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Barça-Real Madrid: también de duelo en Cuba
Barça-Real Madrid: también de duelo en Cuba

Barça-Real Madrid: también de duelo en Cuba

Hay tres cosas que parecían sagradas en la espiritualidad de la Isla. La rumba, la santería y el béisbol, desde hace una década sustituido por la pasión al fútbol entre los cubanos, sobre todo la generación más joven.

Pero Fidel Castro es arrollador. Cuando la urna de cedro repose en el Cementerio de Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, a 956 kilómetro al este de La Habana, y concluyan las pompas fúnebres con una cobertura completa de los medios informativos, amanuenses perfectos del Partido Comunista, es cuando la gente podrá enterarse de lo que pasa en el mundo.

Durante nueve días -algo inédito en el país- los cubanos quedamos desconectados de sucesos y eventos deportivos allende los mares. Un verdadero apagón mediático.

El luto, los himnos y las consignas repicaban en el éter. También las plañideras y el panegírico exaltado. En esos nueve días, Cuba tuvo un tufillo cercano a Corea del Norte, su socio ideológico.

A estas alturas, tras casi 60 años de autocracia, la ciudadanía aplaude, simula fidelidad al régimen y firma cualquier propuesta del gobierno, por alucinada que parezca. Pero por debajo de la mesa siguen viviendo en ese reducto de la Cuba real ignorada por los medios estatales.

En esa Cuba, las personas hablan con palabras entrecortadas, se reinventan cada veinticuatro horas y clandestinamente puedes comprar desde cocaína hasta un yate.

En la Isla terrenal, no en la virtual ni en la delirante que nos venden las autoridades castristas, luego de echar unos lagrimones en la Vía Blanca al pasar la caravana con los restos de Fidel Castro, Oneida, al llegar a la cuartería desvencijada y sucia donde reside en la barriada de Luyanó, fue a ver al listero que recoge el dinero de la ilegal lotería conocida como la bolita y apostó 200 pesos, alrededor de diez dólares, al número 64, muerte grande, según la charada.

Los funerales del ‘muerto grande’ recordaron aquella etapa no tan lejana de la Cuba soviética, repleta de prohibiciones y una prensa cantinflesca. Parecía una nación atrasada del Medio Oriente.

Ahora, del 26 de noviembre al 4 de diciembre, por decreto estatal, cero alcohol. Cero filmes, seriales ni noticias. El luto verde olivo impidió que los cubanos supiéramos de Stefan Curry o LeBron James, se paralizó la insípida serie nacional de béisbol y los fanáticos se perdieron el partido del año, entre el Real Madrid de CR7 y el Barcelona de la pulga Messi.

Periodistas españoles que cubrieron el funeral averiguaban en qué sitio podrían ver el juego. “Espero que en un hotel de Santiago de Cuba se pueda ver el partido”, comentaba un reportero de un diario catalán.

En hoteles y bares de La Habana, donde habitualmente los fans se reúnen con sus calurosas bufandas azulgranas o merengues y vestidos con camisetas de Leo Messi, Neymar, Luis Suárez, Cristiano Ronaldo o Sergio Ramos, estaban cerrados, cumpliendo el ucase oficial de máximo duelo extremo por el fallecimiento de Castro I a los 90 años.

Pero en Cuba siempre existe un plan B. Los que tienen radios potentes de onda corta intentaban escuchar la señal de Radio Exterior de España. Otros, pagaron una hora de conexión a internet, 50 pesos, el equivalente a dos jornadas y media de trabajo, para seguir online el crucial juego por las páginas online de E País o El Mundo.

Al acabar el partido, empate a uno, Julián, quien se había conectado en el Parque Córdoba, situado en la frontera entre el Reparto Sevillano y La Víbora, le espetaba a unos seguidores del Barça que cabizbajos se marchaban: “33 juegos sin perder, ahora estamos a ocho puntos, adiós la liga para ustedes”. Un amigo le pedía que hablara en voz baja: “Asere, pita bajito que con toda esta volá de cara de coco, los policías están pesaos y pico”.

Con la desaparición de Fidel Castro, el último guerrillero del Tercer Mundo, se ha desplegado en Cuba una parafernalia ideológica aterradora y un relato denso, asfixiante, que ha traído de vuelta el miedo animal entre muchos cubanos.

Los que a diario empinan el codo lo hacen a escondidas, para que los chivatos y seguidores intransigentes del régimen no piensen que están celebrando la muerte del ‘gran líder mundial’.

Se apagó la música y las fiestas de quince, bodas y cumpleaños quedan postergadas hasta nuevo aviso. También recesaron los bailables y los festejos religiosos, como el de la noche del 3 de diciembre, vísperas de Santa Bárbara, Changó en la religión yoruba, una de las deidades más veneradas por los cubanos.

“Fidel Castro era el dueño de la finca y los caballitos. Hay que estar tranquilos hasta que sus cenizas las depositen en Santiago de Cuba”, dice un vendedor de maní que una vez fue preso político.

Los disidentes también están quietos en base. Las Damas de Blanco no salieron a la calle a protestar los dos últimos domingos en señal de respeto y para no provocar a los represores.

En su camino al paraíso o al infierno, según usted lo perciba, Fidel Castro da un golpe de autoridad sobre la mesa para demostrar que aún siendo polvo, genera un respeto absoluto en la población.

Mientras, en las afueras de La Habana, dentro de un caserón a punto de caerse, pero con una conexión ilegal a la antena satelital, el dueño se pasó todo el partido mandando a callar a la docena de jóvenes que para ver el derbi cada uno pagó 2 cuc, un poco más de dos dólares.

“Caballeros, no griten tanto, nos van a meter presos”, les decía a los muchachos. Pero la algarabía apenas la pudo controlar cuando Sergio Ramos, en el último minuto empató el partido. Resultado: uno a uno.
Y es que cuando de Fidel Castro se trata, hasta un partido de fútbol puede ser una ofensa.

Iván García
Hispanost, 3 de diciembre de 2016.

Foto: Benzemá, Messi y Cristiano Ronaldo, antes de iniciar el clásico Real Madrid-Barça, en el estadio de este último, el Camp Nou de Barcelona, el sábado 3 de diciembre de 2016.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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