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China: escenas personales

Mi experiencia en China tuvo también un lado personal muy interesante. El chino de a pie, muy emprendedor en Hong Kong, donde todo el mundo parece trabajar a toda hora, por lo general es completamente diferente al chino que por lo apático o miedoso se encuentra en la miseria en la China roja.

En Hong Kong, las personas con las cuales tuve oportunidad de intercambiar opiniones, pertenecían a diferentes clases sociales y nacionalidades: desde el empleado de un banco, a la ‘concierge’ de un hotel; desde la vendedora en un mercado tradicional, a la filipina que hace las veces de niñera; desde el taxista al refugiado vietnamita que regentea un modesto restaurant, o al joyero y al galerista. Las mujeres con su piel cuidada, bajo una perenne sombrilla para protegerse del sol; los ancianos, respetados y respetuosos. Los niños, de educación excelente y de modales correctos.

Esas personas en Hong Kong llevan una vida donde el trabajo es el medio para lograr progreso y placer. Ellos identifican al chino de “allá”, del otro lado de la cerca, como una persona que es el producto de un régimen que por más de 60 años ha destruido la cultura, el pensamiento, el lenguaje y la voluntad de todo un pueblo de más de mil millones de habitantes.

Y, naturalmente, no se identifican con el chino de China y se preguntan cómo es que sus seres queridos se han quedado atrapados en una sociedad que deforma al ser humano como un peso monstruoso sobre sus cabezas. No comprenden que el ser humano se haya prestado para ser el peor enemigo del ser humano, sirviendo de perro de presa a un régimen que les esclaviza a todos por igual.

No entienden cómo un ser humano puede caer tan bajo, de abusar de niños recién nacidos, llegando al abandono y el asesinato solo porque los mandarines han decretado que los esclavos pueden tener solo un hijo. No entienden cómo los ancianos son abandonados a su suerte por sus propios hijos, ni cómo se pueden vender niños en el campo. No entienden cómo se puede vivir en una sociedad cruel que es más enemiga del chino que todos los enemigos del chino creados por la propaganda gubernamental.

Solo hay que ver la cola de chinos que necesitan un plato de comida decente y caliente,y una muda ropa que no sea tres tallas más grande, que se tuestan al sol en la Plaza Tiananmen. No para protestar o para rebelarse, o para al menos llamar la atención del mundo, como los pocos -en comparación con la población de Pekín- que tuvieron los cojones de hacerlo en 1989. No, se estan tostando al sol en una cola para entrar al Mausoleo de Mao y rendirle homenaje al mayor asesino en serie que ha dado la humanidad, del cual el Che Guevara fue un alumno desventajado y mediocre.

Mao es la representación más diabólica que existe de la maldad humana. Mayor que Hitler y Stalin combinado, en términos de años en el poder, número absoluto de asesinatos -que la historia no se molesta en contar, ya que los muertos no fueron “blancos caucásicos” ni “americanos” ni “europeos”. Solo chinos y un número no despreciable de otros asiáticos.

Pero allí estan los chinos, muy disciplinados en esa cola (es la única cola donde no se meten delante de los demás o meten escándalos para traer una manada de familiares y ponerlos en primer lugar) y donde pagan por el Libro Rojo (se llamará así por la sangre derramada) escrito por el mismísimo Mao.

Ahora, peores que los chinos -teniendo en cuenta que la mayoría de los chinos no conoce más que el maoísmo de la vieja escuela como alternativa al maoísmo de la nueva escuela- son los occidentales y americanos a los que la figura de Mao tanto fascina.

Me encantaría saber qué hubiera pensado el mayor retratista de Mao que jamás ha existido, Andy Warhol, de lo que el ‘gran líder’ hizo con los homosexuales chinos: tortura, castración y tiro en la nuca. A lo mejor lo sabía, y a mí no me extrañaría que lo hubiera sabido, ya que muchos de los que siguen al Che Guevara no son ignorantes, sino que saben muy bien lo que hizo y así y todo lo siguen.

Peor aún que los chinos ignorantes y los occidentales cómplices son los chinos con poder: ésos sí que han visto mundo y saben lo bueno que es el jamón de verdad (y no el spam, que en China piensan que el spam es jamón chino) y lo bien que se vive en ese paraíso para esclavistas e infierno para los esclavos con la billetera llena de dólares y euros.

Existe una categoria aún peor, la de los disidentes permitidos, especialmente esos disidentes que vivieron durante los 80 en New York, se educaron en Pratt Institute y en Cooper Union, cuando nadie podía viajar fuera de China y menos a los Estados Unidos, si no era un gerifalte del partido o un hijo de un gerifalte del partido, pues una educación en arte es lo más ideológico que hay. El famoso disidente Ai Wei Wei, al que inclusive le permitieron hacer el Nido de Pájaros de las Olimpíadas 2008 junto a los suizos Herzog y de Meuron, es un ejemplo. El disidente Ai Wei Wei tiene una oficina donde trabajan varios extranjeros y quienes, al parecer, manejan su agenda y son los que organizan reuniones y visitas.

En Cantón conocí a un jovencito que quería ser rockero, pero “eso es imposible en este país”, me dijo. Conoci también a una chica que nos recordó los afortunados que eramos por “vivir en cualquier lugar que no sea China”. Ellos dos arriesgaban sus trabajos solo por hablar con extranjeros, ya que no trabajaban en ninguno de los lugares donde los extranjeros se presentan habitualmente. Como hecho a notar, el muchacho tenía solo 14 años y ya trabajaba, para poder sostener a su familia, todos considerados ‘desafectos’ y por tanto, él no podía ni siquiera soñar con estudiar en la universidad. La chica, recién cumplidos los 17, había sido expulsada de la educación superior por ‘problemas ideológicos’.
Es decir, por pertenecer a una familia “señalada” por los chivatos que le cuelgan una etiqueta a todo el mundo, con una efectividad impresionante.

Esta chica sueña con conocer a un extranjero que la saque de ahí, para cualquier país del mundo, aunque le parece que los Estados Unidos, Canadá o Australia serían alternativas muy viables para una joven como ella, que ha conseguido trabajo con un número de identidad ficticio en una empresa estadounidense. Vive cometiendo un delito para buscar una salida al imposible de vivir en un país que la rechaza y reprime, por medio de sus compatriotas, que tienen tan poco como ella, pero que no tienen el menor reparo en delatarla. Un sistema siniestro, donde la delación es una industria muy lucrativa y la represión es un deporte de masas.

En Pekín conocí a una señora muy digna en el parque que está entre la Ciudad Prohibida y la Plaza de  Tiananmen. La señora, como tantas señoras y señores de este mundo, se dedica a dar de comer a los bellos gatos que se ven en ese parque, los cuales  viven de la comida que esta pobre mujer les trae. Por esta afición, la señora es acosada a diario por la seguridad del estado. La conocí porque me acerqué al seguroso y le dije que la dejara tranquila, y al verme con una cámara y atuendo occidental, se alejó.

En su inglés chapurreado, la señora me dijo que ella vivía de hacer favores a los demás y de lo que éstos  le dieran. No me aceptó dinero para comprarle comida a los gatos, se va a la cama sin comer si es necesario, pero alimenta a sus gatos y lo mismo hace su esposo, a quien también conocí. Es un poeta no publicado y condenado al ostracismo, se dedica a vender poemas pintados con excelente caligrafía china sobre rectángulos de cartulina. Cuando lo vi ya no le quedaba ninguno, porque se los hubiera comprado todos.

Según me dijo, a veces se los compra algún turista de la izquierda trasnochada, un eurocomunista, o peor, un americano-obamista. Sin saber lo que dice el poema, claro. Pero se lo compran porque lo ven necesitado y hambriento. Y porque creen que son odas al sistema esclavista chino. Si nadie se los compra, se los quita la seguridad del estado. O se los compra la misma seguridad, para luego registrarle la casa y quitarle el dinero recaudado, con golpizas, amenazas de trabajos forzados, paseo en auto policial y detención en calabozo incluida.

No es que el poeta y su esposa vivan en una casa  propiamente dicha. Es una choza, detrás de un muro de dos metros y medio de alto que rodea un montón de casuchas que los nuevos mandarines prefieren tener lejos de la vista de los extranjeros. Ahí sobreviven como pueden los chinos ‘desafectos’, con mucho miedo y mucha vigilancia sobre ellos, en una miseria que uno no puede imaginar hasta que la ve y la palpa.

Este matrimonio del poeta y la dama de los gatos de mediana edad, aunque de apariencia muy anciana, y un adolescente al que también conocí en el parque y quiso retratarse conmigo para presumir ante sus amigos, me dijeron que por mi apariencia tendría que ser un ‘enemigo del estado’. Se comportaron con una impresionante dignidad, con una riqueza moral y espiritual que falta a la disidencia permitida en China.

Ellos son la representación del chino que ha perdido todo, menos la dignidad, y actúa con entereza bajo el sistema más represivo que el mundo ha conocido. Como ellos mismos me recordaron, Corea del Norte es solo una burda aplicación de los “principios” de Mao, sin engaños ni afeites. En China, por el contrario, no es necesario ni tener campos de trabajo, ni tener tanta dureza: basta con el esclavismo de estado. El autobús de las ejecuciones aún rueda por ahí, todavía existe. Meten al chino ‘enemigo del estado’, le dan un tiro en la nuca, le sacan la sangre y los órganos para el mercado (negro, gris o blanco) de sangre y órganos, y le pasan la cuenta a la familia por 0.29 centavos de dólar americano, que es lo que cuesta el balazo.

No esperen nada de una sociedad donde ancianos y  niños son maltratados y desechados a voluntad, donde la crueldad contra los seres más desvalidos, como los enfermos mentales y los mendigos, está a la orden del día, con los agentes represivos que los usan para recaudar dinero, y que con una enorme violencia los ponen a mendigar como esclavos propios. No esperen nada de una sociedad donde se maltrata tanto al humano como al animal, sin medida y sin escrúpulos.

Esa misma sociedad ha destruído una cultura milenaria sustituyéndola por el dictado de Mao y hoy en día es una jungla donde todos van contra todos en pos de lo único que les permiten adorar, el dinero y el pequeño poder sobre los demás. Los chinos que verdaderamente se oponen a ese sistema o sobreviven en la miseria, o son destruidos por el estado, ya sea física o moralmente, o se van al exilio. Terriblemente familiar todo.

Charlie Bravo
Blog de Zoé Valdés, 26 de junio de 2013.

Foto: La señora en esta imagen de la edición española de 20 Minutos se llama Ding Shiyang (no es la misma que Charlie conoció en Pekín). Se hizo famosa por dar cobijo en su casa a 250 gatos y perros, que le fueron llevando personas preocupadas por la ‘limpieza’ de animales callejeros anunciada por las autoridades chinas antes de los Juegos Olímpicos 2008. Más sobre ella en La abuela de los gatos.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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