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Chávez, el sustituto de los rusos?

El gobierno de los hermanos Castro se lo ha jugado todo a una sola carta. A la de Hugo Rafael Chávez Frías, el hombre fuerte de Venezuela, quien por minuto dispara un chorro inusitado de historietas y disparates. Chávez rompe todos los cánones de un estadista equilibrado, sobrio y coherente.

Lo mismo de memoria te suelta un pasaje bíblico, que te canta un joropo o declama su habitual poema a Maisanta, luchador venezolano contra el colonialismo español en el siglo 19. Por supuesto, se cree un estudioso profundo y serio del Libertador Simón Bolívar.

Y ha lanzado la peregrina teoría que Bolívar murió producto de un complot de los yanquis. Si fuese payaso, comediante o un simple ciudadano del estado de Barinas, pasaría inadvertido. Pero es el presidente de uno de los principales países productores de petróleo.

Tiene moneda dura suficiente para derrochar en sus extravagantes proyectos, y se considera el nuevo Bolívar del siglo 21. Está empeñado en un socialismo diferente y humano, pero aplica las mismas medidas coercitivas que sus predecesores que intentaron construir el comunismo.

Chávez es una amalgama ideológica confusa. Cree en Dios y en Marx. Es antiyanqui y desde que llegó al poder en 1999, sus discursos se ha radicalizado, no sólo hacia Estados Unidos, sino a todos los países del primer mundo.

Su meta es hacer una entente de naciones pobres, que comercien entre ellas, posean una moneda común y no tengan que contar para nada con el intercambio depredador de los países ricos. Sigue la habitual costumbre de los estadistas de “sociedades socialistas”, que tienen la rara manía de perpetuarse en el poder, y en reprimir a la oposición y los medios de prensa.

Chávez es el clásico chico malo en cualquier reunión, debate o simposio mundial donde hace acto de presencia. No tiene sentido de la moderación y el respeto. Tiene conectado el cerebro con la lengua. Cualquier idea, por disparatada que sea, la suelta sin siquiera procesarla en su mente. No tiene cloche. Solo acelerador y freno.

Sumemos que el comandante de rojo administra su gabinete como un cuartel militar y reparte prebendas y cargos entre sus amigos y familiares, como toda la lacra de anteriores presidentes venezolano que Chávez suele criticar con frecuencia.

Entró por la puerta de atrás al poder, gracias a una sociedad paralizada por la pobreza y la corrupción en flecha que existía en Venezuela. Cuando las democracias no funcionan, son caldo de cultivo de este tipo de personajes caudillistas y pendencieros.

Desde el Caribe, Fidel Castro tomaba nota. Luego que la URSS dijo hasta luego a la estrambótica ideología comunista, Cuba entró en la era de las cavernas. Apagones extensos, poca comida, una economía de guerra y un amplio sector de la población disgustada y sin futuro que tenían como meta cruzar el Estrecho de la Florida en una rústica balsa o casarse con una aburrida y solitaria cuarentona española.

Castro tuvo que hacer concesiones. Permitió el trabajo por cuenta propia y pequeños bolsones de economía mixta y de mercado, que no era suficiente para progresar, pero unido a los mil millones de dólares que envían los parientes de Miami, le dieron oxígeno y ganó un tiempo precioso para que su revolución no se la llevara el viento.

A los Castro les preocupaba bastante la independencia de un sector de la población. El dinero engendra poder, y cuestionar el status quo establecido. Por tanto, el peripatético Hugo Chávez, se les antojó un regalo de los dioses.

Tenía petróleo y dinero. Era un admirador confeso de Castro y un manojo de ideas incendiarias, que sabiamente usadas podían crear un campo minado para los gringos en América Latina.

Claro, los tiempos que corren son otros. Fidel Castro es un hábil estratega político, pero para instaurar un clon de la revolución cubana en Caracas, había que demoler las estructuras de la sociedad civil y la prensa libre. Y evidentemente, un segmento de morochos no iban aceptar de brazos cruzados que su país se fuera al garete.

Entonces, es lógico que Chávez las esté pasando canutas en este febrero del 2010. Cerrar una televisora por cable le ha traído manifestaciones callejeras y violencia. En once años del comandante tocado con boina roja, las cifras no nos muestran que haya disminuido la pobreza, la corrupción y la violencia. Todo lo contrario.

Lo que sí ha aumentado es la presencia cubana de médicos, entrenadores y asesores militares. Los Castro, preocupado con la situación de su aliado han enviado al siniestro ministro de comunicaciones, Ramiro Valdés, ex jefe de la policía política cubana, y antiguo ministro del interior, a ver in situ cuáles acciones hay que tomar para detener la oleada de descontento entre un sector amplio de venezolanos.

La prensa oficial cubana no ha publicado una línea sobre los últimos acontecimientos en Caracas, ni de los apagones de 4 horas diarias, y casi nada acerca de la presencia de Valdés. Según medios oficiales en el país sudamericano, Valdés va en plan de asesor en materia electroenergética. Píldora difícil de tragar. Ramiro Valdés, ferviente admirador de Félix Dzerzhinski, el primer jefe que tuvo la Cheka rusa, es un neófito en esa materia. Si algo conoce al dedillo es la manera más efectiva de reprimir.

La economía cubana en estado de sitio, no soportaría el mazazo terrible de perder los suministros de petróleo, si a Chávez lo apartaran del poder. Es probable que entre los consejos de Valdés, haya algunos mensajes de Fidel Castro, invitando a la mesura al inquieto y díscolo comandante bolivariano.

Los Castro se lo han jugado todo a la carta Hugo Chávez. Desde crear una sociedad comercial, el ALBA, o una moneda en común, el sucre, hasta depender del petróleo sudamericano que mantiene iluminada a Cuba. Por ello, de ninguna manera van a permitir que el irreflexivo Chávez se despeñe por el barranco. Lo van a intentar todo. La suerte de Venezuela, en alto grado es la suerte cubana. Y el gobierno cubano hará lo que haya que hacer para mantener al Papá Noel venezolano en el trono.

Se apostó por el caballo equivocado.  Y a esta altura, para los Castro no hay marcha atrás.

Iván García

Foto: Reuters. Hugo Chávez y Ramiro Valdés, ministro de las comunicaciones e informática, durante una reciente visita a Venezuela.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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