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No se mata la verdad matando un periodista

Callados y ciegos

La censura aparece hoy con arrebol en Argentina o en Colombia. Mañana a cara descubierta en México y Venezuela. Los censores trabajan horas extras en América. Esta semana le ha tocado a El Nuevo Diario de Nicaragua. La Dirección General de Ingresos (DGI) y la Dirección Nacional de Aduanas (DGA), mediante trampas kafkianas de la burocracia, se niegan a autorizar la salida del papel que se necesita para imprimir el periódico.

El gerente general, Gabriel Chamorro, considera que la maniobra es una venganza política porque recientemente se han publicado denuncias de actos de corrupción en organismos gubernamentales. Una nota que reseña las vueltas del papeleo para obtener los materiales de trabajo dice que los aduaneros «incurren en una serie de delitos y proceden con la impunidad con que creían actuar los funcionarios somocistas».

La presencia de diferentes variantes para controlar la prensa por parte de grupos de poder, milicias y narcotraficantes, que atemorizan, amenazan, lanzan a la calle o matan a periodistas año tras año, es una maldición para el desarrollo de la democracia en la región, aunque en algunos puntos del planeta se perciba como un pasaje del folclore latinoamericano.

La lejanía y la seguridad de otros escenarios pueden hacer que se dispense esa forma superficial de recibir el conflicto ajeno. Lo grave es que una visión similar se asuma -por miedo, por presiones o indolencia- en el mismo lugar donde trabajan la violencia o la fuerza. En un sitio en el que se pueden escuchar los tiros, los portazos, las sirenas de los carros patrulleros y las ambulancias. Y se puede tocar el silencio de las máquinas paralizadas y ver pasar por las esquinas a las víctimas asustadas.

«A los medios locales los narcos les han cerrado la boca. A usted y a mí, a nosotros, los narcos nos han cerrado los ojos», escribió Viridiana Ríos. «México está callado y ciego y a nuestros gobernantes no parece importarle mucho. Nuestro sistema de justicia está roto y carece de dientes».

En El Nuevo Diario hay también un párrafo, entre amargo y decepcionante, en el que se asegura que las organizaciones gremiales del periodismo nacional no se han pronunciado sobre el gesto represivo de Daniel Ortega.

La indiferencia es mezquina y peligrosa.

Ningún comunicador está seguro bajo un Gobierno que tenga como paradigma el sistema de Cuba. Allá, amanecen hoy encarcelados, después de casi ocho años, los periodistas  Iván Hernández y Pedro Argüelles. Están presos porque escribían y quieren escribir sin censura en su país.

Raúl Rivero

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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