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Cómo terminó la libertad de expresión en Cuba

Durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), el gobierno intentó controlar la prensa, además de por la censura directa, por sobornos a periodistas, por concesiones a dueños de empresas y por intimidación. Era difícil que tantos periódicos y estaciones de radio y televisión pudieran subsistir sin otros ingresos que los de la venta de anuncios, circulación y programas. En la ciudad de La Habana, con un millón de habitantes entonces, había más de 20 periódicos importantes, más de 30 radioemisoras y 5 empresas de televisión, cantidad muy superior a otras capitales del mundo.

Con la caída de Batista, el 1 de enero de 1959, dejó de existir un buen número de periódicos que pertenecían a figuras del gobierno o habían estado estrechamente vinculados a ellas. Cuando algunos empezaron a disentir, el gobierno de Fidel Castro recurrió a la denuncia pública, intimidando a los comerciantes e industriales, para que dejaran de favorecerlos y, desde luego, suprimiendo todos los anuncios oficiales. Otro procedimiento fue el de crear perturbaciones internas por medio de empleados y obreros, y de las asociaciones de periodistas que ya controlaba el gobierno.

Los primeros meses de Castro en el poder se caracterizaron por la ambigüedad. El principal motor de esa confusión fue el propio Fidel Castro. En una entrevista por televisión, el 2 de abril de 1959, declaró: “Perseguir al católico porque es católico, perseguir al protestante porque es protestante, perseguir al masón porque es masón, perseguir al rotario porque es rotario, perseguir a La Marina porque sea un periódico de tendencia derechista, o perseguir a otro porque es de tendencia izquierdista, a uno porque es radical y de extrema derecha y a otro porque es de extrema izquierda, yo no lo concibo, no lo hará la revolución. Lo democrático es lo que estamos haciendo nosotros: respetar todas las ideas. Cuando se comienza por cerrar un periódico, ningún periódico puede sentirse con seguridad; cuando se comienza a perseguir a un hombre por sus ideas políticas, nadie puede sentirse seguro”.

Pero a pesar de estas palabras, ya se habían clausurado o estaban amenazados algunos periódicos independientes. Aprovechando la influencia que tenían las autoridades en el Colegio Provincial de Periodistas de La Habana, el 26 de diciembre de 1959, los miembros de ese organismo acordaron imponer sobre todas las publicaciones periódicas la obligación de incluir en ellas, en forma de aclaraciones o apostillas, críticas a los editoriales y a las noticias que no estaban de acuerdo con el gobierno.

Los periódicos Información y Diario de la Marina recurrieron al Tribunal Supremo por aquella violación de la ley, pero por una cuestión de forma, no se aceptó el recurso. Uno de los magistrados, Miguel Márquez y de la Cerra, emitió un voto particular en que decía: “Entiendo que la medida recurrida, sobre todo en cuanto que, apart’andose de las informaciones cablegráficas, acota los criterios editoriales de los periódicos, representa un daño moral que, en todo caso sería irreparable resarcimiento, desde el momento que representa o pudiera representar una limitación de la libre emisión del pensamiento”.

Un mes más tarde, cuando el periódico Avance se negó a publicar aquellas aclaraciones o  “coletillas” (así fueron denominadas), alegando la libertad de expresión e información estipulada en la Ley Fundamental, fue tomado violentamente por un grupo de empleados simpatizantes del régimen sin que la fuerza pública tratara de impedirlo. Fidel Castro aprobó aquel hecho y en un discurso atacó al director de ese periódico y a dos de sus principales redactores, los que se vieron obligados a abandonar el país.

Similar destino al del periódico Avance tuvieron algunas estaciones de radio y de televisión. El circuito CMQ, el más poderoso, cayó en manos del gobierno cuando se intervino, aduciendo un conflicto laboral. Con el fin de “consolidar la revolución y orientar al pueblo”, se creó un organismo llamado Frente Independiente de Emisoras Libres (FIDEL eran las siglas), que logró someter por diversos medios las empresas de radio y televisión.

Por esos ataques a la prensa radial y escrita, la Sociedad Interamericana de Prensa, desde Montego Bay, Jamaica, donde estaba reunida, el 19 de marzo de 1960 declaró: “En Cuba, donde hace un año hubo regocijo por que la prensa una vez más había recuperado la libertad después de la fuga del dictador Batista, esa misma prensa se ve ahora frente a decomisos, confiscaciones y colectivización. La campaña también ha producido un estado de intimidación y posibles daños para la seguridad personal de los directores, que son públicamente denunciados por voceros del gobierno como contrarrevolucionarios, porque expresan opiniones disidentes que no son del agrado de los que gobiernan hoy en Cuba”.

Las más grandes campañas contra la libertad de expresión las hicieron los periódicos Hoy, del Partido Socialista Popular (comunista), y Revolución, órgano del Movimiento 26 de Julio. Entre los pocos periódicos independientes que seguían circulando se encontraban Prensa Libre y el Diario de la Marina. Una somera lectura de los ataques de Revolución, en los días que precedieron y sucedieron a la desaparición de esos periódicos, pone en evidencia el propósito del gobierno de acabar con la libertad de expresión. En marzo de 1960, empleando la fórmula simplista de lo ‘revolucionario y lo contrarrevolucionario’ el periódico Revolución decía:

“Los periódicos y los voceros que últimamente han colocado el fantasma del comunismo en el centro de su preocupación editorial e informativa, no hacen más que cumplir dentro de Cuba el rol asignado a los cómplices de la intervención extranjera. La contienda planteada en Cuba es entre los humildes, los desheredados y sus explotadores, entre los ladrones y los hombres honestos; entre patriotas y traidores, entre los que aman a su patria y los que se alían a sus enemigos para cerrarla y embrutecerla. Que cada cual escoja. Pero que cada cual asuma la responsabilidad de su decisión”.

A pesar de las denuncias y amenazas, el Diario de la Mariana siguió expresando sus opiniones, cada vez más discordantes con la línea oficial del gobierno. Basta revisar los titulares de los días que precedieron su clausura para comprender el estado a que habían llegado las cosas, y los motivos que impulsaron al gobierno a clausurarlo. El 1 de mayo de 1960 aparece un editorial (El artista en un estado comunista), donde se critica la sumisión de la cultura en los países tras la cortina de hierro. Y como ese día se celebraba el Día Internacional del Trabajo, aparece otro titulado “El primero de mayo también es cristiano”. Al día siguiente, un artículo se titula “La verdad anda en prisiones” y el editorial habla de los “Riesgos de las negociaciones con Rusia”. En una página interior se da esta noticia: “Guardan prisión actualmente en La Cabaña 576 personas. La gran mayoría de ellas aún está pendiente de la celebración del juicio”.

El 5 de mayo, el editorial lleva por título “Trabajo libre y trabajo esclavo. El retraso de los países socialistas”. En otra columna dan esta noticia: “Afirman la AFL y la CIO que el actual régimen cubano pone en peligro la paz hemisférica”. En otra, comenta desfavorablemente “La situación de los obreros en Rusia” y más adelante aparece un trabajo sobre “Lo que de verdad ocurriría si triunfara la revolución comunista”. En los números de esos días aparecen caricaturas anticomunistas y se lleva la cuenta de las “coletillas” que tienen que imprimir los periódicos. El 1 de mayo se cuentan las siguientes: 5 en Información, 6 en Prensa Libre, 5 en El Crisol, 6 en el Diario de la Marina, y cero en Revolución, Hoy, La Calle, El Mundo y Avance.

No pudiendo soportar aquellos ataques, el gobierno utilizó todos los organismos apropiados para provocar el cierre del Diario de la Marina. El 11 de mayo los obreros que estaban con Castro hicieron publicar en primera página esta declaración A la Opinión Pública: “Como es de todos sabido, el señor José Ignacio Rivero, director de esta periódico, está en franca actitud conspirativa y contrarrevolucionaria. El plan del señor Rivero consiste en provocar al pueblo y de ese modo buscar un falso argumento que haga aparecer que este periódico ha caído agredido por la revolución. En la prosecución de ese plan, el señor Rivero preparó un documento en el que recogió firmas de determinados trabajadores del Diario y le hizo cambios al texto después de estar firmado, para hacer aparecer a los obreros, empleados y periodistas del Diario como enemigos de la revolución. Con ese motivo, gran cantidad de hombres que trabajan aquí y no comparten el criterio del seño Rivero, sino que todo lo contrario, están de acuerdo con la revolución, hicieron un manifiesto en que mantenían sus puntos de vista. Ayer el señor Rivero se negó a sacar el Diario, motivo por el cual los obreros hemos decidido imprimirlo bajo nuestra responsabilidad, aunque sin cambiarle al periódico su status habitual”.

Complacido con esta víctima de sus ataques, el 12 de mayo el periódico Revolución decía a sus lectores: “A partir de hoy ha dejado de existir como vocero de las peores causas el ‘único mal que duró más de cien años’. Y en ese mismo número centran los ataques contra Prensa Libre. El editorial del día siguiente preparaba la caída de Prensa Libre con estos comentarios: “En Cuba no hay hoy más que dos caminos. El de la revolución y el de la contrarrevolución. Son dos caminos irreconciliables. Hoy se está con Cuba o se está contra Cuba. Quien defienda la Marina ofende la memoria de Martí. Quien defiende la Marina, defiende a Hitler, a Mussolini y a Franco. Prensa Libre hace bastante rato que está recorriendo el mismo camino. El camino de combatir a la revolución”.

Humberto Medrano, subdirector de Prensa Libre, contestó desde su columna editorial a Revolución, aludiendo al entierro simbólico que elementos castristas y comunistas habían hecho del Diario de la Marina en la Universidad de La Habana: “Es doloroso ver enterrar la libertad del pensamiento en un centro de cultura. Es como ver enterrar un código en un tribunal de justicia. Porque lo que se enterró anoche en la Colina Universitaria no fue un periódico determinado. Se enterró simbólicamente la libertad de pensar y de decir lo que se piensa”.

Otro artículo desafiante pudo salir en Prensa Libre antes de que fuera ocupado por un grupo de obreros adictos al régimen y de milicianos armados. Lo escribió Luis Aguilar León y se titulaba La hora de la unanimidad.

Poco después, Revolución pasó a los talleres de Prensa Libre, y los de Revolución les fueron cedidos al periódico Hoy. El 21 de julio de 1960 se dio la noticia de que la revista Bohemia también había caído en manos del gobierno. En su primera página, Revolución publicó: “Mañana, viernes, como de costumbre, la revista Bohemia estará en la calle como un pregón de entusiasmo y lucha. Editada ahora por el personal de ese centro de trabajo, periodistas y gráficos, y bajo la dirección de Enrique de la Osa, Bohemia inicia con este número una nueva y fecunda etapa. Y habrá de poner mayor énfasis editorial e informativo en la defensa de los intereses nacionales vinculados indisolublemente al acontecer revolucionario”.

Así terminó la libertad de expresión en Cuba. La Escuela de Periodismo cambió su nombre y su personal. Su propósito era cambiar el pensamiento del cubano, convertir a la prensa en un instrumento del Partido. Se había logrado lo que Agustín Tamargo contestó a Castro, meses antes, cuando lo atacó por la televisión, acusándolo de reaccionario, le dijo: “Comandante Castro, no seguiré siendo periodista porque usted no quiere periodistas, usted lo que quiere son discos fonográficos”. Había llegado “la hora de la unanimidad”.

Fragmentos de La prensa en Cuba: 1952-1960. Leer completo aquí.

Foto: Andrew St. George, revista Life.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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