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Antonio G. Rodiles, Regina Coyula e Iván García en un panel sobre periodismo independiente en Cuba

¿Crisis en la disidencia cubana?

Los egos y los protagonismos están proyectando un panorama incierto dentro de la oposición pacífica en Cuba. Es como una orquesta sinfónica sin director, donde los instrumentistas tocan a su aire.

No es por falta de programas políticos que los activistas cubanos ceden espacio. Sobran ideas, proyectos y plataformas de cara a un cambio democrático. Unos son más coherentes que otros.

Y aunque todas las plataformas y partidos políticos tienen derecho a tener sus doctrinas y programas, la realidad en Cuba viene demostrando la inoperancia de las tesis disidentes.

Nacen deformadas por una cuestión de génesis. No tienen apoyo popular. Cada vez menos son cintillos en medios de la Florida, en la prensa española o la BBC.

Desde luego, ser opositor en la Isla es un acto de valor incuestionable. Flota en el aire de la República una tenebrosa ley que sanciona con hasta veinte años tras las rejas a quienes se oponen al régimen o escriben sin mandato.

Pero la represión, feroz o sutil, la falta de espacio público ha transformado a la disidencia en un grupo de tertulianos de café, sin soporte en sus vecindarios.

La muestra de su incompetencia es la falta de sintonía con el cubano de a pie. Nunca antes en 55 años del gobierno de los hermanos Castro, el porcentaje de desaprobación ha sido tan alta entre la ciudadanía.

Cualquier encuesta o conversación con la gente en la calle sirve para confirmarlo. Pero ha faltado proselitismo político para encausar y organizar ese enojo.

Los intereses son desiguales aunque suenen análogos. Carlos, carpintero, también quiere democracia. Siente que la autocracia militar le ha estafado el futuro de su familia con promesas incumplidas. Pero no confía en el discurso y la narrativa de los opositores cubanos.

En los viejos taxis de La Habana, en las colas para hacer gestiones burocráticas o en un estadio de béisbol, la gente te habla sin afeites de un cambio radical que mejore la economía y su precaria calidad de vida.

Algunos han leído o escuchado hablar de un documento opositor. Pero no les entusiasman. Lo ven tan distante como un ministro. A pesar que los disidentes son sus vecinos en la misma cuadra, poco han hecho en favor de su barrio o municipio.

Están desconectados, igual que un cosmonauta de la tierra. El mundo particular de la disidencia es generar noticias, reportar reuniones, hacer propuestas o denunciar abusos policiales, pero carecen de una base de calado para convertirse en actores legítimos de cara al futuro que se nos viene encima.

La suerte de la Isla se decide en los próximos cinco años. Quizás antes. La Unión Europea, Estados Unidos y América Latina, en su gran mayoría, también apuestan por una Cuba democrática.

Pero la materia prima opositora para gestionar ese futuro es endeble. Entonces la estrategia de la comunidad internacional es pactar una transición estrafalaria del totalitarismo al autoritarismo con partidarios de los Castro. Según su percepción, es la vía menos mala.

Por cuestiones que van desde la represión a la sinvergüencería, la oposición ha degenerado en una disidencia golondrina que a la primera de cambio pide asilo político, preferentemente en Estados Unidos.

Los que se quedan son tenaces, pero se han acomodado a las reglas de juego dictadas por el régimen. Hay una ley no escrita de lo que se puede hacer dentro del realismo mágico de la autocracia.

Los ancianos gobernantes han pasado de un sistema anacrónico y totalitario a otro autoritario con un barniz de modernidad y leyes más flexibles.

En 2014 no se va preso por escribir notas críticas en contra del gobierno. Lo más que te puede pasar es una detención de corto plazo en una mazmorra policial, un acto de repudio o un gaznatón en la vía pública por un sicario enfadado.

Según las circunstancias, a la disidencia le permiten realizar tertulias, foros y debates en domicilios particulares. Desde hace dos años, solo por disentir, en la cárcel duermen, a la espera de juicio, Sonia Garro y su esposo Ramón Alejandro Muñoz, los dos de la raza negra. Otra docena de activistas también son reos o aguardan ser sentenciados.

Pero el campo de juego hoy es mucho más amplio que antes de 2003. Desde febrero de 2013, a la mayoría de los opositores y periodistas independientes se les permite viajar al exterior.

Una oportunidad de oro para hacer lobby político más efectivo. Y que no la están aprovechando. Todo se queda en encuentros estériles. Probablemente el programa más coherente es el que lidera Antonio G. Rodiles con su Demanda ciudadana Por otra Cuba (http://www.porotracuba.org/demanda-ciudadana-por-otra-cuba-2/).

Es razonable, porque tiene asidero en la realidad y no en la ciencia ficción política de otros grupos con sus llamamientos descabellados. Rodiles viene utilizando una lógica primaria.

Si deseamos que Cuba cambie, el gobierno debe ratificar los Pactos Internacionales de la ONU firmados en 2008. Ésa es la puerta de entrada para legalizar una futura sociedad civil donde además de libertades y derechos humanos, exista pluralismo político.

Todos los opositores debieran apoyar a Rodiles y la campaña Por otra Cuba. Pero priman los egos y los protagonismos. Cada líder disidente se rodea de una nube de adláteres que defienden su proyecto como si fuese un islote asediado.

A su vez, atacan y desacreditan las propuestas del contrario. Lo peor de esas riñas arteras es que no generan ninguna propuesta creíble. Solo fanfarronerías y perogrulladas. Detrás están los servicios especiales con su estrategia de dividir.

Lamentablemente, las Damas de Blanco, una organización que con sus marchas callejeras en 2010 obligó al gobierno a liberar 75 disidentes encarcelados en la Primavera de 2003, se ha venido escindiendo por intrigas y personalismos desmedidos.

El desguace también alcanza a otros grupos disidentes. Más que crisis interna o de liderazgo, la oposición cubana padece de inmovilismo e incapacidad para aglutinar a los ciudadanos.

Cuando leo que algunos grupos opositores afirman contar con el apoyo de miles de seguidores, no sé si enojarme o sonreír. Cualquier evento que desencadene una protesta masiva solo necesita líderes capaces. Y es lo que nos está faltando.

Iván García

Foto: Antonio G. Rodiles, Regina Coyula e Iván García en un panel sobre periodismo independiente en Cuba organizado por Estado de Sats en La Habana, el 4 de septiembre de 2014.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

2 comments

  1. Ivan, pero usted no menciona que la forma idonea que toda oposicion politica tiene para llegar al resto de la comunidad y arrastrar pueblo a su proyecto es el contar con medios de prensa, de tv y radiales para dar a conocer sus ideas, y a esos medios no se tiene acceso porque son ferreamente controlados por el oficialismo.
    De todas formas entiendo que tambien el proselitismo puede ser de casa en casa en el vecindario pero el sistema de delacion generalizado pone trabas, pero hay que arriesgarse y es muy lento en comparacion con la posibilidad de acceder a los medios masivos que, como todos sabemos, esta en manos de la represion.

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