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Canaleta, año siete

Les presento a Canaleta. No la famosa fuente de Barcelona, donde los fanáticos se congregan a celebrar las victorias de su equipo de fútbol. No. Es la cárcel cubana, situada en la provincia de Ciego de Ávila, a unos 450 kilómetros al este de La Habana.

Dentro de la Canaleta cubana, en una galera estrecha, sucia y de escasa ventilación, en literas de tres pisos se hacinan 20 presos comunes y un reo de conciencia: Pablo Pacheco Ávila, periodista independiente, sancionado a 20 años de privación de libertad, durante la oleada represiva de marzo de 2003. Su delito? Escribir sin la autorización del gobierno.

Una pluma sin mandato. Un electrón libre. Un hombre humilde del reparto 9 de Abril, Ciego de Ávila, licenciado en cultura física, que redactaba comentarios deportivos y notas de la vida cotidiana en su ciudad. Un cubano típico, del sorbo de café en la mañana y un “tabaquito” para rematar.

Pablo Pacheco purga la injusta sanción en esa galera, la número 43, de la prisión de Canaleta. El próximo 4 de abril cumple 40 años. Lejos de su esposa, la doctora Oleidys García, médico de profesión, y su hijo Jimmy, de 11 años, que entra en la adolescencia de golpe, sin los consejos de su padre.

En la galera 43, a las once de la mañana se almuerza un menú repugnante: arroz sin escoger, con un picadillo de pescado ligado con soja para animales. A las cuatro de la tarde, reparten la cena, la misma asquerosa oferta. Pablo come lo que su estómago y sus ojos le permiten. O si le quedan, de los alimentos que su esposa le lleva cuando lo visita, cada tres meses.

Pacheco prefiere concentrarse en escribir. Y aprovechar los minutos de teléfono que otorga el régimen penitenciario para leer sus crónicas, noticias y denuncias a colegas blogueros o periodistas alternativos, que le graban los textos redactados en su celda.

En agosto de 2009, a Pablo Pacheco le abrieron un blog, Voz tras las Rejas. Una gran crónica de las duras condiciones de las cárceles cubanas. En sus textos se recoge la vida de sus compañeros de infortunio. Los malos tratos de los carceleros. Y la corrupción galopante de los militares que están al frente del penal de Canaleta.

Allí, en su bitácora está todo. Nos cuenta que en cuatro años, 18 reos comunes se han suicidado, desesperados por el rigor extremo de la cárcel avileña. Y de cómo decenas de reos se automutilan y atentan contra sus vidas, al encontrarse en un callejón sin salida.

Pablo Pacheco ha hecho del periodismo un sacerdocio. Cuando amigos leen o escuchan sus relatos, en ocasiones no pueden evitar el llanto. No es para menos. El muchacho que dormía debajo de su litera, desequilibrado, producto de la esquizofrenia, se cercenó las orejas. Lo trasladaron a una celda de castigo. Pacheco piensa que muchos de los reclusos de Canaleta tienen trocados sus destinos. Debieran  ser pacientes de un hospital siquiátrico.

En la galera 43, a un grupo variopinto de reclusos les gusta hablar de béisbol, política y mujeres. Todos han delinquido, en algunos casos obligados por la necesidad. Otros sabían a lo que iban. Sus vecinos de celda son un traficante de personas, un par de asesinos y rateros menores que en noches cerradas, cuchillo en mano, destripaban reses para vender su carne.

En la prisión de Canaleta, en otras galeras, también sucias y asfixiantes, mal viven otros cuatro prisioneros de la primavera negra. Se trata de Antonio Díaz Sánchez, Félix Navarro Rodríguez, Pedro Argüelles Morán y Adolfo Fernández Saínz. Recientemente, ellos comenzaron a escribir o enviar sus audios también para Voz tras las Rejas, ahora un blog colectivo.

Más de un año en una de esas galeras estuvo el poeta y periodista Raúl Rivero Castañeda, quien gracias a la presión del mundo civilizado, hoy vive exiliado en España y escribe en el diario El Mundo.

Hace unos días, desde la galera 43, Pacheco me llamaba y me anunciaba que del 15 al 21 de marzo, los presos de conciencia de Canaleta se unirán a un ayuno en conmemoración del séptimo aniversario de la primavera negra y por la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Ellos, y los reos comunes, dan seguimiento a la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, ingresado en una sala de terapia intensiva en un hospital de Santa Clara.

Saben los reos de la cárcel de Canaleta que ante cualquier abuso y maltrato, hay 5 presos políticos que sin temor difundirán sus casos. Conocen los directivos de la prisión que existen cinco miradas atentas para denunciar la menor señal de corrupción de los guardias del penal.

Pablo Pacheco y el resto de los prisioneros en la causa del Grupo de los 75, no sólo abogan por su libertad sin condicionamiento, sino defienden que se respete la integridad de los reos comunes. Aunque desde la fría Europa a ningún relator de derechos humanos les permitan visitar las cárceles en la isla, los presos políticos hacen todo lo posible para que trasciendan los malos tratos y excesos en las penitenciarias cubanas.

Prisioneros como el fallecido Orlando Zapata, muchas veces dejaron de hablar con los suyos, para telefonear a un periodista independiente y reportar abusos, cometidos contra él u otros reclusos. Como hacen Pacheco y los otros presos políticos de Canaleta.

Si quiere tener más información sobre cómo se vive en una cárcel cubana, haga clic en Voz tras las Rejas.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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