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Cuba: esperando los cruceros

Una tarde calurosa de septiembre llegó una brigada de desguace de Habaguanex, y en poco más de dos horas, desmanteló los tubos de aluminio y toldos de tres bares al aire libre en la Avenida del Puerto, donde habaneros y turistas solían beber cerveza o comer pollo frito entre músicos ambulantes y prostitutas a la caza de clientes.

El olor a fritanga se combinaba con los pregones de vendedores ocasionales y el nauseabundo olor de la contaminada bahía habanera. Precisamente el derrame de residuos fue el pretexto de los mandarines que controlan la caja de caudales en la parte antigua de la ciudad, para desmontar el tinglado gastronómico, un par de baños portátiles y, de paso, enviar al paro a tres docenas de trabajadores. Pero los verdaderos intereses eran otros.

Llamémosle Mario, un burócrata de la corporación Habaguanex, cuenta: “Los negocios adyacentes al puerto son controlados por empresas militares. Desde el alquiler y gravámenes en el viejo almacén de San José, ahora reconvertido en un mercado de artesanías, hasta hostales, café, restaurantes y tiendas. Existe un plan maestro para convertir el puerto en una plaza turística que ofrezca esparcimientos y servicios a los excursionistas de cruceros”.

En 2014, otro antiguo almacén de la zona portuaria se transformó en una casa de cervezas. Y es inminente la inauguración de un paseo marítimo justo frente a la Alameda de Paula.

También se han reparado y ampliado tramos de la vía, se han plantado palmeras y colocado una iluminación moderna en el separador de la avenida. El área que ocupaban los bares ambulantes se despejó, para ofrecer mayor espacio a futuros turistas.

“Van a reubicarlos en otros sitios. Quieren que la vista que ofrece la entrada de la bahía y el Cristo de Casablanca no sea interferida. Para 2016 se espera recibir más de 70 mil turistas de cruceros”, señala Mario.

El régimen está apostando fuerte por el turismo de cruceros en Cuba. De la hoja de ruta del presidente Obama, interesada en empoderar a los emprendedores privados y a los cubanos de a pie, a la autocracia solo le importan aquellos negocios donde el gestor sea el Estado.

O para ser más exacto, las empresas militares. Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno de Raúl Castro (aunque algunos rumores indican que se separó de su hija Deborah), es una especie de Martín Borman tropical que maneja el tesoro del tejido empresarial del ejército al mando del holding GAESA.

Indagar o conocer el volumen de dinero que manejan y cómo se utilizan esos fondos es secreto de Estado. Los generales reconvertidos en hombres de negocios han sustituido sus uniformes por guayaberas blancas. El 80 por ciento del Consejo de Estado y los principales puestos en la economía nacional son controlados por las fuerzas armadas.

Después que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos concediera licencias para que reconocidas compañías de crucero puedan tocar puertos cubanos, los halcones se frotan las manos.

Raúl Castro es un experto del camuflaje de intenciones. También ha sido hábil en desmontar, piedra a piedra, el pernicioso voluntarismo de su hermano. Cambió los muebles, pero mantiene el decorado.

Al igual que Fidel Castro, ha potenciado mecanismos paralelos en la economía y cotos privados donde sus presupuestos no se discuten en el dócil parlamento local.

Castro I fue un acérrimo enemigo de los cruceros y los prohibió en 2005. Argumentó que eran una horda de turistas borrachos con poco dinero que ensuciaban la bahía (aún más) con latas de cerveza y otros desechos.

Pero el comando de Raúl Castro piensa diferente. El proyecto a mediano plazo es que los turistas estadounidenses sean un motor que catapulte a Cuba como la mayor potencia turística del Caribe.

Aunque la actual infraestructura hotelera no satisface la demanda. “Cada vez que arriba un crucero al puerto, desaparece la cerveza, el ron y el agua mineral de las tiendas en la Habana Vieja. Alucinamos con la idea de que cuatro o cinco millones de americanos viajen a la isla, pero no hemos invertido lo suficiente en alojamientos ni servicios ”, señala Fernando, funcionario de turismo.

El 17-D ha dejado en tanga al aparato propagandístico del castrismo. Durante décadas, vendió la narrativa de que la revolución era de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Pero un grupo de medidas dictadas por Raúl Castro lo pone en entredicho. Si alguien ha sido el gran perdedor de las tímidas reformas económicas en los últimos ocho años han sido los más pobres, sobre todo los ancianos.

Sin ruborizarse, la autocracia verde olivo ha implementado medidas impopulares que perjudican a la población.

Las tasas impositivas de la Aduana, el gravamen estratosférico a las mercancías vendidas en las tiendas por divisas y favorecer el turismo de cruceros sobre el transporte por ferry entre La Habana y la Florida, que permitiría un mayor trasiego de bienes que aliviarían las penurias de muchas familias cubanas, es una evidencia de que el régimen gobierna solo pensando en sus beneficios corporativos.

La Casa Blanca ha emitido más de 15 “licencias específicas” para servicios de ferry de pasajeros a Cuba, pero no podrán operar de manera inmediata porque hace falta “crear infraestructuras” en la isla, afirmaron a principios de octubre fuentes del Ministerio de Transporte.

En una clara táctica dilatoria, las autoridades alegan que necesitan tiempo para crear una infraestructura adecuada para recibir ferris. José Ignacio, experto en servicios portuarios, piensa diferente.

“Es una contradicción que el gobierno diga que no tiene infraestructura para recibir ferris y salten de alegría por el arribo futuro de cruceros. La realidad es simple: los cruceros dejan dólares constante y sonante. Los ferris, por ser más económicos y poder acarrear hasta 200 libras por pasajero, potenciarían los viajes de cubanos radicados en Miami que con sus paquetes benefician a sus parientes. La estrategia oficial es que se envíe todo el dinero que se quiera, para que la gente se vea obligado a comprar en tiendas del Estado”, afirma José Ignacio.

Bajo cuerda, en Cuba se edifica un mercantilismo estatal regido por el silencio y la falta de transparencia. El peor capitalismo posible.

Iván García

Foto: Crucero académico M. V. Explorer de Estados Unidos. Luego de un periplo por 17 países, el destino final de 624 estudiantes procedentes de 248 universidades estadounidenses fue el Puerto de La Habana. Tomada de Martí Noticias.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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