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Así detuvieron a Carlos Hernando en La Habana

Según Winston Churchill, la diferencia entre una democracia y una sociedad absolutista es simple. Para el estadista británico, si a las 7 de la mañana en un país democrático tocaban a la puerta de un ciudadano, era el lechero. En las sociedades gobernadas por autócratas, cuando se siente sonar el timbre a esa hora échese a temblar: la policía política va por ti.

Pregúntenle al periodista español Carlos Hernando, 35 años, si alguna vez había sentido un miedo animal como en la mañana del 7 de abril, cuando fuerzas de la Seguridad del Estado irrumpieron en manada en el cuarto de la casa donde paraba, en la barriada habanera del Vedado.

“Sólo había dormido tres horas cuando unos señores descompuestos me despiertan. Entré en pánico. Imagínate, cuatro tipos con cara de pocos amigos con unas manos deformadas por la práctica de ejercicios marciales, con voz amenazadora conminándome a que me vistiera de prisa y recogiera mis pertenencias. Nunca en mi vida había sentido tanto miedo”, cuenta horas antes de tomar el avión de regreso a Madrid, su ciudad natal.

Carlos Hernando ha reportado en duras condiciones desde el desierto del Sahara y entre cohetes que vuelan por encima de la cabeza en Haifa, pero ese día, en 5 minutos, entendió cómo un gobierno ha podido mantener amaestrado a sus ciudadanos durante 52 años.

Lo trasladaron en un coche de fabricación china a una dependencia oficial en el Vedado. Tuvo que soportar interrogatorios de 5 horas, donde la estrategia a seguir fue la del policía bueno y el policía malo. Uno, grueso y con pinta de villano solamente despegaba sus labios para, con un dedo desafiante, recordarle que Alan Gross, el contratista estadounidense estaba tras las rejas por 15 años. El otro, trigueño y moderado, se las daba de cordial.

Los de la Seguridad lo sabían todo. Ya desde meses antes le habían enviado a Carlos varios mensajes de miedo. El principal, que se percatara que estaba en la mira de los servicios especiales de Castro. Los recados para provocar paranoia entre extranjeros que en Cuba hacen periodismo sin permiso son diversos. Igual te pinchan los neumáticos del auto, que averiguan donde te hospedas y a la luz del día tiran fotos.

Ya Carlos sentía sobre su nuca el aliento de la policía política. Cierta noche, al entrar a la casa donde estaba alquilado, desde un coche negro le encendieron los focos y se los orientaron fijamente en su cara. Por teléfono recibía llamadas raras.

Los agentes de la inteligencia en la isla se personaron en el local donde el periodista español había alquilado una moto para trasladarse por la ciudad. Existían indicios claros que la labor de Hernando estaba disgustando a la Seguridad.

Y se decidieron a jugar duro. Carlos había visitado Cuba seis veces y reportado un abanico de noticias, desde una violación sexual a un joven recluso en una cárcel de Cienfuegos, entrevistas a blogueros y disidentes, hasta un cortometraje de 16 minutos al opositor Guillermo Fariñas en Santa Clara. Pero nunca  se había acreditado como reportero.

Era perder el tiempo. Desde el mismo momento que usted solicita credenciales en el Centro de Prensa Internacional, una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores, tu labor será monitoreada por la Seguridad del Estado. Y en caso de publicar alguna historia o nota informativa que las autoridades consideren inaceptable, te echan del país.

La gota que colmó la copa de paciencia a los hombres de verde olivo quizás haya sido una entrevista de Hernando al recién liberado médico disidente Oscar Elías Biscet.

Durante las 5 horas en la dependencia  policial, bajo una metralla de preguntas, descalificaciones groseras contra sus amigos cubanos y la desfachatez de sus interrogadores que consideran que Cuba es la nación líder en materia de derechos humanos, nunca hubo un procedimiento jurídico ni se le presentó un documento oficial que atestiguara los motivos por los cuales lo deportaban a España. Se le dijo que “si escribía bien sobre Cuba, podremos considerar en el futuro la autorización a entrar al país”.

Así no más. Recoge tus cosas y en 48 horas te largas. Actuaron de la manera que mejor saben: pisoteando olímpicamente las propias leyes cubanas. Un punto preocupante. Los agentes del Departamento de Seguridad del Estado actúan como si fuesen  los dueños de la nación.

Hace unos minutos, hablé con Hernando por teléfono y me contaba de la primavera en Madrid. Poco a poco volvía a su rutina. La del desayuno con tortilla de patatas y un café cargado. Ir al Bernabeu a ver jugar y ganar al Real Madrid.

A nadie le gusta que lo boten de un país. Y menos tan groseramente. En la isla de sus ilusiones quedaron truncados proyectos profesionales. Y en La Habana dejó a un grupo de amigos en estado de sitio perenne.

Sí, Carlos, siempre algo se perdió en Cuba.

Iván García

Foto de Carlos Hernando tomada de su Facebook.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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