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Castro I se queda como soldado de las ideas y Castro II con todo el poder

Sin novedad en el frente. La ya esperada renuncia de Fidel Castro al frente del Partido Comunista es un hecho. Al líder histórico de la revolución cubana le queda el consuelo de redactar encendidas o apocalípticas reflexiones en su blog político en Cubadebate, religiosamente reproducidas en Granma.

Abran paso. Vestido con una chaqueta deportiva azul, el comandante acaba de entrar de lleno en el olimpo revolucionario. Ha sido un acto formal. Desde siempre, el guerrillero de la barba, tuvo marcada tendencia a hablar, escribir y augurar como si fuese un profeta.

Ahora pasa a retiro el hombre de las misiones imposibles. Como aquel asalto suicida a un cuartel militar en Santiago de Cuba, que culminó en una matanza despiadada por parte de las fuerzas del dictador Fulgencio Batista.

El premio gordo del abogado nacido el 13 de agosto de 1926 en Birán, provincia de Holguín, fue derrocar a Batista con un puñado de hombres y armas de fuego que incluso para cazar parecían inservibles. En el mejor momento del Ejército Rebelde, sus miembros no excedían los 3 mil hombres. Fidel Castro demostró dotes de líder en varias de las escaramuzas militares que se desarrollaron en 1957-58.

Y ganó la guerra irregular. Por varias razones, desde la incompetencia de Batista para enfrentar la insurgencia, los deseos de una mayoría de cubanos que deseaban una nación democrática regida por leyes, hasta la pérdida de apoyo al dictador por parte del gobierno de Estados Unidos.

Luego Castro, magistralmente, doró la píldora. Invirtió su alianza con el mundo occidental para arroparse en las doctrinas marxistas y, a cambio, recibir por tubería petróleo, armas y rublos procedentes de la desparecida URSS. Ha pasado medio siglo. Mucho tiempo. Casi todos los países comunistas, por efecto de dominó, dijeron adiós a la ‘dictadura del proletariado’ y apostaron por la economía de mercado.

Después que en 1989 el Muro de Berlín fuera barrido por la historia, Castro se las apañó para seguir gobernando, haciendo pequeñas concesiones económicas y obviando el debate político. Pero el 31 de julio de 2006 su cuerpo dijo basta.

Su sucesor estaba programado. Debía ser, y de hecho fue, su hermano Raúl. Un comunista convencido, sin mañas para las sutilezas políticas, pero eficiente administrador y capacidad indiscutible para lograr una eficaz sintonía con sus hombres de confianza.

No es lo que Cuba necesitaba, con una economía naufragando, miles de jóvenes deseando marcharse del país y una corrupción y un burocratismo feroz. El verdadero y más peligroso enemigo que tiene la revolución si no quiere caer en el barranco. A Castro II le ha tocado una etapa compleja. Crisis bestial en casi todo el planeta, un sector amplio de la población disgustada con el añejo gobierno y una oposición más atrevida. Todo eso lo ha pillado con las arcas vacías. Aunque lentos y   dilatados, había que hacer cambios. Hay demasiado en juego. Por eso intenta controlar las tímidas reformas.

Un tipo como Raúl no podía hacer menos que convocar al VI Congreso del Partido Comunista tras 14 años de pausa. Y es que él no tiene el ego inflado de su hermano Fidel y cree que la única manera de mantener la continuidad es darle cancha a las instituciones.

Y abrir un poco la mano. Con el trabajo particular y que los cubanos, si tienen plata, puedan hospedarse en un hotel, poseer un celular, comprar una vivienda o un coche y antes de  fin de año tener internet controlada en casa. Concesiones mínimas, pero acordes a los nuevos tiempos.

Raúl sabe que ya jamás se podrá gobernar de forma casi absoluta, como lo hizo su hermano en los primeros años de revolución. Entonces el General ha diseñado una estrategia de futuro. Buena, regular o mala de acuerdo como cada cual la  vea. Pero una estrategia al fin y al cabo -narcisista de libro de texto, Castro I ni siquiera pensaba en el futuro.

Castro II empezó a renovar el mobiliario en 2008, cuando tomó las riendas del poder. En un hogar con peligro de derrumbe usted puede cambiar los muebles de lugar, y hasta darle una lechada a las paredes, pero sigue viviendo bajo el mismo techo que amenaza caerle encima.

La interrogante que se hace la gente en la calle, es si una transformación económica seria y profunda es posible en un país gobernado por una casta de funcionarios acostumbrados a vivir por encima de sus posibilidades. Habituados a los buenos tragos y las comisiones generosas de dólares por debajo de la mesa de extranjeros interesados en hacer negocio en Cuba.

Está por ver si Castro II consigue el milagro de que los burócratas tomen conciencia y dejen de robar y nutrir el mercado negro. Siempre es saludable darle el beneficio de la duda. La otra gran batalla que tiene es contra el tiempo. A éste sí no se le puede comprar, convencer o detener. El almanaque es hoy el gran enemigo de la revolución.

La solución salomónica es acabar por decreto con el poder omnímodo. Pero la jugada es una trampa. Habrá elecciones en el futuro, pero para elegir a un candidato, comunista como todos, designado a dedo por una comisión del partido. Si eso es democracia, yo soy Napoleón. En su discurso de clausura Castro II no aporta nuevas pistas. Quizás lo interesante haya sido que el actual quinquenio será su último mandato.

Se eligió un Buro Político reducido, de 24 a 15 integrantes, con  tres nuevas caras: Mercedes López Acea, primera secretaria del partido en La Habana; Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Ministros y Adel Izquierdo Rodríguez, ministro de Economía y Planificación. Del Buró Político tumbaron a Abel Prieto, ministro de Cultura desde 1997 y autor de El vuelo del gato, novela tan extraña como las declaraciones que suele hacer.

Al Comité Central tienen que darle una mano de pintura oscura: de 115 miembros, sólo 36 son negros o mulatos (31%). Mujeres son 48 (41.7%).

Tenientes, coroneles y generales seguirán copando la sociedad. En su discurso de clausura, Castro II reafirmó que su presencia en la vida civil es necesaria e importante. Eso se veía venir: que las reformas se ejecutarán al compás de una banda militar. Además de administradores de verde olivo, entre las reglas de oro que emanan del libro rojo de Raúl Castro figuran el ahorro de recursos, la disciplina tributaria, el trabajo por cuenta propia, eficiencia agrícola y mantener al partido al margen de los asuntos empresariales.

La disidencia no sacó nada en limpio del VI Congreso. Seguirá  siendo ninguneada y acusada de mercenaria. Por ahora, el General no piensa dialogar con la oposición. Prefiere hacerlo con Estados Unidos. Las marchas y protestas callejeras serán respondidas con turbas, palos y linchamientos verbales. Hasta nuevo aviso.

Iván García

Nota aclaratoria.- En el post “Raúl Castro sale fortalecido del VI Congreso”, apresuradamente redactado con informaciones tomadas de despachos enviados desde La Habana, hay tres inexactitudes. La primera es un error mío: el Congreso sesionó del 16 al 19 de abril, se clausuró el martes 19 y no el 20, como escribí. La segunda, el nombre del nuevo miembro del Buró Político es Adel Izquierdo Rodríguez, y no Abdel. Y la tercera, que es un solo yerno de Raúl Castro (y no dos, como se dijo) el que fuera elegido miembro del Comité Central. Ese yerno se llama Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, y desde hace 26 años está casado con Deborah Castro Espín, la primera hija que tuvo Raúl Castro con Vilma Espín, histórica de la revolución fallecida en 2007. Según fuentes foráneas, López-Calleja administra el todopoderoso aparato económico y financiero del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Tania Quintero).

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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