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Cuba: Funerales al estilo de un reloj suizo
Cuba: Funerales al estilo de un reloj suizo

Cuba: Funerales al estilo de un reloj suizo

Cuando aún el tibio sol no calentaba el asfalto, José Duhalde, 76 años, con su andar encorvado, caminaba rumbo a la oficina de un taller de reparaciones de ómnibus en el reparto Naranjito, para estampar su rúbrica en un libro de condolencias abierto por las autoridades políticas de La Habana.

Duhalde asegura que le debe mucho a Fidel Castro. “En mi familia todos eran negros, casi analfabetos, que vivían de lavar ropa para la calle y vender hielo seco. Yo me hice profesional gracias a la revolución”, comenta en un susurro, intentando contener la emoción.

El viejo fidelista se vistió para la ocasión. Una estrujada camisa de miliciano y un reguero de medallas de calamina colgadas en el pecho, otorgadas por meritos productivos o militares.

Ni sus zapatos estropeados, la vivienda que pide a gritos una reparación o cada día romperse la cabeza en busca de comida, son motivos suficientes para que José Duhalde desapruebe la gestión de Fidel Castro cuando desde 1959 hasta 2006 estuvo al frente del gobierno.

Y es que la revolución liderada por el barbudo de Birán siempre fue más política que económica. “Mi’jo en economía el socialismo cubano es out por regla. Soy intolerante con los que piensan diferente. Hay quienes perdieron sus propiedades o les fusilaron a los padres. Esa gente tiene que odiar, supongo. Era una guerra y había que tomar una posición. Fidelno fue perfecto, pero puso a Cuba en el mapa y nos emancipó. Lo menos que pido es que respeten el dolor de los que creemos en la revolución. Toda esa pachanga que han armado en Miami es de muy mal gusto. Los muertos, del bando que sean, se respetan en su luto”, apunta José Almagro, 69 años, jubilado.

Como toda puesta en escena, y como la historiografía de la autocracia verde olivo es una gran obra de dramaturgia, la organización de los funerales funciona al estilo de un reloj suizo.

Más de mil locales fueron habilitados en todo el país. Además del libro de condolencias, convoyado, había otro, donde las personas deben firmar sí están de acuerdo con el concepto de Revolución definido por Fidel Castro en un discurso el 1 de mayo del año 2000.

Es una manera de comprometer a la ciudadanía con el proceso. Yuliano Pérez, 28 años, crítico abierto de los hermanos Castro, considera que “lo que importa al régimen es llenarse la boca después de los funerales y decir al mundo que millones de cubanos apoyan a la revolución. Esta gente da asco por sus burdas manipulaciones”.

Mientras algunas personas, casi todas adultas, no podían contener las lagrimas, la actitud de la mayoría de jóvenes era diferente. Cientos de estudiantes de preuniversitario, con sus uniformes azules, hacían una larga fila para estampar su firma en el libro de condolencias situado en el Memorial José Martí, en la mítica Plaza de la Revolución, epicentro de los más importantes discursos de Fidel Castro.

Entre risas apenas disimuladas, intercambiaban música por Zapya o charlaban sobre el cantante colombiano Maluma, de moda en la Isla, o los resultados de los últimos partidos de los clubes españoles de fútbol.

Un joven con el pelo teñido de rubio intentaba poner orden. “Asere, un poco más de respecto, aquí hay cámaras de seguridad por donde quiera y nos pueden llamar la atención”.

Al entrar al Memorial el paso era rápido. La gente aprovechaba para tirar fotos o filmar videos con sus celulares e intentaba descubrir dónde estaban las cenizas del Comandante.

La guardia de honor, a cargo dirigentes y miembros del partido, se relevaba cada una hora, pero los restos de Fidel no descansaban allí. “Es una falta de respeto al pueblo que está haciendo cola de dos o más horas, bajo el sol, para rendirle tributo a fotos y medallas de Fidel, que seguro no son las originales. Sí, muchas flores bonitas, pero la verdad que esta gente (régimen) si no llegan, se pasan”, dice molesto un señor canoso mientras camina por la calle Ayestarán.

Y es que a los cubanos, cuando asisten a un funeral, les gusta detenerse a observar el féretro. Pero las cenizas de Fidel Castro fueron colocadas en el Salón Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas, edificio situado a menos de cien metros del Mausoleo de José Martí.

“Quizás tengan temor que algún loco quisiera robarse las cenizas. No sé, pero no tiene ninguna lógica hacer ese paripé en la Plaza, no ya sin el cadáver, porque fue incinerado, si no con la urna funeraria con las cenizas», expresa una mujer que dijo ser ama de casa.

En varias secundarias de La Habana, como María Eugenia de Hostos, que estaban en pruebas, optaron por llevar el libro de condolencias al la escuela.

En el matutino, luego del habitual panegírico a Fidel, a cargo de la directora, los alumnos comenzaron a firmar el libro. A ratos los directivos pedían respeto, por las risas y conversaciones.

Y es que para la inmensa mayoría de los adolescentes cubanos, Fidel Castro fue un tipo distante. Ellos no se sienten herederos de su legado. Por el contrario. Crecieron escuchando a sus familiares criticar su ego arrollador y lo mal que administró el país.
Aunque para ancianos como José Duhalde, esos fallos no tienen demasiada relevancia.

Iván García
Martí Noticias, 30 de noviembre de 2016.

Foto de Reuters tomada de The Indian Express.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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