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Cómo recuerdo la Primavera Negra de 2003
Casa de la Cultura, en Carmen y 10 de Octubre, en la Plaza Roja de la Víbora

Cómo recuerdo la Primavera Negra de 2003

A mediados de febrero de 2003, un mes antes de la oleada represiva contra la disidencia cubana, pasadas las 9 de la mañana demoré casi una hora en poder abordar un ómnibus de la ruta 100, que entonces iniciaba su recorrido en la esquina de Diez de Octubre y O’Farrill, en La Víbora, y terminaba en el Reparto Naútico, municipio Playa.

El transporte público, asignatura pendiente del régimen, era caótico. Mi destino era la casa de Ricardo González Alfonso, en Calle 86 entre 7ma. y 9na, Miramar, al oeste de la capital, para entregar un par de notas que luego serían publicadas en la revista De Cuba, elaborada íntegramente en La Habana.

En el bolsillo llevaba 40 pesos: 20 para regresar a La Víbora en un taxi particular y el resto del dinero para almorzar una pizza. El trayecto en la ruta 100 fue entre empujones y malas palabras. Me bajé en la parada del Hotel Comodoro, en 3ra. y 84, y en una cafetería privada que había antes de llegar a la 5ta. Avenida compré una pizza napolitana.

Luego seguí rumbo al domicilio de Ricardo, una suerte de redacción ambulante de Cuba Press, la más profesional agencia de prensa independiente que había en Cuba, dirigida por el poeta y periodista Raúl Rivero.

Ricardo era un buen tipo. Exigente con el trabajo, siempre estaba detrás de los periodistas para que entregáramos dos artículos semanales. Su vivienda se utilizaba también como taller de prensa, tertulias literarias o políticas, siempre con un termo de café. Allí, Raúl Rivero impartió clases de periodismo y sirvió de set de entrevistas con la prensa extranjera.

Fue en el hogar de Ricardo donde en el año 2000 se fundó la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling, que agrupó a la mayoría de los corresponsales libres de Cuba y donde se gestó la revista De Cuba. El primer número salió en diciembre de 2002 y el segundo en febrero de 2003.

Los periodistas Luis Cino, amigo en las buenas y en las malas, junto a Claudia Márquez y Ricardo, eran los encargados de la selección, edición y maquetación de los textos.

En una jornada, en esa casa de Miramar se llegaban a reunir de diez a quince reporteros, casi todos con vasta experiencia en la prensa oficial. Los más inexpertos siempre recibimos buenos consejos de periodistas de raza como Raúl Rivero, Ana Luisa López Baeza, Iria González Rodiles, Tania Quintero o el propio Ricardo González Alfonso.

El acoso y represión de la Seguridad del Estado formaba parte de la vida cotidiana. Puntualmente denunciábamos en Radio Martí el despojo de dinero o material de trabajo, las citaciones y amenazas del G-2. Recuerdo que por aquellos días de febrero de 2003, hablando con Luis Cino le conté que un tipo de la Seguridad que decía nombrarse Jesús, en la esquina de la llamada Plaza Roja de La Víbora, montado en una moto Suzuki, me había dicho: “A ustedes les queda poco”. No le presté particular atención.

La represión era constante y a toda hora. Los medios oficialistas creaban el escenario de la futura razzia contra 75 opositores pacíficos, entre ellos 27 periodistas independientes, publicando vitriólicos editoriales contra la oposición. Por las noches, yo bajaba el audio del televisor en blanco y negro para que mi abuela, mi hermana y mi sobrina de 8 años no fueran a escuchar, por si era mencionado, el nombre de mi madre, Tania Quintero, ni las amenazas públicas de Fidel Castro contra la oposición.

Entonces, Castro se pasaba horas leyendo reportes y citando nombres de periodistas y activistas disidentes que asistían a recepciones y visitaban embajadas europeas o la Sección de Intereses de Estados Unidos. En el ambiente se olía que algo iba a pasar. Tania y yo andábamos con una cuchara y un cepillo de dientes a cuestas, por si nos detenían.

El martes 18 marzo de 2003 tuve un día difícil. Vivía con mi madre, mi abuela, mi hermana y mi sobrina en La Víbora, había escrito un trabajo para Encuentro en la Red y debía buscar la manera de enviarlo. Pero en el Reparto Sevillano tenía una hija de poco más de un mes de nacida y por la tarde, cuando pasé a verla, la mamá estaba muerta de cansancio pues la niña solía darle malas noches. Decidí quedarme, para que ella pudiera descansar.

Sentado con la bebita en un sillón estuve hasta las 12 de la noche, cuando se quedó dormida. La puse en la cuna, me despedí de la madre y cuando me dirigía a mi casa, por la calle San Miguel, me llamó la atención que Villa Marista, el cuartel de la policía política, estaba completamente iluminado.

Los disidentes más veteranos decían que cuando ‘todas las luces de Villa Marista están prendidas, es que algo malo está ocurriendo o va a ocurrir’.

En un timbiriche en la Avenida Acosta, me comí dos frituras de harina y un refresco instantáneo de piña. Cuando doblé por la esquina de Diez de Octubre y Carmen y estaba llegando a los bajos de nuestro apartamento en un primer piso, veo a Tania haciéndome señas desde la terraza. Me paro y en voz baja me dice: “Iván, d etuvieron a varios opositores y periodistas independientes. En cualquier momento vienen a buscarnos”. Sentí un escalofrío de miedo.

Respiré hondo, subí apresuradamente las escaleras, Tania me esperaba en la puerta y le dije: “Que pase lo que vaya a pasar. Mejor acostarnos y tratar de dormir porque la Seguridad inicia sus operativos a partir de las 5 o 6 de la mañana”. Los días posteriores fueron terribles. La lista de arrestados inicialmente fue de un centenar, después se quedó en 75.

Se comenta que el dictador hizo una cuenta de bodeguero y detuvo a 15 disidentes por cada uno de los 5 espías de la red Avispa que estaban presos en Estados Unidos. Los juicios fueron sumarios. Las sentencias de la fiscalía eran espantosas. A siete opositores se les pedía pena de muerte. Por suerte la autocracia no llegó a tanto.

En noviembre de 2003, Tania, mi hermana y mi sobrina se exiliaron en Suiza. El periodismo independiente quedó agonizante, pero no murió. Algunos continuaron escribiendo sin firmar los artículos. Otros esperaron que bajara la marea para volver a escribir.

Cinco años después, en 2008, el periodismo sin mordaza resurgió con fuerza. Apoyados en las nuevas tecnologías aparecieron diversos blogs contestatarios y se elevó la calidad de webs sobre temas cubanos radicadas dentro y fuera del país. Medios internacionales, como El Mundo, BBC y El País, entre otros, comenzaron a publicar colaboraciones de periodistas no oficiales. Fue el mejor escudo posible: el régimen se cuida de reprimir a quienes escriben en diarios influyentes de Europa y Estados Unidos.

Hoy, más de 250 reporteros, de diferentes tendencias, escriben de manera independiente desde la Isla. Sigue el acoso y la represión a la disidencia. Pero nunca al nivel de la Primavera Negra de 2003.

Quince años después, Cuba está más cerca que nunca de iniciar el camino hacia la democracia. Puede demorar seis meses o seis años. Pero va acontecer.

Iván García

Foto: La antigua Clínica Lourdes, hoy Casa de la Cultura, en Carmen y 10 de Octubre, en la Plaza Roja de la Víbora, queda muy cerca de mi domicilio. Tomada de Mapio.net.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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