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Cinco noches en un apartheid turístico de Cuba
Cinco noches en un apartheid turístico de Cuba

Cinco noches en un apartheid turístico de Cuba

Una tarde nublada de principios de julio, fui con mi hija a la oficina de reservaciones que radica en los bajos del hotel Habana Libre, para alquilar, a mediados de agosto, cinco noches en un hotel de Cayo Coco, al norte de la provincia Ciego Ávila, a unos 600 kilómetros al este de la capital.

Desde septiembre del año pasado comencé a ahorrar dinero. Un representante de turismo nos sugirió el Memories Flamenco Beach Resort. El precio es absolutamente prohibitivo para un cubano de a pie: 1,188 pesos convertibles, que cuando sumas el transporte, la cifra no baja de 1,290 cuc por cinco días de sol y playa.

El día de la salida, a la cuatro de la mañana estábamos con dos bolsos de mano y un maletín, a la espera del ómnibus que nos transportaría hasta Cayo Coco. Nos citaron en el parqueo de la sala deportiva Ramón Fonst, contiguo a la terminal de ómnibus interprovinciales, en el municipio Plaza de la Revolución.

En el oscuro lugar, una veintena de personas soñolientas desayunaban de prisa antes de abordar el ómnibus. Con puntualidad poco frecuente en Cuba, el bus pasó a recogernos a las cinco de la mañana.

El chofer, un tipo parco, con un corte de cabello estilo militar, recitó como una plegaria las instrucciones. “No se puede comer dentro de la guagua. Haremos dos paradas por el camino. Y los que tengan deseos de orinar me lo hacen saber, para detener el vehículo, pues no hay baño a bordo”.

El hombre estaba de mal humor o simplemente estaba apurado. El ómnibus de Gaviota, emporio de capitalismo militar en Cuba, rodaba por la autopista nacional a la velocidad de un vehículo de Fórmula Uno.

“Señor, queremos llegar vivos para disfrutar nuestras cortas vacaciones”, comentó un matrimonio de médicos que durante dos años trabajaron en parajes intricados del Brasil profundo.

Al menos para el turismo nacional, o por estar en plan de recortes, Gaviota no incluye un guía de turismo en el viaje. “Pa’qué. Se supone que los cubanos deben conocer de memoria su país”, dijo el chofer auxiliar, encogiéndose de hombros.

Desde el interior del ómnibus, cuando mirabas por las ventanas, el paisaje de la campiña cubana era lamentable. Ganado en los huesos deambulando hambrientos, marabú inundando tierras baldías y pequeños islotes sembrados de caña o plátanos.

Ya en las inmediaciones de Jagüey Grande no existe el famoso plan citrícola creado por Fidel Castro. Miles de hectáreas cubiertas de hierba sin un naranjal en pie señorean la zona.

“No digo yo si las naranjas tienen que costar dos pesos cada una. A la vuelta de tres años, de seguir el caos en la agricultura, conseguir una naranja será tan difícil como la carne de res”, comenta Joel, dueño de un pequeño negocio gastronómico familiar que rentó una habitación por tres noches en Cayo Coco.

Una de las paradas obligatorias fue en una finca campestre propiedad de Guillermo García, un guajiro analfabeto que bajó de la Sierra Maestra con grados de comandante y es conocido por sus rabietas y caprichos y por acumular más poder que un ministro, a pesar de no tener un curriculum profesional.

El ex guerrillero García es una especie de terrateniente ‘socialista’ que pasa olímpicamente por encima de las leyes nacionales. Es dueño de vallas de gallos, decenas de caballos de raza y bebe Chivas Regal como si fuera refresco.

Se desconocen informaciones ni existe ninguna transparencia, sobre la forma en que los fundadores de la revolución verde olivo gestionan el dinero público, incluida la empresa militar Gaviota. Cuba es una gerontocracia de amiguetes que tomaron el poder a punta de carabina y no creen que deban rendir cuentas a la ciudadanía.

Cerca de las tres de la tarde, el ómnibus de Gaviota llegó al hotel Memories Flamenco. En el papel es un hotel cinco estrellas. En la práctica, siendo condescendiente, sería un centro turístico de tres estrellas. Las autoridades de la industria sin humo en la Isla le ponen galones indebidos a sus hoteles con el objetivo de cobrar más caro.

El Memories Flamenco es un resort playero con una arquitectura a tono con su entorno y vegetación abundante. El servicio, de regular a pésimo. Para los turistas cubanos no hay coctel de bienvenida y la franja de playa repleta de piedras es espantosamente mala.

La comida parece plástica. No hay demasiada variedad y resulta incompresible que escaseen las frutas autóctonas. El personal gastronómico se esfuerza, pero la lentitud para atenderte en la mesa o servir el agua es pasmosa.

A este balneario no venga a comer pescados ni mariscos. De plato fuerte, pollo troceado, huevo en todas sus variantes, carnero, carne de cerdo y carne de res de segunda saturada de salsas y grasas.

Ya los turistas cubanos no suelen dar la nota como antaño, cuando cargaban con bolsas de comida y los platos repletos de carnes parecían edificios de cinco pisos.

Eso sí, desde que se bajan del ómnibus, comienza un maratón para beber cerveza, ron o whisky. Aunque los extranjeros no se quedan atrás. Sobre todo los rusos.

“Son casos para realizar experimentos científicos. Desayunan alcohol, almuerzan alcohol y cenan alcohol. No sé donde meten tanta bebida”, cuenta un cantinero.

Las actividades recreativas del hotel son variadas y atractivas. Las habitaciones confortables y las mucamas se esfuerzan por ser creativas a la hora de tender las camas.

Siempre es saludable descansar luego de un año de trabajo. Pero pagar por cinco noches el salario de cinco años de un profesional no está al alcance de muchos en Cuba.

Es la mala noticia. La buena, que el pasado 13 agosto, cumpleaños del autócrata Fidel Castro, en el hotel nadie se acordó de la fecha ni hubo un barraje mediático recordando al nonagenario ex guerrillero.

Es algo a tener en cuenta. En las instalaciones turísticas en la modalidad de ‘todo incluido’ no hay vallas publicitarias en favor del gobierno. Algo que los huéspedes cubanos agradecen.

Iván García

Hispanopost, 18 de agosto de 2016.

Foto: Entrada del hotel Memories Flamenco Beach Resort. Tomada del blog Andrew742.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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