur que se juega en la isla desde 1962.

Después que Fidel Castro tomara el poder en enero de 1959, se ha querido olvidar y sortear el pasado en diferentes esferas. El deporte de las bolas y los strikes es uno de ellos. Es tan aciago el quehacer de un amplio sector de la prensa deportiva, que ya apenas mencionan a destacados jugadores de las primeras series nacionales.

Peloteros que jugaron en la liga profesional o en la amateur  y decidieron residir en su patria después del 59, por regla general, permanecen en el ostracismo y la omisión. Durante años, la política de los jerarcas que controlan y diseñan la información en Cuba pretendió desconocer, eclipsó o intentó borrar un trozo importante del béisbol prerrevolucionario.

Era la etapa que danzábamos al compás de los países de Europa del este lidearados por la URSS, cuando a la supremacía deportiva socialista sobre las potencias capitalistas se le prestaba especial atención.

El gobierno de Castro subsidió el deporte para vender la imagen de un sistema social superior. Faltaba la mantequilla y la carne de res, pero en la década de los 80 y principios de los  90, Cuba tenía el mayor per cápita mundial de campeones olímpicos. Se fabricaban en serie. Como si fuesen salchichas.

En 1991 llegó el período especial. Y la isla entró en una guerra sin tiros. Por no hacer bien los deberes en materia económica, dilapidamos recursos, rublos y petróleo soviéticos en proyectos descabellados o en guerras civiles por África.

De golpe, la nación cayó a las puertas de la indigencia. Ese retroceso violento de la economía causó estragos en el deporte. El régimen pretendió salvar los muebles y, contra viento y marea, mantuvo los clásicos nacionales de béisbol.

Pero esa crisis económica, que dura ya 21 años, incitó la fuga de jugadores brillantes que deseaban ganar salarios de seis ceros en los Estados Unidos. El goteo de deserciones ha sido contínuo. Más de 320 peloteros se han marchado de Cuba para jugar como profesionales y ganar dinero. Y no se van jugadores mediocres. Hoy en circuitos rentados compiten peloteros talentosos como el lanzador zurdo Aroldis Chapman en los rojos de Cincinnati, el inicialista de los Angelinos Kendrys Morales o el short stop de los Bravos de Atlanta Yunel Escobar.

Castro pudo revertir la huída de peloteros tirando abajo claúsulas obsoletas que impiden a deportistas cubanos firmar por clubes extranjeros. Quizás Raúl Castro, actual presidente, se dé cuenta que manteniendo la obcecada política se pierde más de lo que se gana.

En los lineamentos económicos emanados del VI Congreso del partido comunista se contempla estudiar la posibilidad de que clubes foráneos contraten a atletas de la isla. Mientras los leguleyos analizan estrategias, cada año decenas de deportistas planifican sus deserciones.

Para intentar amortizar las ‘malas’ influencias del béisbol de Grandes Ligas y el baloncesto de la NBA, deportes-estrellas en Estados Unidos -el enemigo público número uno de Cuba-, los mandarines criollos han optado por difundir fútbol internacional, sobre todo de las ligas española, inglesa e italiana.

No está  mal. Todos aplauden poder ver en vivo y con una producción televisiva de primera una Eurocopa, Copa del Mundo, Champion League o clásicos entre el Barça y el Real Madrid. En estos momentos, existen 4 espacios televisivos semanales dedicados al fútbol mundial.

Los jóvenes entre 17 y 30 años conocen la biografía completa de Leo Messi, Cristiano Ronaldo o Andrés Iniesta. Y saben cotilleos del romance de Iker Casillas con su novia Sara Carbonero. O el affaire de Shakira con Gerard Piqué.

También, para intentar desviar la atención de las Grandes Ligas, por la tele divulgan en diferido carreras de motos y de Fórmula Uno; baloncesto de la ACB española; torneos de tenis y hasta deportes extremos y excéntricos.

Se trasmite de todo, menos del béisbol estadounidense. A la caída en picada de la calidad de los torneos nacionales, se suma que en ningún medio local se informa del acontecer beisbolero en Asia y otros países de América.

Esto ha provocado que a niños y adolescentes les esté gustando más el fútbol internacional que la pelota. Muchos se pintan el rostro con la bandera española o alemana para ver un encuentro. Pagan una cantidad de dinero que excede tres veces el salario de sus padres, para hacerse con una camiseta azulgrana de Messi o blanca de Cristiano Ronaldo.

Si esa fiebre por el fútbol mundial se reflejara en una mayor calidad del fútbol nacional, bienvenida sea. Pero no. El balompié cubano sigue siendo un chiste de mal gusto. Once tipos rudos que intentan tocar un violín.

Ahora mismo se efectúa el campeonato nacional y los ‘expertos’ locales del fútbol foráneo ignoran sus resultados. Se saben de memoria las plantillas completas del Madrid, Barça, Milán o Manchester United, pero desconocen el once regular del equipo de su provincia.

Si al desconocimiento de la historia de 137 años de la pelota cubana, se añade el silencio sobre el béisbol internacional, al  al ritmo de una marcha fúnebre se está sepultando el deporte nacional. De seguir las actuales políticas de difusión, dentro de un cuarto de siglo, el béisbol será un deporte de segunda en Cuba. Y la culpa no la tendrá el embargo.

Iván García

Foto: Reuters. Messi celebra su gol en la final de la Liga de Campeones, donde el Barça le ganó 3-1 al Manchester, el 28 de mayo de 2011, en el estadio de Wembley, Londres.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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