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Cita nuevamente aplazada

Llovía a cántaros la mañana del 23 de febrero de 2003. El periodista independiente Pablo Pacheco y yo habíamos concertado una cita, en el céntrico Parque Central de La Habana.

Pacheco, residente en la provincia Ciego de Ávila, a casi 500 kilómetros de la capital, estaba de paso por la ciudad. Hablábamos mucho por teléfono sobre la familia y la política, pero sobre todo de deportes pues los escribíamos del tema en nuestras respectivas agencias de prensa alternativas. La lluvia impidió podernos conocer.

Cuando en los primeros días de marzo de 2003 me llamó, le dije: “En la próxima visita a La Habana nos conocemos”. No pudo ser. En la mañana del miércoles 19 de Marzo, Pablo Pacheco fue detenido por la policía política, enjuiciado y condenado a 20 años de cárcel.

Era uno de los 75 presos de conciencia de la primavera negra. Ya el mundo conoce el absurdo jurídico de sus casos. Hombres pacíficos cuyas armas era sus plumas y sus palabras. Y que a medida que iba pasando el tiempo, se iban convirtiendo en preciadas monedas de cambio para el gobierno de los Castro.

En la tarde del sábado 21 de febrero del 2009, casi seis años después, sonó el teléfono mientras escribía un post para mi blog Desde La Habana, sobre el próximo clásico de béisbol. Sorpresa. Era Pablo Pacheco desde la prisión de Canaleta en Ciego de Ávila.

Con buen ánimo, como si no hubiesen pasado seis largos años, sobre todo para Pacheco, que dormía cada noche tras los barrotes de una celda, me habló de su esposa, me leyó un par de poemas, sobre su hijo y un texto sobre la sociedad civil en Cuba.

Tuvo tiempo incluso de leerme una nota sobre el clásico de béisbol, que redactó en las aburridas y lentas horas en que transcurría su vida en prisión. Y pensé que ningún periódico del mundo o sitio de internet iba a publicar sus historias o poemas. Al igual que casi todos presos, escriben para sí mismos. Si acaso, para su familia y compañeros de infortunios.

Cuando colgué, las lágrimas asomaron a mis ojos. La última vez que había llorado fue el 25 de noviembre del 2003 cuando mi madre, mi hermana y mi sobrina, se marcharon al duro exilio en Suiza. Lloraba entonces al pensar que nunca más vería con vida a mi madre, con 61 años cuando se marchó de Cuba. Era un viaje con boleto de ida.

Ahora lloraba por un hombre de 40 años que no podía ver crecer a su único hijo por culpa de un gobierno intolerante. Y por la mala fortuna, cuando la lluvia me impidió conocer personalmente a mi amigo Pablo Pacheco el 23 de febrero de 2003.

Un año y cinco meses después, el 7 de julio del 2010, me llegó la buena noticia de que Pablo Pacheco iba ser excarcelado. Que viajaría a Madrid junto su esposa y el niño. “Por fin podré conocerlo personalmente”, pensé. Preparé mi mochila y me fui rumbo a Ciego de Ávila.

Pero la mala suerte me sigue rondando. El viaje fue en vano. La autoridades de La Habana piensan montar a Pablo Pacheco en el avión sin despedirse de nadie. Es probable que no podamos darnos un abrazo. La cita sigue aplazada.

Iván García

Foto: Al no poder retratarme con Pacheco, decidí entonces fotografiar los libros que él se llevará a España.

About admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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