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Acuarela de un otoño habanero

Ahora mismo, muchos habaneros rezan para que un huracán de última hora no atraviese la ciudad. La temporada ciclónica, del 1 de junio al 30 de noviembre, en 2010 ha sido benigna con La Habana. Gracias a Dios.

La capital de todos los cubanos tiene una infraestructura de lágrimas. Del cuarto mundo. Los antiguos edificios en la parte vieja de la urbe se  derrumban con aguaceros de mediana intensidad.

Casi se sostienen por milagro de la física. La falta de mantenimiento constructivo durante décadas, ha provocado que La Habana sufra más de lo debido cualquier fenómeno natural.

Avenidas y calles se desbordan por un chubasco pertinaz. Los tragantes del alcantarillado tupidos, o que no funcionan, se colapsan a los pocos minutos. El tendido eléctrico, aéreo, se descompone con ráfagas de vientos que superen los 60 kilómetros por hora.

‘Paula’, la última tormenta tropical, insignificante en cuanto a fuerza, provocó  apagones de 48 horas en varios sitios de la ciudad. El litoral habanero urge de reformas a la carrera. Los vientos del norte o un mal tiempo, provocan inundaciones severas que afectan a residentes de un sector del Vedado y Centro Habana.

Para un habanero, lo peor que puede pasar en esta época es un huracán tardío. Por lo demás, es la mejor del año. No suele haber un calor agobiante. Las noches son frescas y las mañanas brillantes y pletóricas, con un sol soportable.

Cierto que los mendigos, que crecen en flecha, siguen copando y molestando a los transeúntes en las principales calles, parques y plazas de la ciudad. Y el transporte público va de mal en peor.

En otoño hay una vida cultural y deportiva más activa. Aunque los teatros son pocos y la mayoría están deteriorados y sin climatización. Al igual que los cines. De las 300 salas cinematográficas que había en La Habana de los 80, en 2010 funcionan alrededor de 40.
Desvencijados, casi todos, con las butacas rotas, las acomodadoras sin linternas y los baños sucios a más no poder. Así  y todo, los cines de la ciudad se preparan a recibir un aluvión de público, cuando a inicios de diciembre se descorran las cortinas de una nueva edición del Festival de Cine Latinoamericano.

También en otoño rompe la temporada de béisbol. A no dudar, el espectáculo más grande que tiene el país. Será la número 50. Y el gobierno y la correspondiente federación deportiva pretenden que sea la de mayor calidad en medio siglo.

Lo dudo. Con una pléyade de jóvenes talentos que tomaron el camino de las Grandes Ligas y el Latinoamericano, antiguo Estadio del Cerro, en estado crítico, no auguro una campaña de altos quilates.

La pelota, como los cubanos llaman al béisbol, y el cine siguen siendo distracciones al alcance de todos. La entrada al cine y a los estadios cuesta diez centavos de dólar. Afuera, por cinco pesos (0.25 centavos de dólar) compras un paquete de palomitas de maíz… y a entretenerse se ha dicho!
Lo peor de los espectáculos donde acuden muchas personas, es el momento de tomar un ómnibus para volver a casa. Al día siguiente, cuando pasa la emoción del juego o del filme, vuelve la rutina: la falta de moneda dura y el quebradero de cabeza para comer caliente dos veces al día o la merienda para los hijos llevar a la escuela. Los cubanos ya estamos acostumbrado a esa realidad.

A pesar de los temores por un ciclón imprevisto, el deterioro evidente de la ciudad, la legión de mendigos y de un gobierno que hace 50 años a los cuatro vientos gritó que esta era “una revolución de los humildes y para los humildes”, recomiendo visitar La Habana en otoño. Es lo mejor que hay.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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